Semblante de la Srta Cloruro Desodio Machado refleja que ella nunca deja su bilis en casa

Yo me la paso cantando pero afortunadamente no para los demás; sin embargo, cuando escarbo para saber que noticias hay y topo con el público notorio paradigmático y comunicacional malhumorado semblante de la Señorita Cloruro Desodio Machado, me freno del susto, y eso que no la vea en persona, contimás si la viere de carne y hueso, ahí sí que pegaría una carrera y me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá, aunque sólo faltare un minuto pa´las doce.

Muchas canciones son contentivas de anhelos sociales y motivan emociones que desembocan en fortalezas inadvertidas que animan la moral del combate diario por la vida; si canto al trabajar me siento agradable, y cuando no trabajo sino que ando ocioso y sin oficio, me pongo a dictar pendejadas -lo de dictar es porque yo no sé leer pero me escriben-; ahora no trabajo ni canto, dicto, en consecuencia soy dictador pero no como Maduro, a quien la Srta Cloruro pretende tumbar y esa pudiera ser la causa de su notorio malhumor.

Cuando una persona está malhumorada es porque carga su bilis encima y eso le hace fruncir el ceño, si tal semblante se manifiesta en toda hora y espacio es obvio inferir que esa persona nunca deja su bilis en casa, y ese es el paradigma de las escuálidas, pero sin duda que la más prominente representante de esa tipología es la referida señorita quien por lo demás parece también estar salada porque no pega una contimás dos.

Sin embargo, a favor de la paz uno se arma de valor y es capaz de confraternizar hasta con lo peor del bando enemigo; es que un clavo saca otro clavo.

Yo le daría en tal caso un paseo en bote a la encopetada malhumorada y, de paso, haría una excepción, le cantaría una saloma para espantarle a su vez los miedos que de seguro también ella tiene adentro pero injustificadamente [valga que algunos miedos se justifican pero otros no]; miedos que le bloquean el coco; yo creo que tan paradigmática escuálida tiene todo desperdigado en su cabeza por falta de disciplina, es decir, que le patina el coco; pero de seguro que la mar la cura y ella exclamaría, ¡oh!



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Guillermo Guzmán


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