Ramón Guillermo Aveledo, “crónica de una muerte anunciada”

           Decir que era un presagio, algo que flotaba en el ambiente, para referirse a la anunciada, por el mismo, como jocosamente, renuncia de Ramón Guillermo Aveledo al alto cargo y demasiada responsabilidad, para un tipo como él, que tuvo en la MUD, no es la mejor manera de plasmar lo sucedido.

            Menos si se lo toma a la ligera hablando de manera que uno le percibe sonreído, “no me voy de la casa, sólo que cambio de cuarto”. Como damisela que dejó de ser la estrella rutilante del salón. Pero además agrega, “sólo me hago a un lado pero sigo fiel al proyecto”.

           Así, a la ligera, de manera superficial, tal como condujo o mejor dejó le condujeran, fingiendo estar al frente de la MUD, se toma el asunto de lo que llama con su proverbial simplismo, “sólo me cambio de cuarto”.

           Por todo lo sucedido, el estilo y la chabacanería utilizada para anunciar su renuncia, esperada hace tiempo por incompetente y excesivamente oportunista, se puede uno valer de García Márquez para asegurar que lo de Aveledo es exactamente “una muerte anunciada”. 

           Siendo así, exactamente como es, no se ha cambiado de cuarto, sino que lo zamparon “jondo” en la fosa.

¡Olvide sus aspiraciones presidenciales!

           Pudo mantenerse por un tiempo al borde de la tumba, dando tumbones, al puro estilo equilibrista, bailando al son que le tocaban de un lado y otro. Cuando las fuerzas opositoras se inclinaban del lado de los violentos, como durante el golpe de abril del 2002, fue de los más exaltados, tanto que llegó a cometer el insólito desliz de plegar el béisbol profesional y los jugadores, en contra de la voluntad de estos, a las acciones para tumbar el gobierno legítimo; el mismo que desde 1998 hasta ahora ha respaldado al deporte más que todos los gobiernos anteriores juntos.

         Aveledo, en medio de las discrepancias entre los extremistas que empezaron por pedir ¡Chávez vete ya!, y tantas consignas y acciones derrotistas que contribuyeron a fortalecer más al comandante, como aquella de introducir paramilitares para asesinar al presidente y provocar el caos, pasando por el pedido de revocatorio que terminó en una derrota sepulcral opositora, y quienes daban muestras de ser más discretos y comedidos, aparecía siempre del lado donde se gritase más duro y le diese la falsa sensación que se encaminaban al éxito. Fue siempre, en ese tiempo, como un capitán que dejó el barco al vaivén de las olas y el timón girando libremente, sin rumbo, sólo pegado a unos santos “de medio peso”, como dijese la canción de Teo Galíndez.

           Después de aquel rosario de derrotas, uno esperaba que Aveledo renunciase, descubriéndose incapaz, demasiado adulante, indulgente, falto de carácter y por encima de todo, excesivamente oportunista. Pero las discrepancias en el seno de la MUD, la imposibilidad de ponerse de acuerdo para sacarlo, la percepción de algunos que aquella personalidad era propicia para que cualquiera que gritase, se mostrase más osado, lo hallase de su lado, le mantuvo fingiendo el rol de capitán.

          Muerto Chávez, todos creyeron, de primerito Aveledo, que el chavismo se derrumbaba y derrotado Capriles por pequeño margen, fortalecida la idea de tumbar a Maduro, comenzaron por ¡Maduro vete ya!, las guarimbas y allí se pegó, dejándose llevar por los aullidos de los lobos sedientos pero sin olfato alguno. “La salida”, le entusiasmó y aupó a López y la señora Machado, cuando estos intentaron tumbar al presidente Maduro, mediante uno de los planes más insensatos que conozca la historia política de Venezuela. Pero eso sí, siempre en la sombra, dándole a entender a los otros que con ellos estaba; y siempre sin tomar el timón del barco, dejando que las olas lo llevasen al garete. Esperando siempre que algo sucediese. Y ese fue su triste rol de capitán

            “La salida” fue un fracaso y un disparate. Hasta sus promotores directos lo reconocen, hasta el punto de admitir que fortalecieron al gobierno y sólo hablan para reclamar unos derechos que perdieron al atentar contra la legalidad y solicitar clemencia.

          En estas circunstancias, que Aveledo renuncie es como el fruto ya en sazón, alejado el verdor, que cae por gravedad. En la oposición, supongo que de sobra, le habrán pedido la renuncia en privado y con sutileza para no desatar tempestades, porque hacerlo público parecería un acto por demás vergonzoso y explosivo; hasta por su edad, no apropiada para cometer tantos disparates, era mejor sugerirle calladamente que se fuera, pero no al cuarto del lado, sino a la fosa donde se refugian los muertos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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