Baltazar Porras y Pompeyo mintiendo al alimón

¿Quién iba a creer, allá por los años sesenta, que Pompeyo y un alto prelado de la iglesia, del sector ultramontano y alineado con la política de los halcones y el pentágono, algún día harían un discurso al alimón, para amparar a unos golpistas de derecha?

La palabra sacerdotal debe ser respetuosa y recta para que sea, si no santa, por lo menos respetable. Y eso es bastante.

Según, las enseñanzas que uno recibió en la familia, cuidadosa que hiciese la primera comunión y luego se confesase y comulgase habitualmente, era malo mentir y pecaminoso “levantar falsos testimonios”. Y nunca estuvimos en seminario alguno, aunque todos los días, siendo niños, pasábamos varias veces al día por la puerta de uno de ellos que estaba en el centro de Cumaná y estudiamos en colegio de curas. Por esa educación sencilla, pero coherente, entre otras cosas, aprendimos a no mentir, sesgar, no envidiar a los demás, ni aspirar lo que no nos merecemos.

En el seminario, la formación religiosa es más rigurosa. De modo que quienes llegan a curas y más tarde a Obispos, si no transitaron por los caminos verdes, cosa que debe ser muy poco frecuente en el catolicismo venezolano, por lo menos así quiere pensarlo uno, por razones de buena fe y respeto a la iglesia a la cual pertenecemos, deben estar curados contra espantos, predisposición a mentir, blasfemar y al hábito de sesgar las cosas con oscuros fines.

Es más, no tenemos dudas en admitir y declarar que la mayoría de los sacerdotes que hemos conocido y tratado, desde que fuimos monaguillos, han sido y fueron seres humanos dignos y hasta hermosos. Unos cuantos casi rozaron la condición de santos en el más alto sentido de la palabra.

Uno puede entender a un cura, humano al fin, que un momento dado, por aquello que se llama debilidad de la carne, viole el voto de castidad. Pero no a un sacerdote a quien unas monjitas demanden por haberle violado sus derechos y mentiroso persistente, falaz consuetudinario. Eso es verdaderamente grave y nada digno de respeto. Y si se trata de alguien que se ha colado hasta el sitial de Obispo, estaríamos hablando de indignidades.

Médico que en el ejercicio de su profesión, en lugar de apegarse a la ciencia, actúa contra el diagnostico, miente a su paciente y, hasta así mismo, éste se le muere. Quien olvide o quiera ignorar la fuerza de gravedad vive rompiendo las vainas. El científico social que desconoce la contundencia de los hechos, pierde credibilidad; cura que deforma los acontecimientos, sin importarle la opinión del prójimo, abandona las almas que debe pastorear. Y esto último podría desencadenar un drama y hasta crisis en las iglesias.

Pero a Baltazar Porras, esas sutilezas le traen sin cuidado. Su verdadero apostolado es mentir y hasta comportarse como un propalador de noticias sin fundamento, apoyándose en lo de “dicen, comentan, se supone, supuestamente, hay versiones”. No creo eso sea un comportamiento cristiano, ni dignamente sacerdotal, sobre todo si se usa para condenar a alguien. Sin tomar en cuenta que los clérigos no están para condenar sino salvar almas.

Como era de esperarse, Baltazar Porras, quien además de Obispo de Mérida, es vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, hizo su reaparición para solidarizarse con los golpistas de Honduras. Por supuesto, eso no llama la atención. Lo que si lo hace y hasta enardece, es que lo haga diciendo cosas como “las denuncias de corrupción, de narcotráfico han hecho que las propias instituciones y el propio partido le dieran la espalda a Zelaya”.

Los golpistas expusieron sus argumentos para justificarse, todo el mundo les conoce y por eso se sabe que, sólo Baltazar Porras, un Obispo y figura principal de la alta jerarquía católica venezolana, ha levantado tan crueles y asqueantes infundios. Sobre todo el relativo al narcotráfico.

En su estilo sibilino, en la misma onda de poner a correr chismes y murmuraciones, según la prensa, “comentó versiones que en la casa presidencial de Honduras se encontró dinero supuestamente (subrayar) procedente de Venezuela para comprar votos en la consulta”. La magnitud de la infamia se explica por sí sola. No obstante, resaltemos lo de “supuestamente”.

Pero queremos llamar la atención sobre lo de “comprar votos”. Es una manera subliminal de justificar el golpe; por la supuesta ingerencia de Chávez y el usar la palabra voto, cuando sólo se intentaba hacer una encuesta. Esto es justamente, el clavo caliente del cual, al final, se guindaron los gorilas.

Precisamente en este punto entra Pompeyo. Este lastimoso personaje en artículo publicado en “Últimas Noticias”, del 02 de julio, entre comillas, para decir que son palabras de Chávez, dirigidas a Zelaya, expresó: “Te ayudo a organizar la consulta, ahí va todo el material y expertos”.

Lo que de paso revela, ¿cómo podría uno imaginarse esto?, que Pompeyo ha retrocedido tanto que, es opuesto que a un pueblo se llame a formar constituyente y opinar sobre su destino. Lo que es lo mismo dicho al comenzar, ver a Pompeyo en coyunda, hasta en cuestiones de estilo, con el sector más oscurantista, retrógrado de la iglesia y la política gringa.

Pareciera que hubiesen hecho un discurso al alimón, pero no como aquel bello y solidario que una vez, pronunciaron Pablo Neruda y Federico García Lorca.

Bien vale decir ahora y por ese lamentable caso, “Dios les cría y ellos se juntan”.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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