Tesis Ramos Allup: Bachaqueros y diputados en abandono de cargo

Por la invasión de bachaqueros dejé de hacer mercado en el abasto donde lo había hecho durante largos años de mi vida. Entrar en ese espacio es algo más que imposible aun para una persona de esas que mi amigo y hermano Rómulo Henríquez llama, como cruelmente, "en la recta final", que yo más optimista, califico simplemente de edad madura, casi para caer de la mata. Cada vez que por allí paso, más que por la esperanza de poder acceder al negocio, comprar algo que necesito con apremio, por la fuerza de la costumbre, sigo de largo porque, desde las primeras horas de la mañana, hasta el atardecer, cuando le dejan como si hubiese pasado la langosta, parece los alrededores de una ciudad asediada por ejército descomunal. Allí los de la tercera edad nunca pueden entrar porque se perdió todo sentido de solidaridad y conmiseración y no lo digo por los dueños y trabajadores, entre quienes tengo amigos por haber sido cliente casi desde del nacimiento del negocio sino por la actitud y sentido de rapacidad que se ha apoderado de quienes allí acuden simplemente al bachaqueo. Son más que frecuentes enfrentamientos entre grupos por los puestos en las colas, con tal violencia, que hasta salen a relucir armas y no son extraños disparos al aire para amedrentar. Según los dueños, la vieja clientela, la de toda la vida, como quien esto escribe, de allí desapareció.

En busca de la sal pues, pasé por allí, por lo cerca de mi casa y como ya dije, la fuerza de la costumbre. Vi al abasto asediado; una enorme y desordenada cola de oeste a este y otra, en igualdad de condiciones, en sentido contrario. Al frente, otra multitud se apiñaba sin orden alguno. Eso sí, las puertas estaban abiertas y nadie entraba. Al ver aquello o en verdad, por lo mismo que vengo haciendo desde que nos invadieron los bachacos, seguí de largo. No obstante, un amigo a quien pregunté dónde podría encontrar sal me indicó que allí en el abasto había. "Acabo de ver bastante".

¿Pero cómo hago para entrar allí con tanta gente? Pegunté.

"Ve. Entra." Me dijo mi amigo. "Esa gente está esperando que lleguen los camiones que traen lo que ellos buscan. Por ahora, no están comprando nada. La entrada al negocio está despejada."

En efecto, entre sin dificultades y pude comprar lo que buscaba que sólo era sal.

Al salir escuché una conversación y protesta al mismo tiempo, que llamó mi atención. Dos señoras conversaban, a la manera oriental, hablando como quienes se dirigían a la multitud que allí estaba, cuando sólo hablaban entre ellas. Puse atención, quizás pequé de demasiado indiscreto, pero es que aquello era extraño y por demás interesante.

La señora 1ª, decía a la segunda:

"Esta es una tremenda vaina la que nos está pasando. Son las once en punto y a esta hora, ya debía haber hecho la tercera cola, como tengo acordado con mi jefe. Pero por estos camioneros del carajo que no acaban de llegar, apenas estoy haciendo la primera. Ayer fue lo mismo, sólo pude hacer dos de las tres colas. Mi jefe me advirtió que si esto seguía sucediéndome me iba a quitar la chamba. ¡Y hay que ver los buenos centavitos que me vengo metiendo desde que estoy en esto!".

La señora 2ª responde a la 1ª:

"¡Coño chama! Esta vaina está pasando porque el gobierno, de manera arbitraria, esta dictadura, parece que algo está haciendo últimamente para que los camiones que deben salir a la hora que nos indican, se aparezcan dos y tres horas después. A mí también. Ayer me pasó como a ti y sólo pude hacer dos colas. Por lo que veo, hoy solamente haremos esta y de vaina".

La señora 1ª contesta a la 2ª:

"¿A tí te pasó ayer lo mismo que a mí? ¡Coño entonces de verdad algo pasa! Fíjate que los camiones que estamos esperando, según lo dicho por el jefe, debieron llegar a las ocho de la mañana. Por eso toda la gente con quien trabajo está aquí desde la cinco. Acuérdate que cuando llegaste con los tuyos, ya nosotros estábamos aquí. ¡Y los muérganos de camiones no llegan!".

La señora 2º a la 1ª:

"Lo peor del caso es que mi jefe, a quien le tiran el dato de la hora de salida de los camiones, no quiere creer lo que está pasando y se imagina que una le está echando la partida pa` trás y bachaqueando por cuenta propia. Como el jefe tuyo, me dijo también si sigues en esa vaina, esa conspiradera y saboteo, te voy a sacar de la partida".

Es curioso, como los jefes de ambas, si no es el mismo, no piensa en ausentismo injustificado de trabajo, es decir que se saltaron alguna cola, sino que están operando por su cuenta. Es decir, están saboteando la chamba.

Al final, seguí mi camino, mientras aquellas dos señoras se lamentaban porque serían víctimas de despido por "abandono de cargo"; una tesis que si bien no es nueva, ha sido como re potenciada por Ramos Allup, como para que la AN no sólo se la aplique a Maduro, aunque este trabaje incansablemente, porque eso parece hacer, sino que podría servir para el empresariado comience a botar gente "por motivo justificado", o lo que es lo mismo "porque me sale del forro".

"¡Si! Vienes al trabajo de manera puntual. Haces lo que te ordenan y hasta demás. Pero no me convienes porque no estás exactamente conmigo y sí como contra de lo que pienso".

Ramos, de paso, está creando una normativa nueva; eso que los abogados llaman algo como "sentar jurisprudencia". El, como presidente de la Asamblea Nacional, sería el más alto jefe de personal del país. Hasta la suerte del presidente depende de su criterio. ¡Al carajo todos los demás poderes del Estado! Por supuesto también la soberanía popular. ¡Viva el cambio!

Pero en qué quedamos. ¿Una de las razones de la lucha opositora contra el gobierno no era la falta de independencia de los poderes públicos? ¿No fue que Chávez y luego Maduro secuestraron aquí a Raimundo y todo el mundo?

"Maduro", diría Ramos Allup, "como no haces las cosas como yo quiero; tal como los míos demandan, estás despedido por abandono de cargo."

Lo de los "míos", es una formalidad, una licencia al lenguaje, porque en verdad, eso de lo "mío, mío, mío", dicho por el presidente de AD, pues la cosa es más bien al revés. AD, además es como una casa en bancarrota, arrendada, hipotecada y cerrada por inhabitable. Un cascarón vacío. AD no tiene poder, menos Ramos Allup; están ahora donde están porque otro poder les puso allí. ¡Y pensar que quien se viste de lo ajeno….!

No obstante, la tesis del abandono de cargo, con el aporte de Ramos Allup no es necesaria para aplicarla a mucho funcionario. Basta con lo que está explicitado en la ley del trabajo. Hay gobernadores que, si uno se atiene a lo que dice la prensa, cuando no viajan al exterior sin permiso de nadie, ni motivo oficial que los justifique, están en el país pero en territorio de otras entidades federales, hasta más allá de 1000 Kms., por varios días, en descarado abandono de cargo y lo que es peor, en campaña electoral o política, lo que nada tiene que ver con sus obligaciones.

En la Asamblea Nacional pasada hubo diputados que casi nunca asistieron a cumplir con sus obligaciones. Y es curioso que pese eso, no les aplicaron la tesis del abandono de cargo, que si eso hubiesen hecho, no habrían incurrido en la barbaridad que ahora elucubra Ramos Allup contra Maduro.

Es más, ahora en la Asamblea Nacional hay de esos diputados faltones, incursos en el abandono de cargo, que hasta elogiaron como sus suplentes siempre estuvieron al pie del cañón. Y no les dio pena admitirlo. Por lo que uno se razona ante esa extraña conducta:

¿Si nunca o casi nunca asistieron y sus suplentes debieron sacarles la pata del barro, por qué vuelven? ¿Por qué no cedieron la candidatura al suplente? ¿Qué misterio envuelve eso? ¿Qué hay detrás de eso? ¿Sólo por currículo, no creo?

Sería bueno que esta AN, que quiere investigarlo todo, cosa que me parece muy loable, averigüe que hay en todo eso. Porque pareciera que hay algún gato encerrado. Esa sería además una buena forma de satisfacer el deseo de Ramos Allup, aplicar sanción con despido a quien no acude a su trabajo.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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