¿Capriles, arrecho o iracundo?

En días pasados, Roy Chaderton Matos, dijo que el jefe de PJ, entre tantas posibilidades lingüísticas, para definir su estado de ánimo y mandar a protestar a sus partidarios con posterioridad a las elecciones del 14-4, escogió la palabra “arrecho” o “arrechera”. Aunque bien pudo haber dicho el diplomático que en su estado demencial y por sus carencias, sólo halló esa.

-“Salgan a cacerolear con arrechera”, ordenó Capriles a los suyos. Mandato que se tradujo en 11 muertos e incontables atropellos y actos destructivos.

Pudo, según Matos, usar la expresión iracundia, la cual calificó como muy elegante.

En verdad, iracundia es hermosa y puede usársele con absoluta licencia. Expresa bien el estado de ánimo, es de buen gusto y se aviene más con las “clases altas”, a las que uno supone, por el indicador más evidente, el dinero, pertenece el gobernador de Miranda, que lo sigue siendo aunque nunca vaya al trabajo.

A las “clases altas”, históricamente se les asocia al buen gusto, cultura y hasta delicadeza. Fue de ellas de donde salieron los “Mecenas”, que financiaron el “Renacimiento” y hasta a los pensadores vanguardistas de ese tiempo. Atesoraron el dinero, tierras, mercancías y hasta la cultura. Fueron aquellos los tiempos del inicio del capitalismo y la muerte del feudalismo.

Pero en estos tiempos, no necesariamente se da esa asociación. Es más, pareciera que el dinero y el gusto por la cultura pocas veces se encuentran. Quizás por eso, el candidato de PJ, para asombro - ¿se asombró de verdad? – de Roy Chaderton Matos, pronunció, luego de rebuscar en su archivo mental, la expresión vulgar, soez, pese estar ante cámaras de televisión, mirada y oídos del mundo, de arrechera, en lugar de iracundia u otra.

Es cierto, que Capriles en su afán de ser presidente, se esfuerza en presentar una imagen que la asocie al pueblo. No se quita la gorra de jugar beisbol, viste de manera apropiada con ese fin y hasta pasa días sin afeitarse. Confieso pensar que eso debe costarle mucho esfuerzo, estando acostumbrado de por vida a otro comportamiento, hasta por natural coquetería. Pero en materia de léxico no tiene necesidad de desdoblarse, habla de la única forma que sabe hacerlo. Porque el dinero acumulado por el grupo al cual pertenece, le ha permitido muchos bienes, pero no el de la cultura y el buen hablar.

Es una muestra viviente de lo que arriba dijimos, el dinero no hace culto a nadie. Le genera ciertos hábitos, costumbres y comportamientos propios del grupo donde se mueve que algunos suelen confundir con buen gusto y hasta finura. Los ricos suelen ser soberbios y por naturaleza se sobre estiman. Pero el dinero no les hace cultos, porque además, eso no entra por ósmosis.

Es más, aquello escrito en la entrada de la Universidad española “Lo que natura non da Salamanca non lo presta”, es válido en cualquier espacio y tiempo. Si no se tiene talento no se aprende mucho y menos si no se pone empeño, esfuerzo extra, así se pase por una buena universidad y se cumplan los objetivos mínimos. Aunque, en cuanto a esto último, quedaría la duda, porque el dinero “es grasa que afloja cualquier tornillo”.

Pero cuando Capriles habla, en su lenguaje “corporativo”, usualmente violento y soez, hasta escatológico, nada de popular, porque éste está unido a la poesía, se acompaña de una gestualización manual, aparte de la mirada puyuda y amenazante, de iguales características. Nada tiene que ver con las “clases altas” de antaño, que también eran dueños, pero cultos y cuidaban los detalles y la mandonería. Mueve las manos de manera amenazante, cual aspas y como dijo Roy Chaderton, “como lanzas o garras” para intimidar a quien le escucha y vea; tanto como para que le obedezcan o le huyan. Claro, todo eso lo hace por puro instinto, el de una clase inculta, insensible, ancestralmente agresiva, depredadora y abusadora de su poder.

Capriles representa más al millonario capitalista, para quien el buen hablar, las delicadas y respetuosas formas, son síntomas de debilidad y muestras de ser pendejo. El, por el contrario, habla para dejar sentado, a través del simbolismo de la cultura que representa, al pueblo todo, para advertirle que no puede en este país, aunque sea mayoría, ejercer la soberanía y sus derechos, porque aquí mandan ellos “los amos del valle”. Es de aquellos que creen que pedir disculpas, cuando se comete error o injusticia, es gesto propio de los pusilánimes. Además, piensa que si tuviese que hacerlo se le iría la vida en eso.

No obstante, todo lo anterior, Capriles pudo usar otra palabra, eso no descalificaría lo aquí dicho, hasta Manuel Rosales tiene sus palabras sustitutas, no era necesario mucho esfuerzo, pero usó aquella por instintiva necesidad de generar violencia.

Pareciera un invento mío o algo traído por los cabellos, pero la frase “especulamos, pero damos empleo”, que hizo famoso a un tipo igual que Capriles, es una muestra de toda esa falacia y violencia que encarnan en la personalidad de este último.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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