Por lo caliente pegó un largo miau y brinco a Costa Rica

El gato Briceño montado sobre el tejado caliente

En un trabajo que titulé “Gato sin botas, óptica ni ética”, acerca del salto de talanquera de quien para ese momento era Gobernador del Estado Monagas, dije que sus argumentos lucían como artificios o mejor, reconocimiento que nunca había estado de acuerdo con el proyecto que solemos llamar chavista, pero lo asumió por oportunismo puro.

Pues por un derrame de petróleo, que según él contaminó el río Amana, en lo que pudo haber tenido razón, al cuestionársele la manera de manejar el asunto, tiró por la borda lo que debían ser sus principios. Algo así, como aquel personaje que se dio un tiro en la sien porque le molestaba un callo.

Nadie, con sólo dos dedos de frente, ni afectado por algún interés inconfesable, pudo y puede creerle al individuo que si algo tiene de felino o mejor relancino, es lo de fingir, disfrazarse y hacerse la víctima.

Ahora, después de salir con las tablas en la cabeza en la contienda electoral, ágil como felino, de un solo brinco desaparece y reaparece donde nadie le esperaba; en San José de Costa Rica. Tuvo algo de razón el negro Guillermo Call, por algo es hijo putativo de Alfaro Ucero, cuando le recomendó apoyase la candidatura de la MUD, porque eso le garantizaba que no le revisarían las cuentas.

Pero al parecer, Yelitza Santaella, la nueva gobernadora y la dirigencia chavista, procedieron como le corresponde a jorungar la actuación del gato y pese a toda la tierrita que éste echó sobre cada cagada, pudieron encontrarlas.

Por eso el gato, corrió apresurado por los techos calientes, se sumergió en cada batea que halló llena de agua, con ropa por lavar o sin ella, para aliviar las quemaduras y fue a parar allá, donde gobierna gente que ellos, los derechistas, mudistas, adecos y demás hierbas, tienen como suya. Ahora, en el Perú, adonde fue a parar primero Nixon Moreno, antes de marcharse a “La Meca” mayamera, Manuel Rosales, Carlos Ortega y otros, a buscar cobijo entre los compañeros apristas, o adecos peruanos, gobierna Ollanta Humala, quien no pertenece a esa gente, ni tiene cartas guardadas contra Chávez. Por eso, ni Lima o Chiclayo les resultan seguras. ¡Ni de vaina, hay mucho dinero mal habido de por medio!

El gato, con el rabo entre las piernas, miró más al norte y recordó que Costa Rica todavía puede ser un refugio para tipos como él, más si lleva una recomendación de los viejos de la cuarta o se hace pasar por víctima; si se llevó unos reales, lo que en realidad debe ser la causa de apresurada y misteriosa fuga, con ellos y una “buena” carta de recomendación mafiosa, sabe que allá tendrá acogida.

“El comunismo me persigue” dirá allá el gato. “Haber discrepado del gobierno, haberle enfrentado electoralmente me convirtió en perseguido”. Lo que no podrá explicar será por qué aquellos que también perdieron y hasta ganaron como Capriles, pero son opositores, nadie les persigue y asumieron sus mandatos. Pero en San José, nadie se ocupará de interrogarle e interrogarse acerca de esas nimiedades.

Recordemos que el gato, ese santo perseguido por su sombra y malos procederes, es el mismo que después de haber estado en el gobierno con Chávez, de repente, pese ser un cuadro importante del partido, además de gobernante, como quien descubre al voltear la esquina por qué se evapora el agua, flotan los cuerpos, gritó ¡eureka!, ¡coño de la puta madre!, me acabo de enterar que este gobierno es comunista; por eso con mis reales que he juntado, ayudado por mis testaferros, me marcho al bando opositor, pues intuyo que el chavismo no volverá a lanzarme y hasta puede que hallen la punta de la madeja.

El gato saltó de techo en techo, se montó sobre cuanta batea pudo, aterrado porque habrían de descubrirle, convencido que sus fechorías eran más conocidas que las acciones del espía Salazar de Pampatar, mientras meditaba de manera agitada a dónde ir. Se acordó, porque todos los nudos llegan al peine como solía decir mi suegra, que allá en Costa Rica hay un muy viejo nexo con la gente de la IV. Al fin, después de tanto saltar techos calientes, eludiendo la jauría que a todo gato huidizo persigue, se zambulló en una batea fría. ¡El comunismo es una vaina!

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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