La presencia de Juan Guaidó crea violencia, crisis de autoridad y crisis del Estado

La crisis de autoridad que Juan Guaidó crea apunta a una erosión de los fundamentos del Estado, primero en la desobediencia a la persona en la que recae la autoridad y símbolos, para pasar a cuestionar después sus instituciones y las leyes que lo soportan. La crisis de autoridad puede ser superada con la modificación de prácticas de algunas de las personas en las cuales recae la función pública y que no cumplen con esta. Una crisis del Estado de derecho implica cambiar el conjunto de su arquitectura institucional y constitucional. Crisis de autoridad y crisis del Estado de derecho son grados diferentes de un mismo fenómeno; en una basta con restituir los fundamentos de la legitimidad; en la otra es necesaria una reforma profunda de las bases institucionales y constitucionales, pero en ambas la violencia que simboliza Juan Guaidó es pretender erosionar la Paz y la convivencia ciudadana del país.

La violencia se justifica solo cuando se ejerce como forma de defensa, como razón última. La violencia como venganza política, entendida como forma única de emparejar las cosas, como medio para restablecer la convivencia, "únicamente debe oponerse la fuerza a la fuerza injusta e ilegal" (Locke, 1982). A decir de T. Hobbes el Estado de naturaleza es violencia cruda, simple, sin adjetivos; mientras que para J. Locke, en la sociedad civil la violencia es justa o injusta, dependiendo de las razones, por lo cual es posible que la sociedad se rebele contra los gobernantes, o bien se defienda ante cualquier acto en contra de su libertad, su propiedad, su dignidad o su vida. La falta de un poder común, de un juez imparcial o una ley reconocida por la mayoría son causas de la violencia, así como la inobservancia de la ley por parte de un miembro de la sociedad o por una autoridad que con sus actos agravia a la sociedad.

Se puede preguntar si en Venezuela existe ley reconocida y juez imparcial, si la autoridad cumple las funciones para las cuales fue investida, si la sociedad reconoce tal autoridad o bien, si la violencia es expresión de su crisis. Si atendemos al planteamiento de Max Weber, es necesario distinguir entre tipo de autoridad a partir del mandato específico (legal-racional, tradicional o extracotidiano), pero es la creencia en el contenido del mandato lo que explica la existencia de la legitimidad de la autoridad. El Estado de derecho tiene como fundamento la ley y las instituciones necesarias para hacerla cumplir.

La violencia llevada a cabo por Juan Guaidó o por grupos de partidarios tiene como referente la crisis de las instituciones y las leyes, no solo de la legitimidad de acto-proclamase presidente; en las formas mencionadas se disputa incluso el monopolio de la violencia legítima,que el estado no le han negado en su fundamento del Estado. Al respecto se pueden consultar las obras de Max Weber Economía y sociedad y El político y el científico, en las cuales aborda el fenómeno del poder, la violencia y la legitimidad. La falta de un poder común o bien la ausencia de autoridad son la causa de la violencia; la ausencia de derecho, legalidad o justicia, porque donde no hay poder común aparente, la ley no existe, y donde no hay ley, no hay justicia.este señor se burle del país y de todo sus ciudadanos .

No podemos dejar de pensar en la violencia sin remitirnos a la autoridad, la ley y la justicia. Es de reconocer que hoy día existen grupos insurrecto terrorista que se tomado la sociedad, que han generado prácticas que no están reconocidas por la ley, pero tampoco están prohibidas, o bien están prohibidas pero no son castigadas. A estas últimas pertenecen las ejecuciones y los linchamientos que se puede producir en cualquier momento si un ciudadano o grupo se tomara la ley para ejercerla a su modo de violencia, esto seria y puede servir para dramatizar sus película y ficción para reivindicarse y llamar la atención pública nacional e internacional de condenarnos e invadirnos militarmente ante el linchamiento y muerte de Guaidó, que ya de hecho es un cadáver Político.



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Antonio J. Rodríguez L.


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