Una nueva deidad

La ceguera política ha creado un nuevo Dios: Nixon Moreno. La beligerancia en la Venezuela del presente ha alcanzado niveles tan elevados, que los grupos en pugna cometen los más increíbles exabruptos. Los primeros afectados fueron los sectores de oposición, quienes desde finales de 2000 quedaron impedidos de conocer la realidad política, situación en que se han mantenido hasta ahora. En el lado gubernamental también existen los ciegos, aunque son de aparición más reciente y menos numerosos. Mientras más se odia menos se ve, pues el rencor enturbia el entendimiento de la gente. Quizás por eso es en la oposición donde encontramos esta enfermedad completamente extendida. El pueblo no odia con esa vehemencia, a pesar de toda su historia de miseria y opresión. Por esta razón es menos prono a sufrir esta enfermedad que la oposición.

La consecuencia de no apreciar la realidad se manifiesta en todas las acciones desarrolladas por los afectados. Al no valorar adecuadamente lo que sucede, se pierde la capacidad de responder políticamente de manera objetiva, lo que lleva a una incapacidad para modificar, siquiera levemente, la realidad. Se pasa a ser víctima de las fuerzas que se pretendía controlar. Se actúa como marioneta política, movida por fuerzas originariamente bajo control, pero más tarde desatadas como huracán independiente. Una de estas situaciones explica la graduación especial acordada por el Consejo Universitario de la ULA al ciudadano Nixon Moreno, quien se encuentra refugiado en la Nunciatura Apostólica, protegido de una medida de detención tribunalicia por delitos comunes.

No existen precedentes de actuación del CU de la ULA. Entiendo que existen dos casos de estudiantes de la ULA, quienes estaban a la espera del acto de grado y fueron detenidos por los cuerpos de seguridad del Estado, acusados de conspiración en la cuarta república, sin que el Rector ni el CU hubiesen planteado otorgar el título en el sitio de reclusión y, mucho menos, con acto de grado y todo. Uno de esos estudiantes era magna o summa cum laude, mientras el otro era Presidente de la Federación de Centros y delegado estudiantil ante el CU. No eran delincuentes comunes como Nixon Moreno, sino acusados políticos. En el primero de los casos era rector nada menos que Pedro Rincón Gutiérrez…

Utilizar la figura de Nixon como perseguido político, cuando sus acciones de siempre han sido disparar, quemar, agredir y secuestrar, delitos comunes todos, es una demostración de lo bajo que ha caído la oposición en su odio al presidente Chávez. Toda Mérida sabe que las andanzas de Nixon no empezaron con este gobierno. Desde mucho antes sus huestes sembraban terror y destrucción en la ULA y en las calles merideñas.

lft3003@yahoo.com


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Luis Fuenmayor Toro


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