¿María Corina, porta ahorita el testigo del golpe?

Un sector de la oposición, el más ladeado hacia la derecha, con sus figuras muy conocidas por su iracundia, pose de desafío y desacato al Estado y legalidad toda, está actuando como un equipo que compite en una carrera de relevo. El testigo que simboliza en su grado extremo lo que antes caracterizamos, parecieran pasárselo de uno a otro o simplemente sólo se producen arrebatones; se lo disputan rabiosamente. Pudiera uno creer que se trata de un comportamiento orquestado destinado a distraer al adversario, los votantes y las autoridades mismas en lo que respecto a la definición de las responsabilidades, con discurso permanente e incisivo en favor de la desestabilización. Aunque pudiera más bien ser una competencia rapaz interna por el liderazgo; que pasa por ser extremista hoy, en este espacio y circunstancia; sereno y sensato más allá y dentro de otro ambiente. Por lo que uno ve, López, Capriles y María Corina, cambian de rol; hasta aparecen y desaparecen, hablan con estridencia y de vez en cuando callan, “como si estuviesen ausentes”, midiendo y esperando las reacciones de la gente y de ellos mismos.

Mientras hay un sector opositor que atiende con responsabilidad las demandas constitucionales y actúa con prudencia, sin dejar de observar los acontecimientos y coyunturas adecuadas para actuar y hasta clama por un diálogo, como lo hace José Vicente Rangel desde el lado opuesto, el inicialmente mencionado, opta por una salida urgente al problema de la presidencia de la República y hasta se inventa que la “constitución permite los mecanismos” para eso. A los primeros, por supuesto, una jauría rabiosa apostrofa porque eso sería postergar la salida más apetecida; la de ponerse en el coroto “ya”, a como dé lugar.

Días atrás, López montó una pieza teatral bufa, en la cual según una versión, no desmentida por él y tampoco por su gente, había derrumbado una estatua de Fidel Castro y se hizo fotografiar gozoso, “bailando en una pata”, sobre el pedestal. Alguna gente creyó ver en eso un mensaje subliminal que apunta hacia “el cuartel de la montaña”, con sus acordes violentos, como suele acompañarse el ya nombrado personaje. Hizo aquello y entró en “cautiverio”, en espera de otro momento, para hacer otra aparición “descollante” y bulliciosa; cuando la anterior, en la habitual, frágil memoria o estado de ánimo del venezolano, se haya desdibujado.

Capriles después, hace dos días apenas, llama a una marcha sobre Caracas, a la cual no asiste en resguardo de su integridad y responsabilidad por los hechos, en reclamo le aumenten la asignación presupuestaria a Miranda, entidad que logró la mayor tajada desde la óptica que se le mire, sólo con la intención de aumentar su “prestigio” de hombre “hecho para los riesgos” y ocultar sus incumplimientos con trabajadores y la comunidad.

Después de dejar esperando a los marchistas, quienes no se atrevieron a tomar a Caracas, quizás por la ausencia del líder o haberse percatado de lo injustificado del propósito esgrimido, aparece en Margarita, hablando si no con razón, por lo menos con sentido de la política. Llama a votar por sus candidatos a alcaldes y concejales y para eso atribuye al gobierno los efectos de la guerra económica que quienes él representa, los grandes empresarios y el gobierno gringo, han desatado. Por supuesto, pese eso, uno olvida que antes llamó “desatar la arrechera” y ahora mismo, aconseja a los suyos a “no desmovilizarse después de haber votado". Quienes conocen su discurso y sus nada ocultas intenciones, comprenden bien el sentido de ese “discreto” llamado.

Pero mientras el ex candidato presidencial dice y hace todo aquello, María Corina Machado, en El Tigre, aquí en el Estado Anzoátegui, “se suelta el moño”, toma el testigo y se lanza con el siguiente discurso:

“El 8D enviaremos un mensaje claro a Miraflores y a La Habana”. Dice esto con su peculiar rostro pétreo y luego sentencia: “Se acabó”.

Cuando uno lee esto, no deja de preguntarse y ¿por qué a La Habana? ¿Van a seguir con el mismo discursito desleído y pueril, según el cual los venezolanos que apoyamos el proceso somos como “súbditos” de La Habana? ¿El mismo viejo y desacreditado trapo rojo del anticomunismo?

¿No les dice nada que de 195 países integrados a la ONU, de nuevo 187 han votado en contra de EEUU y en favor de Cuba por el asunto del embargo?

¿De verdad creen el cuento o se lo inventan para animarse, que toda la fuerza desatada por la revolución bolivariana y el chavismo desde 1989, proviene de Cuba y Fidel Castro? ¿No les dice nada que Chávez y el chavismo hablaron de socialismo del siglo XXI para anteponerlo al “socialismo real”? ¿No observan cómo ha sido la revolución bolivariana más bien la que ha motivado cambios en la isla antillana?

¿Qué sentido tiene esa expresión tan contundente de María Corina Machado: “Se acabó”?

Para comprenderla en su exacto sentido, leamos el complemento de su discurso, dado a los periodistas en El Tigre:

“Es momento de un cambio profundo”. Por cierto asunto que nosotros también podríamos decir. Pero ella se inventa una historia y una legalidad no de hadas sino de demonios:

“Nuestra Constitución permite los mecanismos para avanzar en un cambio de gobierno YA y esa posibilidad la da el pleno ejercicio de la soberanía”.

La soberanía, según la constitución, la ejerce el pueblo cuando vota. Pero para cambiar el gobierno nacional, al cual se refiere la dirigente derechista, la oportunidad más inmediata sería el referendo a mitad de ejercicio, previo cumplimiento de normas también allí previstas y en la Ley Electoral; pero Maduro, apenas tiene unos pocos meses en el gobierno. De manera que ubicándonos en el tiempo, y específicamente el 8 de diciembre, no hay nada previsto constitucionalmente para quitar a Maduro YA, salvo en la enfebrecida imaginación y deseo de la Machado. O lo que es lo mismo, las elecciones de ahora, lo sabe todo el mundo, hasta la nombrada lideresa, sólo son para escoger alcaldes y concejales.

De lo que se trata es que en esa carrera de relevo, le tocó hoy, en la ciudad de El Tigre, a la señora Machado, recoger el testigo que porta el más desorbitado y extremista, bien como resultado de la lucha interna que se desarrolla en la derecha o simplemente para distraer la responsabilidad ante el Estado y la opinión pública por los llamados a la inestabilidad y el caos.

¿No piensa la derecha que esos discursos que generan falsas expectativas en sus seguidores, podríanse volver contra ella al confrontarse con la realidad posterior al 8D?


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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