A Pablo le saldaron cuentas; la de gringos y MUD

¡Por fin le dieron Visa al pre-candidato Pablo!

Todos, menos él, habían sido visados. Eso le venía preocupando, más ahora que ostenta el rango de precandidato presidencial inscrito en la MUD, aunque “fiao”, previo pago de cuota inicial  chucuta y firma de unas letras. Llegó a pensar en la conveniencia de pagar lo más rápido posible, para lo que algo tendría que inventar, porque ese retraso de la embajada no le estaba gustando nada.

  Pensó que Ramón Guillermo Aveledo, a quien recién conoció, a raíz de su presentación en sociedad, es un águila y pudo haberle puesto la piedra é tranca, olfateando que  también tiene la intención de no pagar el mono que le queda en la MUD.

  -¡Cónfiro!, es posible que haya mandado alguna nota a la embajada notificando que todavía no me den puerta franca, hasta no pague o por lo menos ofrezca seguridad que lo haré en el momento preciso. 

  Pablo se dijo lo anterior, porque veía que todos cogían para allá; venían y volvían a ir y a él, nada que el embajador gringo le mandaba la visa que había solicitado unos meses atrás.

 Para más vainas, con chocancia, le contaban lo grato que se pasan los días en Miami y en Orlando, viendo cabriolar delfines, ballenas y tomarse fotos con Donald y Mickey Mouse.

 Además, cada día tomaba más conciencia que precandidato MUD sin visa gringa es como correr con un tiro en la pata.

  -Dejé de hablar contra los gringos; aquella entelequia de imperialismo que todo el tiempo tenía en la boca se me secó totalmente. Tanto que ya ni recuerdo su significado. Pedí excusas por andar diciendo por allí, eran vainas de disparatero, que no debíamos pagar la deuda externa; ahora reconozco que toda ella es legal. Lo que no puedo avalar, porque la embajada no le importa, es lo que hicieron con esos reales. Pero de pagarla, si me lo preguntan de nuevo, digo con justicia, hay que hacerlo.

 - De unos años para acá, desde me alejé de la mala influencia del chavismo, he sido portavoz de la tesis que ahora de nuevo enarbola Oscar Arias, a quien sus enemigos, irrespetuosamente llaman “mandadero principal de gringolandia”, de la necesidad de eliminar las fuerzas militares en América Latina.

  - ¿Para qué su existencia? ¿Es acaso complicado entender que EEUU con su enorme poderío puede encargarse de la defensa nuestra? ¿Cómo no comprender que de esa manera nos ahorraríamos un realero? Todo hermano mayor protege al chiquito.

  -Por haber comprendido esas cosas y roto con la ortodoxia que no ve bondad en gente como Hilary y lo trascendente que pese su importancia, EEUU tiene de presidente a un carajito como Obama, estoy donde estoy, como llegando a la pomada.

  -No obstante, esas contundentes muestras de amistad, evolución y entrada en una etapa madura y reflexiva, en bajada, el embajador nada que me manda la visa.

  Pablo, en verdad, razones tenía para cargar aquel cúmulo de mortificaciones. De los viejos izquierdistas que decidieron cambiar de rama, santo y seña y, como él mismo, dieron contundentes muestras de arrepentimiento, pocos habían sido sometidos a tan larga espera. Le preocupaba lo que le pasó a Betancourt; a quien para otorgarle una baja calificación de amigo tuvieron que verle ordenar “disparen primero y averigüen después”. Permitir la tortura, prisión, asesinatos de antiguos y noveles camaradas.

 -En verdad, ya tengo miedo, y ando “Ahora cuesta abajo en mi rodada”, pero no estoy arrepentido, sólo que “las ilusiones pasadas, no me las puedo arrancar”. ¿Qué otra prueba habré de dar? ¿Qué hago?

  Cuando menos lo esperaba, pues no había hecho nada nuevo, sino caminar persistentemente en rectángulos, aunque fue casa de Ramón Guillermo y le juró “por esta”, “en cuanto me paguen un susú que juego entre otros con Andrés Velásquez, te lo daré completo en pago de cuotas adelantadas”, le llamaron:

  -“Pablo, es de la embajada; véngase ya, en una hora le esperamos en la puerta de atrás, para que un portero le entregue su visa.”

  Antes de colgar, como simple despedida, la voz impersonal e indiferente, tajantemente le recomendó, “Pablo, cuando vengas, deje la pistola allá, pero traiga un collar.”

  Para nada le importó esa última recomendación ni nada más; lo importante y sublime se había dado, ¡coño, por fin, me concedieron la visa! ¡He sido consagrado! ¡De aquí a la nacionalización hay pocos pasos! ¡Ya puedo entrar como perro a su casa! Cerró preguntándose mientras sonreía ¿qué le van a tiriquitiá a mi visa?

  Y como los demás, los de viejo y nuevo cuño, se fue a Miami; hizo antesalas, dio exhibiciones gimnásticas, en su caso fue más exigido que los otros y le pusieron en el collar un botón grande con la leyenda “good friends”. Pablo se infló y mostró feliz.

  Como bien le gusta devolver con creces lo que le han dado, llamó a la prensa; allí estuvieron EFE y CNN, con sus cualidades de rectitud y veracidad por delante, para escuchar lo que diría Pablo.

  Pablo es distinto. Los demás entran y salen agachados; el jamás haría eso; además “amor con amor se paga”.

  “Pido se investigue a funcionario consular venezolano” a quien señaló de complicidades con el gobierno de Irán.

  De ahora en adelante Pablo puede ir y venir cuando quiera, sus cuentas están saldadas,  hasta la que tuvo en la MUD.

  En verdad, Pablo asombra, no le conocíamos esa cualidad. ¡Cuánto agradece los favores!

damas.eligio@gmail.com



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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