Razones para la preocupación

Al venezolano de a pie debe preocuparle el clima borrascoso que en el ámbito político apareció la semana pasada. No hay ninguna razón válida para que unos terribles acontecimientos de violencia social –que ocurren desgraciadamente en todas las latitudes del planeta- se transformen en motivo de agitación política. Y mucho menos es explicable que esa convulsión aparezca casi simultáneamente con el desarrollo de los tristes sucesos. Se podría decir que la comunicación casi en tiempo real de los hechos permite estas reacciones inmediatas. Los eventos del “caracazo”, en febrero del 89, conseguirían avalar esta hipótesis. Pero en aquella ocasión había un ambiente generalizado de descontento social, que proporcionaba la “masa crítica” para provocar la explosión social causante de la conmoción pública ocurrida. Una situación inexistente en la actualidad, donde a tenor de los sondeos de opinión hay un consenso positivo alrededor de las políticas públicas.

Pero hay otro dos hechos diferenciadores: uno, no hubo mediación de partidos, sindicatos y organizaciones no gubernamentales en la movilización espontánea de la población el 27F, como sí la hay en la actual; otro, el levantamiento de aquella oportunidad ocurrió en los más variados sitios del país, y no en espacios previamente colocados como reductos de minorías concretas de la sociedad. De allí que sea lícito suponer que la actual situación corresponde a una conspiración. Y, si tal figuración es válida, caben dos posibilidades explicativas. O, los hechos fueron provocados por los confabulados. O, ellos esperaban cualquier acontecimiento explotable para sus fines, y el azar les proporcionó la ocasión. Sin embargo esta última proposición ofrece la duda de la coincidencia de unos hechos que no corresponden a los patrones normales de conducta que caracterizan la acción de los secuestradores.

Con ese cuadro, el escenario de la conspiración es el más probable. Y ello debe ser la razón del desasosiego de los venezolanos comunes. No es un cuadro que se inscribe en la política doméstica. Si ello fuese así, es obvio que los conjurados no serían sino un pequeño grupo de orates que más que reprimirlos lo que demandan es de asistencia psiquiatrita. Pero desafortunadamente no es así. Ella tiene necesariamente que incluirse en un contexto político globalizado que enfrenta al imperio virtual que pretenden imponer a sangre y fuego las empresas transnacionales, incorporadas en el llamado “trilateralismo”, con su cabeza visible en el gobierno de los EEUU, usando el mercado como instrumento ordenador de la realidad, con las aspiraciones de autonomía de los pueblos, expresadas mediante la acción política. Los conspiradores venezolanos no han sido, ni son locos. Ellos han venido actuando con el respaldo psicológico, político, financiero, y hasta militar de la Casa Blanca, lo que hace que su amenaza sea una cuestión seria. Hay hasta la posibilidad de una guerra civil o internacional. Un hecho que debe inquietar a todos los compatriotas honestos y pacíficos.



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* alberto_muller2003@yahoo.com




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Alberto Müller Rojas


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