“Lo que natura non da, Salamanca non lo presta”

¿Por qué el rebuzno constitucional escatológico de Capriles?

Cada vez que Capriles habla, me remite a Manuel Rosales. Es una apreciación personal, quizás algunos no la compartan conmigo, es comprensible; el segundo decía sus burradas como con un dejo de inocencia, aunque fuese fingida e ignorancia confesa. No olvidemos, si a alguien se le ocurre buscar alguna explicación a eso, que el ex gobernador zuliano tuvo un origen humilde y eso marca. Además, apenas fue un maestro sin título o no “graduado”, como solemos decir en el medio e impactado por aquello del “autodidactismo” de Piñerúa.

Capriles no. Este es un togado. Por lo menos eso creo, pues he oído decir que “lleva un título de abogado”, aunque no de muestra alguna que aquello sea cierto. Además, procede de aquellos grupos que llegaron al país no hace mucho, un poco como aquellos que Herrera Luque, en los “Amos del Valle”, llamó “Las Águilas Chulas” y, aprovechando la inocencia del venezolano, se apoderaron de cuanto pudieron, “especulando pero dando empleo”. Por eso sus rebuznos, diferentes a los de Rosales, van enmarcados en gestos de prepotencia, ira, hasta pose de soberbia y muy falsa sabiduría. Claro, las “opiniones” de Capriles, además de procaces, carentes de sustancia, cosa que para nada le interesa, pues ni siquiera dudas tiene, solo tienen un fin.

La cosa empeora para el supuesto gobernador de Miranda, cuando uno mira el rostro en la fotografía que, el medio amigo suyo, usa para acompañar el texto. Pues no solo hay sandeces, galimatías, pequeñeces en lo que dice, sino además, se le percibe en la gráfica un gesto violento, iracundo, rostro amenazante y mirada brillante y llena de rabia. Parece pues un muchachito “digno” o mejor, genuino representante del sector de dónde viene; de los amos.

Pero hablando del fin. Capriles no es más que un típico oportunista. No podría ser otra cosa, tomando en cuenta que sin mérito alguno, salvo sus recursos, contactos familiares y clasistas, está jugando un rol apropiado para otros. Es decir, está de por sí en un rol usurpado.

Ese oportunismo de derecha le lleva a manejar cualquier carta. Apela a lo que sea con tal de mantener su estatus y oportunidades. No importa decir con su habitual odio, desfachatez e ignorancia una cosa hoy y otra mañana. Como al comerciante, lo importante es el sonido de la caja registradora; a él, sólo le interesa mantener sus apoyos para seguir de usurpador.

Por eso ahora, la noche que Nicolás Maduro, de conformidad al dictamen del TSJ y artículo constitucional 233, asume el rol de presidente encargado y sabiéndose se postulará como candidato en las próximas elecciones presidenciales, Capriles arremete contra aquél y TSJ diciendo disparates y cháchara bamboleante, de palabras que no encuentran equilibrio.

Invalida el dictamen del máximo tribunal, pensando como el hijo de los amos del país, lo previsto en la carta magna y arremete como carajito trastocado contra Nicolás Maduro.

¿Cuál es el fin?

Cualquier lerdo, hasta un jefe militar gringo, percibe que ganarle las elecciones a Maduro, que sería ganarle al mágico arañero, ahora más amado, es una tarea, no cuesta arriba, sino “misión imposible”. Por esto, Capriles, no sólo persigue que le pongan de nuevo de candidato, lo que trata de ganar con esa pose extrema e ilegal, aunque vaya al matadero, sino que al mismo tiempo intenta darle sustento a la desestabilización y salida por la violencia, atropellando la legalidad. Dentro de la óptica gringa y un amplio margen de la derecha, es un reclamo y condición indispensable.

Por supuesto, nada de esto colide con la información que corre, según la cual, la oposición podría no presentar candidatura. Lo que sería darle más respaldo a la falsa interpretación constitucional con fines inconfesables pero de sobra conocidos. Antes, con el mismo fin, se abstuvieron de participar en elecciones legislativas. ¡Perro que come manteca, mete la lengua en tapara!

Claro, como no es mentira que en la Venezuela de hoy, el ejército es el pueblo armado, sueñan con la invasión o generar un fenómeno inesperado. Los gringos prueban de todo “a ver que sale”. Ellos meten en la piñata cuánta vaina a mano tengan. ¡De repente! ¿Quién quita?

Capriles, como oportunista asume ese rol, porque quiere ser, ante la derecha y los gringos, “centro de mesa”, como solía decir mi abuela. Su liderazgo es falso o “de encargo”, porque lo que “Natura non da, Salamanca non lo presta”.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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