El asesinato de Chávez, la Ley de amnistía, y las "razones sagradas" para la lucha

El argumento de más peso para que no se apruebe la Ley de Amnistía redactada por todos los cómplices de los crímenes de las guarimbas es el de la impunidad. Si no se castiga a los responsables de esas muertes será más sencilla la práctica del homicidio selectivo, del sicariato. Y más sencillo anarquizar las ciudades, quemar el transporte público y todo lo público que se les atraviese a las manitas blancas, javu, o infiltrados de cualquier especie. La impunidad es seguir perdonando la conspiración y seguir perdonando la traición. La impunidad es apagar el fuego con gasolina.

Y no nada más por la indignación y la reacción que pudiera generar en las víctimas y en la población afectada en general, sino que le daría "razones sagradas" a la derecha para continuar con sus métodos militares y propagandísticos, con sus técnicas fascistas para acabar con el chavismo. Es decir, si se perdonan a los asesinos, éstos, por el efecto mágico que produce eso de estar amparado por la ley, creerán que no cometieron delito, que las muertes estaban justificadas, a razón de una justicia superior a ellos mismo, que es La Ley. La Ley le otorgaría las "razones sagradas" para ejercer su justicia racista, clasista, fascista.

Para la derecha oligarca, las "razones sagradas" para ejercer su hegemonía sobre el resto de la población les viene dada por la Ley, simplemente porque esa Ley, y todas las leyes (dentro de este mundo de paz) , las inventaron ellos. Alguno se preguntará ¿Y las leyes socialistas, también las crearon ellos? También. Porque cualquier norma salida del espíritu democrático burgués será siempre una ley que favorece a la burguesía. Hay que hacer una revolución verdadera para que la ley sea ley revolucionaria; hay que estar haciendo revolución para que la ley pueda cobrar carácter revolucionario. Por el contrario, por más revolucionaria que aparente ser una ley, dentro del espíritu hegemónico burgués siempre será posible torcerla hacia el lado de los intereses burgueses. Tecnicismos de la ley, que llaman.

Las "razones sagradas" para la revolución están en la revolución misma, en el espíritu de cambio, de hacer justicia social. Estas razones se arraigan en una consciencia de la clase trabajadora y desvalida de saberse una clase oprimida y explotada, y además consciente de ser la destinada para hacer la revolución social socialista, a acabar con las clases sociales, con los privilegios y las hegemonías. Estas razones sagradas se sostienen en la "conciencia del deber social". Como vemos, cada bando cuenta con sus "razones sagradas" para actuar.

El asesinato de Chávez es otro caso de impunidad que estamos dejando pasar, aun siendo uno de los crímenes más sensible en contra la sociedad venezolana humilde, en contra de sus esperanzas y sueños hechos cuerpo en Chávez, el cual fue envenenado.

Que no se investigue ahora este crimen es frustrar las esperanzas y los sueños de todo un pueblo que confió en su liberación gracias al mártir. Es despojarlos de sus "razones sagradas" las cuales nacieron y crecieron en su ejemplo, el de un hombre valiente, amoroso y justo. Que ahora no se indague sobre este asesinato no es solo dejar que triunfe la impunidad, es ver como nadie se puede revelar contra la injusticia y en contra del imperio porque lo matan, porque morirá así como si nada, sin homicidas, sin causas, sin explicaciones.

Chávez representó las posibilidades reales de un cambio profundo en el país nacido en el espíritu, en un espíritu nuevo, distinto al disimulo y la mentira. Y eso es una "razón sagrada" para luchar; entender que podemos vivir en una sociedad signada por el valor y la honestidad, por la solidaridad, por el amor a los semejantes. Cada fibra que se haya conmovido con el espíritu de Chávez es suficiente razón para seguir luchando. Sin embargo, muerto y olvidado Chávez; que nadie se haya ocupado por saber más del por qué y cómo de su muerte, es un poco como morir con él.

La impunidad del asesinato de Chávez es su olvido, es matarlo y abandonarlo en un discurso y en un monumento frío, dejarlo morir en nuestros corazones. No se explica ahora, por qué no existió entonces, el mismo entusiasmo por investigar y descubrir a los culpables y castigar a los responsables, profundizando al máximo el socialismo, que era el principal de todos los deseos revolucionarios del Comandante; avanzar en los verdaderos cambios socialistas, este habría sido el verdadero castigo a los culpables.

Investigar la muerte de Chávez supone darle continuidad a su legado, no calarnos el olvido como solución a la crisis. El olvido de Obama, el olvido de la derecha. A Chávez lo asesinaron y queremos saber qué pasó. Queremos saber por qué su muerte acabó con el entusiasmo revolucionario y por qué, por qué quienes lo heredaron pusieron el gobierno en manos de tecnócratas al servicio de los capitalistas, de los bancos, de los comerciantes, de ladrones disfrazados de productores.

El solo hecho de haber investigado la muerte de Chávez hubiera generado un movimiento espiritual en nuestro pueblo chavista capaz de resistir y contrarrestar cualquier ataque de la derecha, de la naturaleza que éste fuera. La derecha ni siquiera se hubiera atrevido organizar las guarimbas, y luego a esconder productos. Indignado y apoyado por su gobierno hubiera sometido a comerciantes y especuladores.

Pero quienes lo continuaron no lo hicieron. Torcieron el camino hacia la derecha, y aquí estamos, arrodillados, con las dos rodillas en tierra, escuchando discursos que se repiten como una letanía, gastados como una letanía, sin sentidos, como una letanía. Ahora el gobierno no quiere hacer la revolución socialista. No cree en la esperanza de llegar a ser mejores seres humanos, más honestos, más valerosos, más amorosos, modestos en nuestros hábitos de consumo, más educados y cultos, trabajando todos por y para la sociedad. Cree que podemos vivir gastando y consumiendo como la clase media norteamericana. Cree que lo que nosotros necesitamos es lo que ellos necesitan en secreto: dinero, bienes materiales, estatus y prestigio. Y por eso quieren convertir a Venezuela en un país potencia que compita en el mundo capitalista, como si eso fuera posible. Y al costo de nuestro futuro, de nuestra vida y la de nuestros recursos naturales. Así sea redundante decirlo, pero se trata de eso. Después de que se entregue todo a manos de los capitalistas nadie podrá parar el debacle definitivo del país y de nuestra sociedad.

Mientras tanto, mientras se ejecutan los "planes de desarrollo", la gente vive en la calle para comprar y vender "bienes de consumo masivo" y de otros no tan masivos, peleándonos unos con otros, enterrados en la ignorancia y sin una posibilidad clara de salir de ella,. Y ellos, tercos en el sinsentido de sus deseos, cogidos de las piernas de los capitalistas, que los arrastran al abismo.

El sueño de Chávez se desvaneció como el vapor en el aire porque nadie quiso que se supiera nada de su muerte, de su homicidio, porque alguien quiso que quedara impune, que se olvidara, olvidarlo a él, a su ejemplo y a todo su legado espiritual.



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Héctor Baíz

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