Espiral de infamias

"Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido"

EDUARDO GALEANO

"¡Que molleja, camarita!" me dijo Anacleto mientras encendía un cigarrillo, "la opinión tendenciosa se ha convertido en el pan nuestro de cada día y la información en una espiral de infamias. Son contados los que ejercen con profesionalidad el arte de narrar los acontecimientos que observan, guardando el equilibrio necesario, y muchos los que desde un escritorio en una redacción maquillan la realidad, bien sea porque así lo exige el dueño o el jefe, en un ejercicio de supervivencia en su trabajo; o lo hace o lo echan a la calle como un perro. Lo cierto es que, corriendo el peligro de volverme cansón y repetitivo, Kapucinski tenía razón al decir que ‘desde que los dueños de los medios se dieron cuenta que la información tenía precio, la verdad dejó de importarles’ y se convirtieron en unos mercachifles de noticias con un ejército de palangristas bajo su mando". Terminó de beberse el café que le habían servido y continuó: "El pasado nos enseñó que la influencia de los dueños de los medios, sobre los gobiernos de turno, era algo que ellos veían como ‘normal’ y que utilizaban para imponer sus ideas y privilegios, so pena de silenciarte en sus páginas. Llegaron a la osadía de creerse ‘el quinto poder’ y de estar por encima de todos los demás. Hasta que llegó Chávez y mandó a parar. Por eso lo atacaron tan inmisericordemente, con tanta vehemencia, con la intención de desprestigiarlo para tratar de quitarle el apoyo del pueblo que se había ganado". Se estiró en su silla y remató: "Cuando alguien ofendía a Chávez y él les respondía, creaban la matriz de que se peleaba y se metía con todo el mundo y que era vulgar y ofensivo; jamás dijeron que era objeto de ataques de terceros sino que él era el culpable; jamás dijeron que esa actitud la asumieron porque les quitó los privilegios con los que se hacían cada vez más ricos. Hoy en día su actitud no difiere en nada en el trato a Nicolás, su gobierno y la revolución. Nada de lo que dice Maduro es verdad y todo lo que dicen las santas y mansas palomas de la oposición si lo es."

Nadie puede negar que en el país aún existan algunos periodistas honestos aferrados al trabajo de llevar la verdad a sus lectores. Son y seguirán siendo una minoría, vista como una especie en extinción. Pero tampoco se puede negar que la mayor parte del resto se ha convertido en una cofradía, al estilo de un partido político, que lo único que le interesa es vender su producto sin importar como maquilla la verdad, ni quién es su blanco. Su objetivo principal es complacer al cliente, lo demás, como la ética y el honor, es monte y culebras.

Cuando presenciamos los eventos, y/o los vemos por televisión o en videos, y luego leemos la crónica en muchos medios impresos o escuchamos la narrativa en esos medios audiovisuales, sentimos una inmensa pena ajena de ver como personas, que debieran ser los "comunicadores sociales" de manera veraz y oportuna de estos, los manipulan y/o tergiversan, amplificándolos y validándolos a su conveniencia para dar la sensación de que "esa es la verdad", para favorecer a una parcialidad económica y/o política. Tratan de convertir una mentira en verdad para el logro de sus fines.

En esta época, con el avance de Internet, los medios digitales y las redes sociales, es menester indagar en varias fuentes, cuando no se es testigo presencial, para tener una aproximación a la verdad, sobre todo si estamos claros en que a los dueños de los medios lo único que les interesa, básicamente, es vender propaganda, su opinión y mantener "su influencia" sobre la colectividad, aplicando un principio goebbeliano de que "una mentira repetida mil veces se toma por verdad", aunque siga siendo mentira, sin importar el daño que cause.

Claro, cada quién dice tener "su verdad", aunque la verdad es una sola. Y si tomamos como ejemplo lo que está ocurriendo en Venezuela podemos decir que mientras una parcialidad habla de "protestas pacíficas" y represión, la otra habla de "dispersión de actos de violencia". Pero la realidad es una sola: la oposición llama a protestas "y que pacíficas", que siempre terminan en actos terroristas, con violencia, incendios, muerte, desolación y saqueos, y sus tarifados, para validarlas, las convierten en "respuestas a la represión gubernamental" y sus encapuchados son "libertadores". ¿Qué tal?

A esto le debemos agregar como amplifican las situaciones: donde hay cien, dicen que diez mil, y el tres por ciento del país, vale decir el municipio Chacao, es toda la patria. Además tenemos que agregar como tergiversan la verdad, sacando frases de contexto para, infamemente, ponerlas en boca de su adversario como amenazas al colectivo nacional y en contra del sistema democrático.

Lo más triste de todo es el pobre papel que ha jugado el Ministerio Público en todas estas andanzas, en especial la titular del despacho Luisa Ortega, con competencia para la imputación penal de los responsables, tanto intelectuales como materiales de todo este desastre. Ella, que debe velar por la seguridad del pueblo y de los bienes del Estado, dejó de lado su responsabilidad para actuar como activista política más, a favor de los desadaptados, lo que nos hace pensar que Galeano tenía razón al decir que "vivimos en un mundo donde el funeral importa mas que el muerto".

Según los voceros opositores, la gloriosa Guardia Nacional Bolivariana es una banda de asesinos que agrede a las "santas y mansas palomas de la oposición" en sus actividades pacíficas. Pero cuando Rondón, disgustado, los rodea y los señala de lo que son, corren a buscar el auxilio de quienes tanto han vilipendiado. De otro modo, el guardia nacional y el policía, herido o muerto durante la violencia, bien sea con armas de fuego, morteros, armas caseras, o incendiados con bombas molotov, es un trofeo ganado en la batalla. ¡Vaya caraduras!

En la calle, la gente se pregunta: ¿Cuándo van a meter presos a Julio Andrés, Freddy, María Violencia, la Diva Viajera, Miguel, David, Ramón, y otros tantos más, que siguen haciendo llamados a "tumbar" al gobierno democráticamente electo con sus votos, de manera flagrante? Esa seguirá siendo la pregunta de las cien mil lochas. Pero mientras obtenemos la repuesta, nuestro llamado seguirá siendo a la justicia, a la paz, al amor y la conciliación, Nuestro pueblo seguirá siendo bravío pero pacífico, hasta que la gota rebase el vaso. Mientras tanto, ante esta espiral de infamias, seguimos atentos, alertas y cada día más reconociendo quienes son nuestros verdugos.



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Luis Semprún Jurado

Profesional, productor audiovisual, co-productor y co-moderador del programa radial El Ojo de la Ciudad en Maracaibo, estado Zulia

 luissemp2003@gmail.com      @luissemp

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