Julio Borges, un arlequín, dueño de nada

Julio Borges viajó mucho, quizás con dólares baratos o de alguna fundación estatal, negada a la mayoría de los venezolanos “por balurdos e incapaces de logar tanto aprendizaje”.

Así después de graduarse en la Universidad Católica Andrés Bello, como corresponde a un líder de Primero Justicia, se fue a Estados Unidos, donde obtuvo la maestría en “Filosofía Política y Social” en Boston College, en 1994, mientras Chávez estaba encerrado en Yare por haberse atrevido a soñar.

Pero su trashumancia, en busca del “conocimiento profundo y liberador”, continuó. Mientras Chávez permanecía en la cárcel y millones de jóvenes, sobre todos los pobres, estaban impedidos de ingresar a Universidad alguna, Borges se presentó en Inglaterra para estudiar en la elitesca Oxford, de donde egresó en 1996 como “Master en Políticas y Estudios de América Latina”. Chávez había salido de la prisión donde estudió con puros venezolanos y sin costo alguno para el erario público y ya andaba en los avatares de construir lo que sería una exitosa propuesta electoral para los venezolanos ansiosos de cambio y justicia. Aquellos miles de jóvenes excluidos del sistema de educación superior seguían siéndolo, según la sociología que Borges aprendió allende de los mares, por brutos.

Pero este Borges, después de haber estudiado tanto o quemarse las pestañas que ahora amenazan con cubrirle la pronunciada frente, parece no haber aprendido mucho de filosofía, menos de política y hasta sociología. Esos reales como si se perdieron.

Y uno piensa esto, de la mejor buena fe, por muchas cosas. La primera emana del siguiente texto autoría del personaje:

“Yo sé – dice Borges con la convicción de quien se le está comiendo – que un empleo no se trata solamente de dinero, el empleo es la posibilidad que tiene cada hombre y cada mujer para soñar, el empleo es la mejor posibilidad de escoger y construir cada quien su futuro y el de su familia”. Y remata su sentencia sabihonda, liberadora, anti alienante y exquisitamente cursi con, “Sólo con empleo se puede soñar despierto y con los pies en la tierra”.

¡Qué maravilla! ¿Es imposible concebir tanta profundidad en un humano? Para eso hay que ir a Boston College y Oxford. Los balurdos y egresados de Yare, La Rotunda, Cuartel San Carlos, TO4 o UCV, ULA, UDO, LUZ, universidad de la vida, están a años luz de quienes de aquella manera razonan.

Y pensar en las angustias e infelicidades de Willi Loman y Gregorio Samsa, personajes de “La muerte de un viajante” de Arthur Miller y “La metamorfosis” de Frank Kafka, quienes no sólo tenían empleo sino trabajaban sin descanso.

La felicidad - que cosa tan simple y uno por bruto no la percibe - está en conseguir un empleo; es decir volverse empleado de alguien y si te explotan nada importa, porque al final soñarás despierto y “con los pies en la tierra”. ¡Suéñate feliz, que tus hijos, mujer y todos los tuyos también lo son! Eso si, hunde los pies en la tierra como en el cuadro de Goya, “Pelea a Garrote”, para que no te caigas al despertar.

Mientras tú, empleadito, así sueñas, los Zuloaga y sus socios se empalagan de plata; y los hijos de estos, sus gerentes, se empapelan el pecho de diplomas de la Sorbona y las prestigiosas universidades del mundo.

Pero no se queda aquí la sabiduría de Borges. Hay mucho más.

Mientras criticaba a Chávez por expropiar a Éxito, decisión que hasta sus principales socios no recibieron al parecer con enfado, tanto que los galos han propuesto al gobierno nuevas asociaciones, dijo que el presidente quiere “ser dueño de todo, mientras el pueblo no es dueño de nada”. El perspicaz pensamiento sociológico de Borges, éste de Caracas no el argentino, le llevó a descubrir que el pueblo poco o nada tiene, cuando se tomó la medida contra una cadena que remarcaba precios. Por algo ha viajado tanto en busca de la fuente del saber.

Es elemental, amigo Borges que, el pueblo en este sistema nunca ha tenido supermercados ni cadenas de ellos, no ha sido ni será de ellos dueños, porque usted mismo apenas le ofrece, si es que hay, un piche empleo.

Pero uno no entiende por qué, un egresado de la UCAB, Boston Collage y Oxford, para criticar al gobierno, tiene que acudir a una canción de José Luis Rodríguez, titulada “Dueño de nada”.

Sólo soy un arlequín, “dueño de qué, dueño de nada”, dice la canción del Puma y Borges la repite.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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