De una vieja anécdota de Edgard Sanabria

Notas académicas de Capriles, vida en Nueva York y otras variables

            Una colaboradora de Aporrea, periodista y profesora universitaria, no ve “relación alguna entre esas variables”, cuando hace  mención a las bajas notas de Capriles en una Escuela de Derecho y al hecho que, supuestamente, tenga un costoso apartamento en la gran ciudad atlántica norteña.

           Dije “supuestamente”, porque eso no me consta, no me interesa, pero tampoco pongo en duda que sea cierto; tomando en cuenta el hecho que el mencionado ciudadano es miembro de familia que no hace mucho llegó a éste país, supo vincularse y relacionarse bien con los señores de los gobiernos puntofijistas y a los de antes también, y además, ha sido, por dos veces, gobernador de Miranda.  

          Por cierto que mucha de esa gente, suele decir una mentira, más o menos en estos términos:

            -“No tengo ni he tenido nada que ver con gobierno. Mis reales me los gané trabajando. Cualquiera puede cerciorarse, sin dificultad, que nunca he ocupado cargo en el gobierno.”

        Si uno mete la lupa y hace un poco de historia y sobre todo de la economía nacional, generalmente encuentra que aquel discurso es falso. En el origen de esas fortunas suelen haber tramas y vericuetos que conducen al gobierno. Algún viejo túnel, aunque aparezca tapiado, al despejarle nos lleva al llegadero o mejor a dónde empezó la vaina. Servicios recibidos a cambio de repartir algunos beneficios, sociedades ocultas y complicidades que llevaron, a quien en todo aquello participó,  a la riqueza fácil y excesiva. Sobre todo en un país rentista con las particularidades de éste.

        Las trampas son infinitas y los “empresarios tramposos”, que no han sido pocos, se las saben todas y se encargaban – y todavía se encargan - de enseñárselas a los “desclasados”, advenedizos que llegaban y llegan a posiciones “claves”.

        Son simplezas y ruindades del capitalismo, dentro de un país rentista, donde la corruptela se convirtió en “virtud”. Para eso, no se requiere ser Summa Cum Laude de universidad alguna, sino aprendiz de los recónditos, lúgubres despachos, oficinas o tugurios dónde se cuecen habas.

        Ahora, ¿qué tiene esto que ver con el subtítulo de arriba que hace mención al Dr. Edgar Sanabria, destacado profesor ucevista y ex presidente de la Junta de gobierno, en sustitución de Wolganf Larrazábal, cuando éste optó por participar en las elecciones presidenciales?    

         Según una anécdota de un compañero de la época, miembro de la directiva de la Federación de Centros Universitarios  de la UCV (FCU), muy cercano al “flaco” Sanabria, alguien una vez a éste le preguntó:

         -“¿Dr., por qué usted, destacado profesor universitario,  profundo conocedor del Derecho Romano, entre otras tantas especialidades, no ejerce la profesión de abogado, que le  permitiría ganar mucho dinero?”  

           Es obvio que la pregunta en sí, sugiere un acendrado concepto capitalista del valor conocimiento.

          El “flaco”, como le decían a sus espaldas al distinguido docente, según quien narraba la anécdota, respondió de esta manera:

           -“Un sola vez acudí a litigar a un tribunal. El abogado de la otra parte, fue un alumno mío de los peores, de esos que se graduaron con mañas. Al fin, cuando el juez sentenció, lo hizo en contra mía, pese la irrefutabilidad de mis argumentos y pruebas”.

            -“¿Cómo pudo suceder eso Dr. Sanabria?”, pregunto no sin asombro, quien con  él hablaba.

           -“Muy fácil, amigo mío. Mientras yo daba clases de derecho al juez, mi oponente, nada sutil, pero más convincente, le metía billetes en sus anchos bolsillos. Eso no lo enseñamos en la Escuela de Derecho”.

          De modo que para tener un apartamento en Nueva York o ser candidato presidencial de la derecha, no se necesitan notas elevadas dentro del currículo escolar. Carlos Andrés Pérez, fue presidente con el aval de la derecha, sin proceder de las clases altas ni historial académico, es decir, sin haber “relación entre esas variables”; porque quienes tenían las manijas en sus manos, estaban conscientes que aquél, sin título, ni nota académica o escolar alguna, sabían bien de sus mañas y derrotes.

         En mi pueblo, siendo yo un niño, se solía decir, “ese carajo es un burro lleno de real”. Si no, preguntémosle a Zuloaga que “especula pero da empleo”.  

         Pero hay más, la expresión que dio origen a este trabajo, subliminalmente, lo que no quiere decir conscientemente, sugiere la idea, dentro de la lógica del capitalismo, que la excelencia académica debe traducirse en cosas como esas de las que goza Capriles en la ciudad de los rascacielos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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