Comentarios de un idiota

Nícmer Evans no saltó la talanquera, prefirió pasar entre los alambres

Andrés Velásquez e Ismael García, por sólo escoger dos emblemáticos, aunque la lista es larga, saltaron la talanquera. Para ello, como si fuesen la joven Peinado, se apoderaron de una cimbreante pértiga, se lanzaron al galope en dirección a la pared o mejor muro que separaba el espacio donde habían nacido, fijaron un punto en la tierra a la distancia antes determinada y fueron a caer de platanazo al otro lado. Por lo menos dieron muestras que además de lo otro, les gusta hacer la política aunque al fin y al cabo busquen lo mismo. Si no lo hallaron en abundancia donde estuvieron buscando, decidieron irse como espantados; así de repente. Del lado donde estaban quedó mucha gente sorprendida y también sorprendieron a unos cuantos del espacio donde cayeron. Aunque uno nunca entienda como hay tanto inocente en el mundo.

Demostraron destreza y capacidad para cambiar con rapidez, como aquellos artistas que en escena en instantes, con apenas unos pequeños cambios y retoques, reaparecen haciendo un nuevo personaje. Además fueron coherentes con lo que han llevado por dentro desde que Dios les trajo a la vida. Desde el primer día llegaron al sitio en busca de algo, buscaron, hicieron el esfuerzo, convencidos que no era allí donde estaba lo buscado no había tanta oportunidad como querían y además la competencia era reñida, se fueron con su música a otra parte. No creo a nadie inteligente ofendido o dolido por aquellos saltos de los personajes citados. Ellos tampoco saben, todavía no lo saben, si allá encontrarán lo que buscan, quién sabe, sólo que decidieron que donde estaban no.

Además, ellos saben muy bien que llegaron en el momento preciso; cuando podían hacer algún daño a la causa que antes acompañaron, pero no por el daño mismo, sino por lo que eso agradaría a la gente entre la que cayeron del cielo. Sabían que serían recibidos como ídolos, "disidentes" sin motivo digno, pero disidentes al fin, como para mal poner al contrario. Eso les daba el valor que les faltaba. Ninguno de ellos, Ismael y Andrés, jamás se han ufanado de ideólogos, pensadores, eso hay que reconocérselos. No hacen esfuerzo alguno y menos asumen poses que haga pensar en eso. Son sólo ellos, Andrés e Ismael, dos discurseadores de puros gritos y palabras del lenguaje cotidiano y del barrio y las tabernas. Ese usual para insultar a quienes se les ponga por delante, sin empeños de demostrar nada y tampoco convencer. Es cierto, en la oposición como en el gobierno, en la Asamblea Nacional desde 1998 para acá, la demanda de diputados especialistas en ese tipo de discurso, que espera que el contrario hable para triturarle el apellido, la ascendencia y sacarle los trapos sin misericordia alguna, ha crecido desmesuradamente. En eso no hay machismo ni feminismo que valga, quienes en eso se especializan no se andan con remilgos de caballeros ni damas. Y Andrés e Ismael, como Ramos Allup y otras cuantas especies, están en los puestos más altos. Los dos son, ni más ni menos, lo mismo que Manuel Rosales. Tanto que tampoco saben que fue eso del "Siglo de las luces", Renacimiento, Enciclopedismo y si todo aquello fue antes o después de Cristo. En política dicen ellos, y bien que lo saben, eso no sirve para nada, sólo basta estar en un grupo que apriete, conspirar contra otro, poner zancadillas, dar saltos como quien intenta salvar la vida al evadir un puñetazo inesperado y hacer discursos corrosivos a los leñazos con toda la rudeza que en ellos se ha acuñado.

Nícmer se presentó desde el principio como un tipo distinto. En lugar de gritos y palabras soeces, su discurso estaba lleno, rebosante de ideas. Su figura misma está lejos de parecerse al león o aves de rapiñas. Percibió, según dijo, que quienes heredaron a Chávez venían desviando el camino y que otra era la manera de cumplir el legado de aquél. Intentó primero liderar a una izquierda que está allí, formada por gente de distintas generaciones, para llegar al mando y "dar el golpe de timón". Por lo menos eso fue lo que al principio entendimos y nos hizo sentir simpatía por él. Se unió a la gente de "Marea Socialista" y con ella se fue del Psuv a formar una nueva alternativa de izquierda. Es un viejo atavismo que conduce a evadirse de los espacios donde hay bastante gente. Una manera como romántica y purista, tanto como dispuesta a estar constantemente empezando, de hacer política, igual que el mismo partido comunista, donde el fin es la soledad y llegar a viejo rumiando en los rincones pero orgullosos de haber alcanzado la pureza. ¡Créanme lo que digo porque de eso sé bastante! Aunque tenga que rogar perdón por la arrogancia.

Se fueron a hacer la revolución solos. A volver desde el principio, como un retorno a la niñez. No le dieron valor a la multitud que casi galvanizó Chávez y está allí soñando con un cambio y una revolución. Prefirieron la soledad y el lamentarse y señalar a los culpables como si eso fuese lo pertinente. Dejaron se les señalase como enemigos de esa multitud y contrarios de lo que ella quiere.

Nícmer, no saltó de platanazo, como antes dije, al estilo de los arriba citados. No. El optó por un estilo que creyó más sutil y diplomático. Nos es de esos de cambiar de atuendo con demasiado apuro, contingencias inauditas, pero tampoco como para que la vida se le fuese. Prefirió anidar secretamente como las culebras, cambiar de piel y hasta de color con paciencia y como atendiendo el ritmo y orden del proceso digestivo. Esperó sin gritos ni gestos de mal gusto. Y comenzó un lento, sutil proceso de cambio. Tanto que de un día para otro cambiaba el color de su pelo, de sus ojos y hasta sus pestañas. Y empezó a transformarse en lugar de transformar el ritmo y rumbo del movimiento que antes defendió. Tanto que uno mismo empezó por no conocerle y olvidarle.

Sus cambios empezaron a ser paulatinos pero evidentes. Luego apuró su ritmo y cambió de dirección, como si se hubiese percatado que ya había roto las amarras, unas que nunca existieron y se fue. No saltó la cerca al estilo clásico de los saltadores de talanquera; no usó pértiga o garrocha, simplemente, en una madrugada, cuando ya había cesado el proceso inicial de mutación, alcanzado la medida exigida, que cumplió como quien se somete a dieta, aló hacia arriba un alambre de la cerca, otro empujo hacia abajo y entre ellos se filtró al campo contrario. En ese, los pensadores que de acá se fueron, están como santos solos en inmensos espacios, o para decirlo mejor al estilo de Andrés Eloy, como capilla sin santo; parece al revés pero lo mismo. Nícmer, te podría dar una lista larga de gente que como tú se fue para allá, creyendo que no hay otra opción sino estar con Maduro o con los de la otrora MUD, que ahora parecen náufragos. Allá tampoco hay espacio, momento ni motivo para pensar, todo eso es importado. Mejor están Andrés e Ismael, ellos no piensan, no formulan planes ni doctrinas, sino gritan y ofenden. Mientras esperan que llueva. ¡No te veo bien en eso!



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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