Una cara de derecha por detrás y María Corina otra por delante ¿Vamos a “mojonearnos” con la paz?

           Allá por los años jóvenes, normalmente en horas tempranas de la noche, en un pueblo donde solíamos dormir temprano, porque temprano nos levantábamos; el sol en oriente se empeña en llegarle primero a uno y nada interesante sucedía en la noche oscura, porque la luz también se acostaba temprano, un querido, inolvidable amigo solía decir al vernos llegar a la plaza 19 de abril, que llamábamos “la oficina”:

            “¡Vamos, sentémonos en aquel apartado banco a mojonearnos!”.

            Debo advertir, por si alguien que esto lea tiene algo de pacato, que mojón es una señal. Son hasta los hitos o marcas que se ponen en las zonas fronterizas; por lo que sigue siendo señal. De manera que mi amigo de la juventud, lo que quería decir en nuestro estilo coloquial era:

           “Vamos a caernos a embustes”.

            Aunque en verdad, estrictamente hablando, era una invitación a soñar. A imaginar que lo que allí dijésemos pudiese, algún día, convertirse en realidad. Era como abordar un peñero, aunque estuviese anclado y dejar que las olas lo moviesen lenta y armoniosamente, mientras uno recostado en algún rincón oteaba el claro cielo.

            Después del 8D, algunos importantes guías de la opinión, como Maryclen Stelling y José Vicente Rangel han visto síntomas propicios para llegar a entendimientos que puedan bajar la violencia o la inseguridad. Incluso, ahora mismo, acabo de leer que uno de ellos, aunque los dos reinciden en decir lo mismo, el asunto de la violencia o delincuencia, o mejor dicho la tarea de reducirla es competencia de todos.

            En esto hay como una acepción sobre la violencia particular. En la calle, en horas nocturnas, en callejones oscuros, de día, a pleno sol y hasta en sitios donde se congrega la gente, irrumpe la violencia con saña. Hablamos de esa violencia que particularmente y en gran medida azota a los pobres y no sin menos saña y frecuencia a,  quienes ocupan escaños superiores en la sociedad. Hablamos de una violencia que no discrimina y se vale de armas hasta de alto poder de fuego para expresarse.      

            No hay duda que el gobierno y quienes se le oponen, puedan intentar encontrar puntos de coincidencia para ir contra ese flagelo. Pero, en gran medida se trata de un asunto estructural y para llegar al fondo, a la raíz, como solía decir Chávez, puede llegar al punto donde “la puerca tuerce el rabo” o donde los extremos se tocan y repelen.

            El capitalismo y más el neoliberalismo, no acepta otra forma de acabar con la violencia que no sea sometiendo a los pobres a la represión e intentando acabar con el futuro delincuente desde la cuna. Para Lombroso la delincuencia era un asunto genético y se podía descubrir al delincuente en sus rasgos físicos. La derecha es de hecho, aunque lo ignore o niegue, lombrosiana y por eso cree que todo pobre, indio, mestizo, negro o afrodescendiente, dicho esto último para complacer a todos, incluyéndome a mí, es potencialmente, si no de hecho, delincuente. Por eso, en la IV República, hasta hombres letrados como Ramón Escobar Salóm, llegaron a creer que la delincuencia y la violencia a ella asociada, se combatían allanando, reprimiendo y sometiendo al asedio a poblaciones de pobres de manera sistemática.

             Lo cree así la derecha porque no está en disposición de creer otra cosa; para reducir violencia y  delincuencia comunes, hay que empezar por reducir drásticamente la pobreza y eso implica también hacer lo mismo con los márgenes de explotación y de riqueza acumulada y esto conduce también a la violencia, la de los privilegiados.

            ¿Pero acaso la violencia es sólo esa de la cual hemos hablado? ¿No es violencia la persistente tarea opositora de tumbar al gobierno, sin respeto por los derechos constitucionales y apelando a los más aberrantes procedimientos? ¿Va a despojarse la derecha de la angustia que sufre por no poder ponerle mano cuanto antes a la renta petrolera? ¿Va a detenerse como creen algunos ilusos porque por ahora no habrá elecciones?

             ¿Al hablar de cambiar las relaciones estructurales de la violencia y ante propuestas concretas, como reducir los márgenes de ganancia o destruir el latifundio, no estallará de nuevo la violencia?

            ¿La especulación, la usura, el asalto brutal al bolsillo de los consumidores no es violencia? ¿Acaso no es violencia que acumula más violencia, acorralar a los venezolanos escamoteándoles los productos básicos?

           Pero, para la ultraderecha, que niega tener responsabilidad en estos hechos, aunque exista el ejemplo ilustrativo de Cocchiola, esa violencia que a su vez es una fuente creadora y acumuladora de más violencia no existe. Existe sólo la que ellos suelen definir como común, porque según su parecer la generan los pobres y el gobierno debe contenerla, extirparla y de inmediato, sin importar los procedimientos. Allí si grita la ultraderecha, hay que proceder “caiga quien caiga”. Ella, en eso de violencia, nada tiene que ver. Es impoluta. Hasta los obispos lo creen.

            En la calle, donde se realiza el intercambio comercial final, cuando interviene el consumidor, usura y especulación no es que han vuelto, sino que lo han hecho con más fuerza. No es uno tan inocente para creer que solamente en eso se juega en favor de la cadena comercial, sobre toda la del impulso inercial, sino que se procede para desgastar al gobierno e insistir en el intento - nunca abandonado – de salir de Maduro “cuanto antes mejor”, como ha dicho la trilogía del mal.

            ¿Es pertinente pensar o creer que si este gobierno, con el Plan de la Patria por delante, siga en Miraflores, los gringos se van a tranquilizar y optar por una política pacifista y tolerante? ¡Ni pendejo que uno fuera!

            Por eso, sin estar en desacuerdo con la idea de hablar y acordar, sin bajar las banderas, ni renunciar a principios y metas sentidas y buscadas por el pueblo, con quien haya necesidad de hacerlo, no podemos empeñarnos en la búsqueda de una paz, como la de los sepulcros, porque los enterrados seríamos los revolucionarios y más que políticamente hablando. Habrá que reducir la violencia, eliminando las bases materiales o estructurales que las originan, cambiando patrones culturales, pero no eludiendo las confrontaciones que necesarias por resolver contradicciones que aquélla reproducen.

            Dije antes, allí está lo que he escrito, que quienes opinaron que a partir del 8D, entrabamos en una como meseta de paz, están equivocados y subestiman al rival. La cosa no es tan sencilla, ni la navaja de un solo filo.

            La violencia tiene muchas caras. Una vez le escuche decir al eminente psiquiatra venezolano José Luis Vethencourt, que había una violencia con disfraz de pacificación. Una “violencia pacífica” decía él. Un lobo que se disfraza de cordero, para facilitar su ataque.

           Aunque no creo que la derecha se disfrace como para ocultar su faz. No. Habla de llegar a acuerdos que le permitan enfrentar la delincuencia a su estilo, recuperar recursos sin dejar, no como la gatica de María Ramos, sino de la manera más descarada, seguir atizando la violencia por las distintas formas que maneja. Hasta con “las manitas blancas”.  Una cara por detrás y otra también.

          Acabo de leer que María Corina, con la cara por delante acaba de llamar a incendiar Venezuela, con lo que hasta hizo inútil que escribiésemos esto. Es como un poner “fin al idilio”.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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