Antonio Ledezma y Pino Iturrieta: alma en pena y pena ajena

El patético Antonio Ledezma emana, vaporoso espectro, del pantano de políticos insepultos de Venezuela. Llora su insignificancia y mendiga sin éxito la atención mediante el uso y el abuso del ridículo. Esta vez se trata de acusar al Presidente Chávez de consumir cocaína porque ingiere coca, un despliegue de mala fe que finge una ignorancia imposible aún en un adeco.

Señor Ledezma no se haga eso. Deje la primera línea a los muchachos y no se exponga al escarnio intelectual. De usted se ríen moros y cristianos al verlo blandir su flácida espada de mentira. Señor Ledezma vuelva a casa, sea amable abuelo de sus nietos. Descanse en paz, que usted no fue bueno entre los malos ni malo entre los buenos, apenas entonces uno más y hoy uno menos. Nadie le está cobrando sus faltas de otro tiempo.

PENA AJENA

Deje la payasada a los payasos que nunca combatieron; a los “hombres honrados” de la Academia que todavía tienen, en el disfraz, algo que perder. A un Pino Iturrieta quien llama a las épicas guerrillas colombianas “fuerzas integradas por fabricantes de coca (sic), mercaderes de diversos narcóticos y por matones a sueldo” (El Universal 19/01/08).

Si, tú, Pino Iturrieta, mientes como respiras, ensucias el nombre de los héroes al escribirlo con tu pluma, vomitas la hiel de tus infamias sobre las tumbas de hombres y mujeres, de muchachos y muchachas caídos en combate. Si, caídos en combate digo, por si alguna vez fuiste tan hombre y tan honesto como para entender lo que esta expresión encierra. Lo que esta expresión entierra en la tierra sagrada que ensucian tus zapatos de escritor de pacotilla, vendedor de mostacilla y académico morcilla. Narcótico tú, Pino Iturrieta, y además viejo pajúo. Y matones a sueldo aquellos uniformados a cuya sombra medraste para construir tu nicho de papel y falsificarte el alma, pasa arrugada de papel moneda.

MALAGRADECIDOS

Ledezma y Pino Iturrieta, finalmente ¡cuan ingratos son cada uno a su manera! Sepan que a Chávez tal vez deben la vida, que de no ser por él y su magnífico y pacífico proceso, que ni a ustedes excluye, quizás se topaban con lo merecido. Porque, dice el humor negro, lo único bueno de las guerras civiles es que se fusila a la gente por lo que hace y lo que escribe… El que esto escribe está dispuesto a morir y descansar junto a los camaradas caídos en combate. Pero ustedes ¿a qué están dispuestos?


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Eduardo Rothe


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