Más allá de las LOLAS

En momentos donde pareciera que lo principal y más inteligente para poder tener espacio y preferencia en los grandes medios de comunicación social privados, es precisamente a través de las quirúrgicas “bondades” de la LIPO y el atractivo y poco seguro aumento de las siempre paradisíacas LOLAS; existe una realidad que comienza poco a poco a tener un significativo impacto y participación del venezolano común y revolucionario de nuestros días. El nada desestimable porcentaje de los que hoy se encuentran inmersos y promoviendo los Consejos Comunales, Comités de Salud, de Ancianos, Mesas Técnicas de Agua y Energía, Misión Róbinson, Ribas, Sucre, Barrio Adentro, Madres del Barrio, Milagro, Revolución Energética, o simplemente aquellos que, ganados a hacer de su tiempo algo digno para su futuro, día a día acompañan y promueven la aleccionadora programación de canales como Venezolana de Televisión, Vive TV, Radio Nacional, etc, etc, y etc; confirman y demuestran sin lugar a dudas un creciente abandono de la consideración y valoración de la ciudadanía ante los grandes medios de comunicación privado, aun cuando no hace mucho éstos prácticamente gobernaban toda la vida y existencia de su imaginario creador. La Explosión Comunal no sólo viene acaparando un creciente margen de popularidad y audiencia, sino, y sobre todo, promueve formas y modos específicamente ideológicos de cómo conocer, estructurar, comunicar y entender la realidad que los circunda, y que al mismo tiempo los condiciona y promueve ha ser parte activa dentro de su afán de inclusión en el futuro.

Precisamente los aciagos días del golpe del 11 de abril evidenciaron no sólo al gobierno revolucionario sino también al pueblo organizado, la estratégica obligación y urgencia por tener y mantener canales efectivos y seguros donde poder convocar y movilizar los intereses propios de la mayoría de los venezolanos. El 11 de abril no sólo crudamente develó la extrema irresponsabilidad (moral y constitucional) de algunos medios de comunicación social, al abandonar premeditadamente la supuesta misión y razón de ser (Entretener, Educar y Comunicar veraz y oportunamente), sino que desmitificó de forma casi instantánea la errónea concepción que nos habían vendido precisamente estos mismos medios, el supuesto axioma capital sobre la muy cacareada e inexistente reputación de credibilidad. Muy en el pasado quedó eso de que sí lo decía la televisión, la radio o la prensa: era indiscutiblemente cierto; precisamente con la toma de RCTV y Globovisión quedó sentenciado que el pueblo organizado ya no sólo está en capacidad de discernir sobre lo que le concierne, sino, y sobre todo, que es capaz transformar las adversidades que le imposibiliten ser partícipe y protagonista de una comunicación que indefectiblemente lo involucra y le condiciona un futuro mejor. Fue precisamente éste, el pueblo organizado y valiente, quien consideró, en estos aciagos días, la importancia de hacer saber al país lo que realmente acontecía en Venezuela, y por ello como nunca antes reclamó incondicionalmente su derecho a participar dentro de la actividad pública.

De igual modo tampoco podemos ni cuestionar ni pretender desconocer la existencia de un ruido cuando perfectamente sabemos que el río trae piedras. Es claro que muchos y muy caros son los intereses que merodean el hecho comunicacional, de ahí que las contradicciones, escepticismos y otras aberraciones de algunos personajes (tanto del gobierno o con cierto poder en él) francamente asquerosos; pero con todo y los conocidos avatares el problema de la comunicación ya no está siendo asumido exclusivamente por estos sectores, el pueblo organizado ha comenzado a reconocer las herramientas de su poder.

Precisamente en este sentido, con júbilo y apoyo hemos reconocido la labor de un grupo de compañeros que con mística y la carencia visible de las más mínimas condiciones, se ha dado la tarea llegar a las comunidades ha desmitificar todo lo concerniente a los tabúes de cómo lograr un periodismo impreso comunitario. Ellos a partir de lo más propio y cercano de los elementos que abundan en cada una de las comunidades han emprendido formas relativamente posibles cómo construir sus propios medios de información. Los compañeros Anny Higgin, César Lares, Dayana López, pertenecientes al movimiento de medios alternativos y comunitarios, han logrado visitar una serie de comunidades con el éxito propio de los que, verdaderamente comprendiéndolas, oxigenan sus experiencias en base al firme propósito de aceptar su condición facilitadota de esta labor reivindicativa, y nunca pretender sus voceros o representantes.

Para muchos está claro que la actualidad de la comunicación social privada en Venezuela se rige por los imperativos del BISTURI y la LIPOSUCCIÓN. Es sorprendente el grado que ha alcanzado la enfermiza batalla por idealizar los conejeados estereotipos de las playboys. Nada sorprende que actualmente en los espacios noticiosos y de opinión la constante ya no sean los lentes que daban, en el otrora, cierto aire intelectualidad a sus moderadoras, hoy en cambio lo primero que salta a la vista son las madre razones que amenazan con salirse al aire a pesar de un enclenque y en apuros botoncito. Con razón la pobre Marta Colomina ya no se encuentra al aire, no dispone, como todo el mundo se habrá dado cuenta, de razones como mantener su orgullo. Pero con todos y estos diarios pretendidos, realmente existe en Venezuela una creciente resistencia moral y ética que permite neutralizar la concepción que entre menos ropas más se mira…

waldo.munizaga@corpomaracaibo.net


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Waldo Munizaga


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