Jugadas de bolsa

"Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida...". Relato de Sergio Stepansky de León de Greiff

Los caprichos idiomáticos nos permiten denominar como juegos ciertas actividades que representan lo contrario a un divertimento o acción recreacional. Se habla, por ejemplo, de "jugar a los gallos" cuando, en primer lugar, dichos gallos no se prestan para mamaderas de ídem, pues sus instintos los obligan a pelear a muerte. Por otra parte los aficionados a estos menesteres, lejos de ser juguetones y joviales, son apostadores compulsivos, ávidos de jugarse hasta la camisa respaldando al plumífero de su preferencia.

Los angloparlantes hablan de "jugar el piano", como si tocar éste u otro instrumento no fuera una ardua labor artística que involucra dedicación, estudios y seriedad.

La cosa se torna más absurda cuando se trata de la actividad que llevan a cabo en esos oráculos para venerar al capitalismo salvaje que son las bolsas de valores. Hasta hace poco no me explicaba por qué lo llaman el juego de la bolsa, siendo que ni los accionistas, corredores o inversionistas parecían estar jugando.

Sin embargo, y por lo visto, eso es lo que hacen en las bolsas, ya bien sea en Wall Street, Londres, Buenos Aires o Hong Kong. Se trata de un juego de apuestas a escala planetaria, donde los bienes y servicios se someten a los caprichos de la especulación.

Maquinarias desinformativas crean ficciones de lucro al anticipar altos precios o ganancias a contrapelo de la realidad. Así, por ejemplo, el petróleo se pone a valer muy por encima de su costo real, al amparo de maniobras truculentas orquestadas por grupos transnacionales. Mientras los precios permanecen altos se hinchan de obtener beneficios; luego, cuando se desploman, colocan las ganancias en otros rubros, incluyendo fuentes de energía alternativa para acentuar el descalabro.

Los países que controlan su producción petrolera deben alternar las arrancadas de caballo con frenadas de burro. Lo importante es mantenerse perspicaces y previsivos en tales situaciones.

Total, el petróleo sigue a buen resguardo en nuestro subsuelo, como si estuviera en una alcancía que se debe administrar sin creer en jugadas raras.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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