¿Se deshace la MUD? Según Diosdado está partida en rolos

Si algo ha aprendido uno de la historia, sobre todo viviéndola, es que en política los errores se pagan caros. Los errores en la acción política, como las agresiones verbales por diferencias que se inventan sustanciales, entre otras cosas provocan divisiones y aislamientos.

La vieja izquierda cometió tantos errores, y tanto incurrió en el vanguardismo, que de haber sido el punto de atracción de las grandes masas, desde la caída de Pérez Jiménez, hasta los primeros años de Betancourt, se fue quedando aislada, sola y fragmentada en pequeños grupos. Para ellos no había puntos de encuentro. Se conformaron con encontrar, aunque no les falta razón, motivos para reconocer, exaltar y hasta idealizar el grado de sacrificio de muchos combatientes. La desunión para aquellos hombres no tuvo importancia alguna, lo que contaba era que cada pequeño grupo se pudiera regocijar pensando que tenía la razón. Por creo eso es cosa del pasado y lección aprendida. No hay razones para dividirse como antes y los liberales del pasado.

Pudo emerger unida, con otra faz, por la implosión popular a partir de aquel acontecimiento trascendente conocido como el caracazo, luego reanimada por el alzamiento liderado por Chávez. Aunque en verdad, la acción de éste como líder en la calle, retando electoralmente a la derecha toda, tuvo un efecto importante para cerrar el ciclo. De allí uno aprendió que la lucha del pueblo es por el poder, uniendo lo que haya que unir –horror al dividir- y alcanzar cambios que impongan la justicia y no gestos sólo para la poesía y el recuerdo hermoso. Lo de inmolarse innecesariamente sólo por mostrar una consecuencia que nadie ponía en duda. Por eso, mucha gente quedó en la orilla del camino, para contar historias y hasta una poca se fue a refugiar entre sus viejos enemigos.

Demostró la historia que los hechos vanguardistas y hasta violentos sólo por dejar una huella nada profunda, aquellos en los que no se logra incorporar al movimiento popular, no tienen vida. Hasta los primeros momentos de la guerra de independencia nos enseñó eso. Los debates nada comprensibles a la gente común, pronunciados en clave y fórmulas ocultas, lejos de aclarar desunen y generan frialdad porque lo que de ellos se percibe es violencia y desconfianza. Porque el debate tiene que ser con el pueblo, el único que hace revoluciones.

Por esas cosas, uno puede asegurar, que los desafíos violentos de la derecha, al margen de la ley, como esos de hace pocas horas y días en el Táchira y otras partes del país y los que anuncian para lo inmediato, no lograrán arrastrar al movimiento popular porque no tienen propuestas que a éste entusiasme. Sabe bien el pueblo lo que ese sector violento representa y busca. Quienes lo aúpan, de dónde vienen y cuáles son sus apetencias. Si se lee acerca de quienes alientan esas acciones, se encontrará a sectores estudiantiles de clase media en la vanguardia y la ausencia de trabajadores, campesinos y de todo el universo que forma la mayoría. Detrás, a escondidas, como diría Orlando Araujo, están los mismos apellidos que vienen dominando a Venezuela desde el siglo XIX.

El odio de alguien, su insatisfacción por no acceder a una posición, cuando se traduce en una acción política, como la de querer tumbar a Maduro, simplemente por ponerle cuanto más pronto las manos a la renta petrolera, saltándose todos los principios constitucionales y los ideales o conceptos que la mayoría de le gente ha internalizado, y además se vale de acciones violentas, destructivas, propagando el horror y la barbarie, no sirven para generar a lo interno de la patria un movimiento lo suficientemente amplio para lograr lo que busca.

Además, si esa acción, por su obcecación y proceder, pasa por alto el interés del colectivo, no logrará sintonizarse con la mayoría. La derecha venezolana, sus cuadros dirigentes, saben bien que sus consecutivas derrotas electorales, como las municipales recientes, han resultado de su imposibilidad de encontrar cómo engañar –lo que de por sí es ahora casi imposible- al pueblo con la falsa idea que refleja mejor y auténticamente sus intereses. No es sólo que el pueblo lo sabe por historia – lo percibe simplemente por la piel - y elementales aprendizaje de calle, de la vida, sobre sociología, historia de la economía y simple conflictividad de clases que vive diariamente, sino que la derecha no puede hilvanar un mensaje o un programa que le sirva para eso. Ni siquiera puede crear un espejismo, valiéndose de figuras procedentes del sector popular, como lo hicieron tantas veces antes. Además, porque entre otras cosas, dentro de la misma oposición, la lucha de clases también tiene un fuerte contenido y anda agitada.

La ultra derecha, al perder las elecciones municipales a las cuales les asignó carácter plebiscitario, un gesto no ajeno a la violencia, después de unos pocos días de paralización, como lo esperábamos, volvió a su plan B. Pero al parecer optó por hacerlo sola sin tomar en cuenta para ello a los otros factores. De allí que Diosdado Cabello, quien bien informado está, hable de seis pedazos de la MUD.

Pese a todas las dificultades a las que han sometido a la población, como la de no hallar con la debida prontitud, a los precios correspondientes y justos, productos de consumo básico, la ultra derecha no encuentra como sintonizarse con la gente. La experiencia nos dice que cuando se llega a esa situación, el sentido de frustración, de derrota, se torna en rabia y violencia. Las leyes, los principios constitucionales, no les sirven y para nada les importa. Entonces hay que provocar el caos. Y la ultraderecha toda, de aquí y allá, es más que aficionada, adicta a ese proceder.

Las experiencias de Libia, Siria allí están. Lograron prender unas “candelitas que no se apagaron” y en el territorio de un país y otro, metieron mercenarios que lograron su propósito en el primer país nombrado y tiene al segundo envuelto en una cruenta guerra. A la derecha, no le importa los efectos de la guerra que generalmente sufre el pueblo porque quienes la desatan, financian y hasta “dirigen”, se mantienen a buen resguardo esperando el momento de cobrar los dividendos.

¿Busca un golpe de Estado? ¿Tendrá posibilidades reales de lograrlo? Piense bien usted lector, porque no lo creo.

¿Qué quiere entonces? ¿Lograr ampliar los hechos de violencia con la incorporación de alguna fuerza que le pertenezca y aquella que desde Colombia pueda prestarle Uribe y sus paramilitares? Lo que sería lo mismo como desarrollar el guion de Libia y Siria, porque es el mismo, en virtud que los plazos electorales y los números no les dan.

¿O también, acarician la idea que los gringos les ayuden invadiendo a Venezuela?

Es obvio que por ahora, con tantos impedimentos como ese que llaman CELAC, el asunto se les ha vuelto más complicado y el marco de América Latina de hoy no es en nada parecido al de Europa y el Medio Oriente. Como tampoco, al escenario y circunstancias en el que se movió Allende, puede tomársele como una maqueta aplicable a Venezuela.

Lo cierto es que, si el gobierno logra, como uno espera, por las informaciones que se dan en público y privado, remontar las dificultades del desabastecimiento, desenrollando el paquete que se nos ha vuelto el tema de las divisas, abatiendo la red de acaparadores, especuladores y haciendo funcionar la Ley de Precios Justos, la política vanguardista, destructiva, violenta y sin mensaje ni oferta a ningún sector de los venezolanos, de la ultra derecha, grupo del cual muchos se han deslindado, podría quedar sin piso y ella en la “carraplana”. La oposición, esa de los otros lotes o trozos de los que habla Diosdado, no debe dejarse arrastrar a una guerra o serie de hechos violentos que uno bien sabe no desean ni a nadie quien piense en el país interesan.

Más que la capacidad de la menguada ultraderecha para generar un cuadro favorable a sus oscuros intereses, pareciera estar en juego la capacidad de la dirigencia del chavismo y el gobierno mismo, para remontar las pocas dificultades que sirven de combustible a aquella.

Dentro del movimiento revolucionario, el chavismo, es la hora de entender que hay debates que si bien deben darse, pueden aplazarse. Tengamos paciencia, claridad y serenidad.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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