Carta a una hermana escuálida

Apreciado hermana

Nos conocemos bastante bien como para que no me ande con rodeos a la hora
de manifestarte cuan decepcionado me siento de la actitud de una persona
a quien amo tanto y a la que llegué a admirar por su inteligencia y
capacidad de análisis. Hoy, al ver tu actitud pública, al escuchar tus
análisis y al identificar tu aliados, no puedo dejar de sentir lástima y
recordar con nostalgia aquellos días en las que tomar un café era una
buena excusa para un largo intercambio de ideas sobre el destino de la
patria y la conducta del verdadero enemigo de ella y sus cipayos
internos.

Yo puedo entender que no sientas simpatía por el comandante Chávez, ese
es tu derecho; pero verte escudriñando argumentos para justificar que a
Venezuela le hace falta que la gobierne un miembro de la oligarquía y que
no debe descartarse una intervención armada norteamericana, me resulta
por lo menos grotesco.

Sé que ahora estamos en aceras diferentes, desde el punto de vista
político, pero yo jamás tiraría el amor filial al cesto, por esas
diferencias. Por ello me resulta incomprensible que el odio que sientes
por Chávez te haya llevado a desear mal a todos los chavistas…
incluyéndome junto a mis hijos.

Nosotros somos unos pocos y quizás lo menos importantes, por ello más
duele es ver a una persona de tu dimensión intelectual, definir al pueblo
humilde como parásito del gobierno, como borrachitos consecuentes, como
irresponsables procreadores de miseria y peor aún: pedir a gritos un
gobierno “que los devuelva a donde siempre debieron estar, pues nadie los
mandó a ser brutos y vagos”.

Me niego a rebatir esa posición. Hacerlo sería darle cierta validez y
como añadidura ofendería tu inteligencia, pues a pesar de tu odio al
Presidente, no puede ser que te hayas convertido en una persona estúpida
y sin valores.

El problema es que al no hacerlo también te tengo que ofender, pues con
ello te califico de disociada, de enferma y de manipuladora. Mas no tengo
otra opción… hasta allí has llegado

¿Cómo hago para entender que una persona a la que creí conocer tan bien,
pueda estar convencida de que a Venezuela le hace falta un gobierno que
imponga las medidas económicas que hoy tienen en la ruina a buena parte
de Europa y que aquí implementaron Carlos Andrés, Luis Herrera, Lusinchi
y Caldera con resultados harto conocidos?

No hermana, esa no es la salida y lo sabes. El problema es que tienes el
alma envenenada y ello te ha transformado en lo que hoy eres… un ser
humano capaz de aceptar como líder a cualquier imbécil que tenga
suficiente dinero para comprar hasta una candidatura.

¿Qué pasó contigo? ¿Cómo puede una persona como tú, repetir los
argumentos de un Capriles Radonski, quien intelectualmente no te da por
los tobillos? ¿Cómo puedes hacer tuyas las opiniones de los mismos
palangristas que en el pasado despreciaste por su descarada manipulación
de la información? ¿Cómo puedes coincidir con unos mediocres dirigentes
adecos, sin sentirte disminuida como ser humano? ¿Cómo puedes
solidarizarte automáticamente con cualquier delincuente, sólo porque se
define como antichavista?

¿De verdad puedes irte a la cama (y dormir) con la conciencia en paz,
después de haber defendido ante cualquiera que se cruce en tu camino, la
tesis de un Ramos Allup, de un Manuel Rosales, de un Teodoro Petkoff, de
un Omar Barboza, de un Oswaldo Álvarez Paz o de un Antonio Ledezma?
No sé, pero me cuesta creer que tu inteligencia se haya ido de vacaciones
y hoy le des credibilidad a los argumentos que exponen que Mazuco,
Mezherane, Vivas, Forero, Nixon Moreno, JC Caldera son simples víctimas
políticas de un régimen dictatorial.

¿Cómo es eso de que hasta hace unos meses las misiones te parecían
simples programas populistas que había que desaparecer y ahora, en medio
de una campaña electoral, aceptas con la mayor desfachatez que esas
mismas misiones deben ser preservadas y hasta protegidas con una ley?
¿Cómo puedes aceptar una manipulación tan descarada de tu voluntad y de
tu opinión?

Hace muchos años me dijiste que si alguna vez coincidía con los adecos,
tenía que revisar mi posición; pues la experiencia que ellos tenían,
sumado a la falta de escrúpulos y moral de sus dirigentes, era garantía
de que el equivocado era yo.

Hoy te pregunto hermana ¿Perdieron la experiencia? ¿ganaron escrúpulos y
moral? ¿Cómo te sientes coincidiendo con las posiciones de los amos del
valle?

Sé que algún día rectificarás y aunque hoy te molestes por lo que
escribo, en este lado de la acera te espero.

arellanoa@pdvsa.com


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Alexis Arellano


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