Vamos a derrotar la amargura, el desprecio al pueblo y la locura por el poder

Los animados al estudio de la personalidad humana tienen bastante tela que cortar con la dirigencia de la oposición. Cualquiera de ellos y por donde se les mire, estamos en presencia de “casos” de cuidado. Cada presencia pública sirve para reafirmar que estamos ante una gente que desde hace tiempo perdió los estribos.

Alguien ha dicho que los ojos son el espejo del alma. Entonces es cuando uno dice que esa es una verdad del tamaño de una catedral, al mirarlos y ver sus ojos desorbitados, reflejando almas desesperadas. Resulta que no pueden ocultar el descontrol y la maldad que hay detrás de cada uno de sus pasos. Nada bueno proponen. Son almas en pena ansiosas de catástrofes. Es tal su ansia de poder y su antichavismo que apuestan a la maldad, a que todo salga mal, a que ocurra lo peor para nuestro pueblo.

Entonces, uno se pregunta: ¿qué oposición es ésta que ni siquiera hace una propuesta constructiva para el bien de su país?

La respuesta es sencilla. Es preocupante y lamentable decir que estamos en presencia de una oposición cuyos componentes de actuación son típicos de agentes mercenarios. Han transcurrido tres meses y medio de gobierno de Nicolás Maduro y todos esos días han sido de ataques de todo tipo. Un comportamiento así es propio de enemigos de este país, porque lo que buscan es generar el caos, que una y otra vez será frenado por un pueblo que efectivamente ha madurado políticamente y sabrá poner en la balanza lo que realmente le conviene, tal como ha sucedido hasta ahora.

Las elecciones del 8-D, nuevamente nos permiten calibrar y comparar dos maneras de concebir la Venezuela contemporánea. Dos puntos de vista. El capitalismo salvaje contra la democracia popular, el socialismo del siglo XXI. El odio, la catástrofe y la maldad contra la alegría y las ganas de seguir construyendo una patria soberana. El gobierno de las élites proyanquis contra el poder popular.

Está claro lo que nos estamos jugando. Por un lado, volver a las prácticas represivas del pasado y a la exclusión social. Por el otro, seguir construyendo la inclusión social con los recursos petroleros que antes se robaban de la manera más vil.

La amargura, el desprecio al pueblo y la locura por el poder serán derrotados. Vencerá la alegría y las multiplicadas ganas de seguir construyendo patria.


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Juan Azocar


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