La jauría se desató de nuevo

Oyeron el tañir de unos platos destartalados. Desesperados corrieron hacia la alambrada jaula que los separa de la libertad. Por un momento creyeron que, por la obediencia demostrada, serían compensados con un plato de "caldo de peceto". El dueño de la jauría había enviado un perrero para que se reuniera con uno de sus canes, el más bravo de todos ellos, un rottweiler negro azabache; con el pecho, sus patas y su hocico de un marrón encendido; de nombre laburador.

El perrero enviado en misión había llegado a su destino, oloroso a Sauvage Eau de Parfum de Dior, su interlocutor, a pesar de su porte y fama de ser rabioso y poseedor de unas potentes mandíbulas, con la mayor docilidad oyó las instrucciones dadas. Así se hará fue su única respuesta.

Hubo fiesta. Nuestro amo se acordó de nosotros, dijeron algunos, los más dóciles. No les dieron "caldo de peceto"; pero, los arreglaron con unas "pepitas" más de perrarina.

El pitbull que no fue invitado al encuentro, sintió celos. En silencio se dijo: ese rottweiler es más grande que yo, pero no más agresivo. Ya llegará mi oportunidad, murmuró en medio de su tristeza. Los demás miembros del grupo, de raza "cacri", echados dejaron oír un leve ladrido, su presencia era insignificante.

El perrero enviado por el dueño de la jauría dio media vuelta y se marchó. Los canes se congregaron, se creyeron que estaban en el Coliseo Romano; por un momento se les olvido que habitaban una jaula encerrada por alambre y que su protección para guarecerse era un techo de media agua de latas de zinc. Se quedaron esperando a los barbaros de Costantino Kavafis.

Qué casualidad, me dije. Pero, así actúan los gobiernos supremacistas de Estados Unidos en su relacionamiento con los demás países del mundo. Conducta que no es casual, mucho menos transitoria, sino que debe ser inscrita en los marcos de su "política de seguridad nacional".

Los gobiernos de Estados Unidos, al actuar de esa manera, lo hacen porque no reconocen que el modelo neoliberal fracaso. Menosprecian a quienes no son sus "aliados". Y, al hacerlo se equivocan, no entienden que los pueblos del mundo han iniciado un proceso profundo de transformación, de pensarse a sí mismos y para sí mismos.

Venezuela es un actor de primera línea en esta transformación. De manera clara hemos dicho a los pueblos del mundo que el nuestro es un gobierno radicalmente contrario a los postulados neoliberales. Que la voz y la presencia de Venezuela serán distintas, se nos escuchara y nos haremos escuchar. Que somos contrarios a la existencia de una sola voz en el universo.

Pretenden hacer creer que son poseedores de cualidades, sentimientos, virtudes y opinión que no tienen. Aún recuerdo que en junio de 2018, anunciaron su retiro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Retiro que pretendieron justificar aduciendo que en el Consejo de Derechos Humanos se hacían críticas injustas contra el gobierno sionista de Israel. Ya que: "El enfoque desproporcionado y la hostilidad interminable contra Israel son una prueba de que el Consejo está motivado por sesgos políticos, no por los derechos humanos".

Cuánta hipocresía, cuánto cinismo. La verdad era otra. Estados Unidos fue derrotado en su pretensión de expulsar a la República Bolivariana de Venezuela, de su condición de miembro del Consejo.

Por eso no somos sus canes. Nunca formaremos parte de su jauría. Que le muevan la cola otros, los venezolanos tenemos dignidad. Con todo y jauría los volveremos a derrotar.



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Nelson Pineda Prada

*Profesor Titular de la Universidad de Los Andes. Historiador. Dr. en Estudios del Desarrollo. Ex-Embajador en Paraguay, la OEA y Costa Rica.

 npinedaprada@gmail.com

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