La cara de falsete, delincuente i conspirador de Leopoldo Castillo el matacuras

“El tacto en la audacia es saber hasta

    dónde se puede ir demasiado lejos”                    

                      Jean Cocteau

 

      Cuando el audaz no heroico, sino el mediocre con rabo de paja, quiere aparentar una seriedad en sus burdas e inconsecuentes denuncias o falsas afirmaciones, resulta menos talentoso i risible que un payaso de aldea que trata de hacer reír i todo concluye en morisquetas. Eso lo he visto anoche en ese programa tan temido por la poco inteligente oposición, como lo es La Hojilla. Primero había escuchado en el excelente programa de Tania Díaz, DANDO Y DANDO, la intervención del Viceministro del Minci, Mauricio Rodríguez quien tratando los disparates i agresiones de los “partidos mediáticos” se valió de una cita de Noam Chomsky, un filósofo del lenguaje norteamericano hasta hace pocos años atrás desconocidos para muchos, quien ante las injusticias propagadas por su propio país, ha incursionado en la política internacional, con estupendos libros e intervenciones por los medios de difusión de ideas, i no de barbaridades. Rodríguez citó lo dicho por este filósofo (seguro que jamás leído por un analfabeta cultural como Leopoldo Castillo) en una entrevista con la brillante i bella abogada estadounidense i venezolana, Eva Golinger. Chomsky dijo que la participación que tuvieron los medios televisivos en el genuino i confirmado golpe de estado, en abril de 2002, los protagonistas hubiesen recibido en USA i en Europa, pena de muerte, aclarando luego que pena de muerte en USA i prisión perpetua en Europa. Era, pues, un decir en palabras de un notable hombre de pensamiento, traído a colación para comparar con lo que aquí sucedió: no solamente que el TSJ declaró no haber acaecido un golpe de estado, sino un vacío de poder;  que no hubo prisión o secuestro de un presidente, sino que fue incomunicado para protegerlo en manos de militares preñados de buenas intenciones; que regresó más pacífico que nunca con un crucifijo en la mano i posteriormente concedió un indulto a tantos traidores a la patria, que asesinaron hasta personas de su misma tolda. Eso todavía, indigna a muchos, porque en nuestro país, lo que existe como pena máxima son treinta (30) años de prisión i numerosos grupo de militares i civiles lo merecían. Mauricio Rodríguez habló con toda propiedad, sin cometer ninguna falta como para comprometer al mismo presidente, con algo ni siquiera parecido a la pena de muerte, tal como la tortura internacionalizada por el genocida que superó a Hitler i a Stalin, como lo ha sido el presidente Bush. Entonces, en La Hojilla, pude ver la cara de delincuente de ese señor que llaman el Matacuras, recordando su actuación en complicidad con la CIA i grupos conservadores, en su estada en El Salvador como supuesto embajador, i para colmo me dice que es zuliano i posiblemente un rendido devoto de “la Chinita” que tal vez reza, canta, i comulga, posiblemente con un escapulario con la efigies de Baltasar Porras i Roberto Lückert.

      Este señor, que ignoro su profesión o si es periodista, tiene una mirada de los que Baeuchemais decía que “con cara de letrado, anda mucho burro disfrazado”, i en la mirada cínica, los labio rectos semiocultos por un bigote entre blanco i gris, i los gestos para dirigirse a los invitados o a secretarias contaminadas por su estulticia disimulada i “virada de ojos”, repetía i mandaba a repetir el video, que el viceministro i posiblemente con la aprobación del Presidente Chávez, estaban pensando en la pena de muerte para los delincuentes mediáticos. Aquí, que todos recordemos, solamente se oyó pedir pena de muerte en el congreso, a aquel energúmeno de Morales Bello, que tal vez el matacura lo supo i no protestó a su debido tiempo. Aquí solamente vimos pena de muerte para los políticos de la oposición, los hombres de izquierda o los comunistas que les metían miedo, durante todas las presidencia de la IV República, empezando por falso demócrata de Bethancourt, superado por Leoni el Buenote, i por todos los demás. Las torturas, las desapariciones i la pena de muerte, incluyendo algunas especiales como la del maestro Lovera o Jorge Rodríguez padre, estuvieron presentes hasta que llegó la Revolución Bolivariana, donde como en los tiempos de Medina Angarita, el verdadero primer presidente demócrata, no ha habido ni un solo preso político. Eso sí, políticos presos (i escapados) por enriquecimiento ilícito, corrupción i delitos comunes. Por cierto felices i estimulados, porque ahora tienen dos paraísos de amparo delincuencial: Miami i Perú enterito, país al cual se les ha enviado los corruptos o delincuentes que ellos solicitaron, pero que un presidente que recuerda sus aventuras del pasado, ahora los ampara por ser caimanes del mismo pozo o río.  Por eso, a este ejemplar de Alo Ciudadano, hai que recordarle lo que decía Cervantes “los delitos llevan en la espalda el castigo”. Recuérdalo cuando sientas que tienes joroba.




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Roberto Jimenez Maggiolo


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