J.J. Rondón: “Matemos a la MUD ¿Se escora y zozobra?

“Quien ha sido marinero cuando ve la mar suspira”. Así, de esa bella manera cantó Alí Primera. Nunca fui marinero, pero si pescador de orilla. Creo que soy un hijo que la mar botó a tierra. Pero para mejor decirlo, nací casi a la orilla del mar, de ese me nutrí de todas las formas posibles, pues llegué a la edad juvenil allí mismo. En veces siento pegado a mi cuero el olor nocturnal de las algas. Por eso, también los términos marinos forman mi léxico y digo esto por lo del título. El barco que se escora es aquel que se tira de un lado, va dando cabezazos y por ello puede hundirse si sus tripulantes no emparejan la carga o corrigen la causa de aquello. Zozobrar es el resultado del contraste de los vientos, que soplan con violencia y se arremolinan como si intentasen batir la mar y ponen en peligro que el barco a pique vaya. Es posible que comience a“hacer aguas” o inundarse, que en algún punto el agua se deposita, por lo que se hace necesario achicar y toponear la entrada, mientras llega el momento apropiado para carenarlo. Cuando empieza zozobrar, la marinería debe hacer las maniobras adecuadas para ponerle a tono con la dirección de los vientos e intentar llevarle a puerto seguro. Pero las altas olas que vuelan por encima del barco dejan caer agua y hay también que achicar para que no se hunda. La línea de flotación debe mantenerse en su punto, aunque aquel vaya de un lado para otro y hasta gire y bambolee.

La MUD, ahora por decir algo como convencional, pues parece una falla de origen, comienza a navegar con serias dificultades. Pareciera “hacer aguas”, bajar la línea de flotación por el peso excesivo y hasta zozobrar porque los vientos que hacia ella o sus velas soplan lo hacen desde todos los puntos cardinales al mismo tiempo. No hay capitán propiamente dicho que dicte las órdenes o haga se ejecuten las que el alto mando define, sino que cada quien abordo hace lo que bien le pida el cuerpo o le ordenen sus agallas abiertas y entonces los vientos estremecen, jamaquean al barco, como mueven y agitan las olas inmensas y contrarias en las que este se halla atrapado. Su supuesto capitán dice una cosa, pero otros por su cuenta, tan importantes como él, dicen otras y entonces entre la marinería nadie sabe a qué atenerse.

Para el primero de septiembre, casi ayer mismo, se llamó a “una marcha sin retorno” que se llegaría a Miraflores. Es decir, allí atracaría la nave contra viento y marea y se mantendría dándole julepe hasta que el huésped principal el palacio abandonase. De la misma manera que la antecesora de la MUD, por boca de Carlos Ortega y otros llamó en abril del 2002 para tumbar a Chávez y lo lograron. Sólo que por pocas horas. Es historia conocida.

Era la orden impuesta, transmitida a través de todos los medios posibles; quienes hacían el llamado impunemente, pese a que según los opositores en este país hay una dictadura feroz que a nadie deja hablar, por una cúpula que poco apego tiene a la constitución, pese se autocalifica democrática, que simplemente intentaba crear el caos y derrocar al gobierno. El clásico golpe de Estado en Venezuela ahora sigue siendo casi imposible. Pese las dificultades, el gobierno, no por él mismo, sino por lo que representa Chávez y sus banderas, goza de un respetable apoyo popular y el ejército venezolano no sólo no es el de antes sino que en nada se parece a los de muchos países de América Latina alineados ellos con el Departamento de Estado.

A medida que se acercaba la “hora cero”, para decirlo con una frase que envuelve una amenaza, en la MUD se comenzó a abrir paso la sensatez y comprender la gravedad de los fines de la marcha señalados por la ultra. Por eso hubo un cambio, se comenzó a suavizar el lenguaje y darle a aquella otro propósito. Pero la idea ya estaba sembrada. Así como los seguidores de la MUD, en gran número, se sintieron frustrados cuando pasó Julio y Maduro seguía siendo presidente, pese el ofrecimiento oportunista de Ramos Allup de “sacarlo de Miraflores en seis meses” al tomar posesión de la presidencia de la Asamblea Nacional, también a los mismos y otros más, les invadió el mismo sentimiento cuando en la tarde del 2° de septiembre se diluyó la marcha opositora, con buena participación y Maduro continuó en Miraflores.

A partir de ese momento, las ranuras del casco se ampliaron. El estremecimiento fue brusco y algunas planchas se desplazaron, por lo que el agua que ya venía entrando aumentó de volumen. Los vientos comandados por Tifón, de los más destructivos, han comenzado a soplar en todas direcciones. Los del golpe o “La salida” ya no creen bueno seguir atados a la cola de quienes menos feroces son. Los partidarios del revocatorio, que ya son pocos, aunque soplen con fuerza, han comprendido que por allí tampoco va la salida. Tendrán que esperar que se cumplan los tiempos, el gobierno continúe tal como viene, con las velas enredadas y que el timonel no encuentre como pasar las encrespadas olas. Quienes esto último desde tiempo con paciencia esperan se sienten inconformes y hasta hastiados de los disparates que los otros hacen.

A Timoteo Zambrano, simplemente por atreverse a ser sensato, manifestar su preocupación por el interés nacional y suramericano de no jugar la carta de romper a MERCOSUR, sueño y meta gringos, un desaforado alumno o subalterno de Tifón, le sopló tan fuerte que, según parece, le lanzò desde el medio de la cubierta al agitado mar; es decir, le sacaron del medio por intentar romper el desorden.

La palabra diálogo pareciera desatar los demonios abordo, allá dentro. Más cuando según las encuestas el 80 por ciento de los venezolanos la asume. Esto mismo fortalece a quienes en la oposición y en el gobierno les dan justo valor y atención que merece. Pero aunque en ambas embarcaciones la palabra aterra, es en la opositora, por las débiles costuras de las planchas del casco, donde más se reproducen las grietas.

Ahora, distintos personajes, desde fuera y dentro mismo, desesperados por agarrar aunque sea un pedazo de cosa valiosa una vez el naufragio se declare, empiezan a llamar al “asesinato de la MUD”, lo que es lo mismo que a “zafarrancho de abandono”. A estos, ese barco no les sirve. Quieren abordar otro que siendo débil, como parecería serlo no le quedaría otra opción, convoque a todas las naves de la piratería que hacen vigilancia alrededor de nuestras costas y bases aéreas dispersas en espacio donde gobierna gente complaciente, al malandraje del paramilitarismo, al abordaje o la invasión, con la intención de matar a todo aquello que se mueva o sólo piense.

La MUD navega, lo hace con tropiezos; las olas y los vientos no le ayudan y ahora, oficiales, marineros y hasta piratas de abordo, parece se sublevan y llaman a zafarrancho de abandono.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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