El pensamiento ecológico que salvará a la Humanidad

Cuando los latinoamericanos salimos a las calles de América Latina, podemos contemplar toda la destrucción ambiental causada por un caótico modo de vida, que no se cansa de endiosar a la gran infraestructura comercial de nuestros países hispanos, donde el capitalismo salvaje y el consumismo insaciable, siguen destruyendo los recursos naturales de la Pachamama.

Aunque los gobernantes se roben mis palabras, yo seguiré afirmando que el capitalismo es el cáncer de la Madre Tierra, y aunque la envidia es un sentimiento más universal que el Universo, pues cada día los latinoamericanos vamos cometiendo más delitos ambientales, que se roban el pan salado del pobre asalariado, y que se roban el pan dulce del rico panadero.

La ignorancia de una madre, siempre engendrará la ignorancia en la mente de sus hijos, y cuando el pueblo hispano pisotea a una bella flor del campo silvestre, para que la señal inalámbrica del teléfono inteligente sea más potente, más libre y más fuerte, pues estamos perjudicando el equilibrio ecológico de nuestras comunidades, y se establece un terrible entorno social lleno de impunidad, donde todo lo verde se viola, se rompe, se marchita.

No somos capaces de ver la santa luz del sol, porque vivimos presos en las tinieblas de un mundo capitalista, que siempre sabe usar la maldita energía solar para cargar la batería del móvil descargado, pero que nunca sabe usar la bendita energía solar, para prender una estufa y hornearle un pan dulce al pobre asalariado, que trabaja 24 horas fabricando todo lo que no puede comprar, todo lo que no puede comer, todo lo que no puede vomitar.

Somos egoístas, somos indiferentes, somos Seres Humanos.

Una plaga que sobreabunda en la Tierra, que se reproduce como ratas enamoradas de las ratas, y que tiene dinero de sobra para sobrepoblar la vida.

El dinero siempre ha sido la gran piedra de tropiezo de la Humanidad, porque por nuestra adicción al dinero podemos prenderle fuego al Mundo entero, y cuando caigan del cielo los ángeles con sus alas rotas, las enrojecidas cenizas y los racistas cadáveres, pues ya todos estaremos gozando de la buena vida en la roca de Marte, sin arrepentimiento, sin pecado, sin recuerdos de una vil Tierra, que siempre fue la gran piedra de tropiezo de la Humanidad.

Mis hermanos, el Hombre destruye el patrimonio natural que garantiza su propia supervivencia humana, por culpa de su legendaria y terrible adicción al dinero, que siempre le pone precio a su cuerpo, a su espíritu, a su destino.

El tiempo no pasa en vano en la Vía Láctea, y estamos seguros que las pandemias y los genocidios que se roban la fe del pueblo hispano, simbolizan el castigo divino que recibimos por la extrema crisis ambiental de una Tierra, donde no podemos respirar tanta deforestación, tanta traición, tanta apatía.

No somos capaces de abrir los ojos del Conservacionismo, porque no deseamos conservar los ecosistemas del Medio Ambiente, y porque seguimos durmiendo, soñando, y ambicionando comprar el nuevo teléfono inteligente, el mejor, el más caro, el más sofisticado, el más envidiable, el que todos quieren comprar, pero tan solo uno puede pagar, robar y asesinar a sangre fría.

Las cosas materiales no pueden superar ni en valor ni en calidad a las cosas naturales, porque si me roban el teléfono inteligente perderé a todos mis contactos en WhatsApp, pero si me roban la flor más bonita del campo silvestre, yo seguiré conservando la semilla que me hará conservar la esperanza, la fe y la vida en abundancia, que tanto necesitamos para recuperar el contacto con la belleza natural, que no tiene precio de venta en la bolsa de valores, que no se marchita con tantos chismes, que dignifica.

No hay duda que el pensamiento ecocida destruyó a la raza humana, y los latinoamericanos que realmente vivimos despiertos en el polucionado siglo XXI, que realmente sentimos dolor por la contaminación mental del sangriento presente, y que no confiamos en el tonto conocimiento de los libros mundanos escritos por gente mundana, pues debemos recurrir a la única y confiable fuente de sabiduría que proviene de lo alto, que proviene de la patria eterna, que proviene del corazón de Dios.

Hermanos y hermanas, el cielo cambiará de estación y la tierra también pasará de moda, pero la santísima Palabra de Dios fue escrita para que perdure por siempre, siendo la Santa Biblia, el gran libro donde nosotros los pecadores podemos encontrar, el pensamiento ecológico que salvará a los terrícolas del planeta Tierra, y que con retumbante sonido de trompeta, salvará a todo lo benigno y quemará a todo lo indigno.

Vamos a compartir la cita bíblica de Lucas 27:22 en la que Jesús afirmó:

"Considerad los lirios, cómo crecen, no labran, ni hilan, pero os digo, que ni Salomón con toda su gloria, se vistió como uno de ellos".

Nuestro amado Jesús, nos asegura que el valor de una simple flor, es colosalmente mayor que el valor de la riqueza material de un rey, porque Cristo sabía que la divina flora creada por Jehová, es parte de un incomparable tesoro ecológico lleno de recursos naturales, que realmente deben cubrir a los Seres Humanos, quienes por el pecado del egoísmo, de la vanagloria y del orgullo, han estado viviendo desnudos en sus frívolas vidas.

Cuando Jesús se refiere al vestido, no solo abarca a la tela confeccionada y vendida para cubrir el cuerpo, sino que también, el vestido se refiere a cualquier cosa material creada por el Hombre, para enseñorearse y para demostrar su poderío en la Tierra, mediante el uso de joyas, atuendos ostentosos, carruajes, zapatos, maquillajes, equipos tecnológicos y afines.

El Rey Salomón tenía tanto oro en sus arcas, que la abundancia de oro nubló su mente y nubló su corazón, por lo que el rey perdió la sabiduría que Dios le había otorgado, y Salomón terminó pecando y adorando a ídolos mundanos.

La flor del lirio no creció por el uso de esteroides en un gimnasio, el lirio no creció porque Monsanto usó la ciencia transgénica en su cuerpo, el lirio no creció porque se ganó el premio gordo de la lotería, el lirio no creció porque mandó a asesinar a los demás lirios que competían en el verdoso campo.

No mis hermanos, la flor del lirio creció porque confió en la voluntad de Dios, y por haber confiado en el Señor, la belleza del lirio es mayor que el oro del rey.

El lirio no se afanó, no se estresó, no se preocupó, el lirio solo confió en Dios.

Jesús nos invita a vivir como el lirio, y aunque parezca imposible llevar un estilo de vida tan natural, todos podemos alcanzar el ideal de Dios, cuando conllevamos un modo de vida sostenible y sustentable que proteja la belleza de los lirios, por ejemplo, reciclando los desechos sólidos que consumimos a diario, ahorrando el consumo de la energía eléctrica, evitando malgastar el agua potable de nuestro hogar, y rechazando comer la carne de animales que sufrieron y murieron en el matadero, por culpa del vil canibalismo global.

El lirio simboliza la dignidad humana, el oro simboliza el egoísmo humano.

Un lirio vale más que la multimillonaria nueva nave fabricada por la NASA, un lirio vale más que una PlayStation 5, un lirio vale más que el motor de nuestro bonito automóvil, un lirio vale más que el reloj de oro fabricado por Rolex, un lirio vale más que un Samsung Galaxy, que un iPhone, que un Xperia.

Querido hermano lector, dígame cuántas bellas flores usted vio ayer en la calle, dígame cuántas hermosas flores usted ha visto hoy desde el autobús, y dígame cuántas lindas flores usted piensa que verá mañana en la oficina.

Muchísimas flores pasaron y modelaron frente a nuestros ojos, pero nosotros fuimos incapaces de observar tan siquiera una diminuta flor, porque nuestra mirada estaba totalmente ocupada en la pantalla del teléfono inteligente, porque mientras las flores nos pedían a gritos un poquito de atención, un poquito de amor, un poquito de comprensión, pues nosotros estábamos actualizando el perfil en Facebook, estábamos sincronizando nuestra cuenta de Gmail, estábamos compartiendo tragos de cervezas en Instagram, y estábamos olvidando la belleza natural que se fue, y tal vez jamás regrese.

Por culpa de nuestra indiferencia ambiental, y por culpa de nuestra adicción comercial, vamos comprando toda la basura que no necesitamos para vivir en sociedad, y vamos pisoteando las flores que necesitamos para aprender a vivir con civismo, porque cuando ayer quemaron una hectárea de bosque nativo en la ciudad hispana donde vivimos, no hubo Ser Humano con algo de humanidad ni en sus pantalones ni en sus faldas, para defender el color de una extinta flor que se fue, y tal vez jamás regrese.

¿Acaso un ciudadano es capaz de negar el impacto negativo del Cambio Climático, del Efecto Invernadero y del Calentamiento Global?

Nadie puede negar el desastre ambiental del siglo XXI, pero aunque todos lo sabemos, lo escribimos, lo repetimos y lo compartimos, nunca jamás cambiaremos de mentalidad en beneficio del planeta Tierra, porque hasta que no veamos a un oso polar quemándose en el patio de nuestra casa, nunca jamás creeremos que las cosas andan mal y se pondrán muchísimo peor.

Siempre cambiamos las flores por televisores, por computadoras, por videoconsolas, por teléfonos, por estufas, por un balón de fútbol, por basura.

Esa fortuna que gastaste para comprar el costosísimo perfume de la perfumería, que usas todos los días, que unge a tu cuerpo de egolatría, que te distingue del resto de esclavos capitalistas, no se compara con el olor a gloria de una flor parida por obra y gracia de la Madre Tierra, porque el prefabricado olor consumista del Hombre, huele a pudrición, a mentira, a desgracia.

Las flores mis hermanos y hermanas, sencillamente las flores.

Flores que pueden combatir la guerra, flores que pueden evangelizar al prójimo, flores que pueden hacer girar el sol sin girasoles.

Flores que están allá afuera, flores que están aquí adentro, flores que jamás vemos ni adentro ni afuera.

Flores que oran a Dios para no ser pisoteadas por el Hombre, flores que terminan siendo pisoteadas y quemadas por la santa violencia del Hombre.

Cada día las flores nacen, renacen, retoñan, florecen, plasman una luz de esperanza para quien detenga por un momento su violencia, y se atreva a disfrutar el olor, el color, la forma, el fondo y la magia de una flor cristiana.

Si sentimos la sensibilidad ecológica de Jesús, para comprender la vida con el pensamiento vivificante y dignificante, empleado por Cristo para aleccionar socialmente a sus discípulos, pues nosotros como hijos de Dios, también podemos aprender una lección que trasciende el tema ambientalmente mundano, y que se convierte en una filosofía hecha para ganar la vida eterna, para que Dios nos vista con celestiales vestiduras blancas, para que nos engalane con coronas de victorias, para que nos permita vivir en paz y con humildad.

Todos necesitamos vivir en un ecosistema ecológicamente saludable, donde abunden las flores germinadas por la buena voluntad del Hombre, y donde no sobreabunden las ensangrentadas manos que talan las flores de nuestras comunidades, para construir el nuevo rascacielos que casi rasgará el cielo, y que le costará una fortuna al Hombre que lo edifique en la Tierra, pero que por la justicia de Dios, esa monstruosa cosa material será un pedazo de aire cortado desde la raíz del mal.

La solución no es tomarle una fotografía a una flor con la cámara del teléfono inteligente, y compartirla en las redes sociales con un emoticón lleno de hipocresía, esa no es la solución, ese es el gran problema de nuestras vidas.

La solución no es arrancar un lirio, prenderle una velita y rezarle al santo lirio.

Yo a veces he visto flores tan esplendorosas en las calles, que me he sentido tentado a cortarlas para decorar a la sala de mi casa, pero al final, no corto las flores aunque sean muy bonitas, porque estaría siendo cómplice del mismo pensamiento ecocida, que destruye los recursos naturales de mi país.

La solución no es sembrar miles de lirios capitalistas, para venderlos como la planta milagrosa de Dios, que cura cualquier cáncer con tarjetas de créditos.

Pero hermano Carlos, con tantos lirios en el valle de los lirios, qué importa si compro unas tijeras y corto tan solo un lirio del valle, no voy a extinguir a la madre por tan solo robarle a un hijo, y quién sabe si hasta hago del lirio un negocio familiar, una pensión, una fuente de ingreso sin pérdida de capital.

Esa forma de pensar tan egoísta, tan ignorante y tan simplista, es el irracional pensamiento humano que se multiplica a diario en la Tierra, y por desgracia, es la principal causa por la que especies autóctonas de flora y fauna, cada año siguen desapareciendo de las geografías de nuestros territorios hispanos.

La solución es admirar la belleza de la flor, y por amor a la génesis de Dios que nos inspira en la vida, debemos prender la estufa y hornear un pedazote de pan dulce, para saciar el hambre y la sed de los pobres asalariados.

Porque hay flores que crecen por todas partes, pero también hay millones de pobres que deambulan por todas partes, pobres que necesitan la solidaridad de quien puede ayudar al prójimo, sin esperar un ramo de rosas por su ayuda, sin esperar un aplauso de la gente, sin esperar una lluvia de chocolate.

Los niños copian e imitan el comportamiento de sus padres, por lo que si un padre esclavizado vende el lirio del campo para comprar el oro del rey, entonces el niño cuando se convierta en un esclavizado hombre adulto, también venderá el lirio del campo para comprar más oro del rey, sin saber que aunque el oro resista al fuego, no se resiste al plomo de una pistola.

Cuando hoy sientas envidia porque no tienes dinero para comprar el mejor teléfono del mercado, porque no tienes dinero para comprar las llaves del nuevo Chevrolet, y porque no tienes dinero para comprar la chaqueta de cuero del vecino, no olvides que el lirio vale más que todo el oro del Mundo.

El Mundo no necesita ecología, el Mundo necesita Ecología Social.

Gracias a todos por leer mi artículo.

Fuente Ekologia.com.ve



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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