Un grano de maíz

Lejos, muy lejos

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.

Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo.

Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente".

Así iniciaba Fidel su intervención en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, el 12 de Junio de 1992.

Y concluía con un llamado angustioso: “Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.

Ese era el desafío dramático hace ya casi veinte años. Hoy cada vez se acerca el día del “demasiado tarde”, las condiciones adversas a la vida en el planeta aumentan cada minuto, y nos acercamos al punto de no retorno, las señales son incuestionables.

La humanidad necesita un cambio cultural de gran magnitud, la cultura capitalista no es viable, en esto coinciden casi unánimes los científicos.

Oigamos lo que dice Claus Leggewie, Director del Instituto de Estudios Culturales (Kulturwissenschaftliches Institut, KWI), de Essen, y uno de los nueve integrantes del Consejo Científico del Gobierno Federal de Alemania:

“El Norte rico no puede seguir como antes, los países industriales en ascenso deben abandonar la antigua vía a la prosperidad basada en la industria, y el resto del mundo tal vez ni siquiera pueda internarse por ella.(…) No hay indicios de que vaya a haber un cambio tan radical.”
Hoy, nadie hace nada importante, la especie humana está paralizada ante su inminente extinción, sigue imperturbable su camino a la extinción.

Para los revolucionarios, para los socialistas este es el reto principal, no hay nada más allá de la existencia de la especie. No hay mucho tiempo para salvarla. Es necesario construir, con urgencia de vida o muerte, el ejemplo que guíe al mundo.

Es aquí en Venezuela que está la posibilidad de dar ese ejemplo, esa es nuestra responsabilidad.
Pero estamos lejos, muy lejos de estar a la altura del compromiso. Pasamos los días contemplándonos el ombligo, absortos en nuestros problemas aldeanos: las elecciones, las bases, el dólar. Pasamos la vida sosteniendo la vida que nos lleva al abismo.

No somos capaces de controlar nuestro consumo, de disminuir nuestras inconciencias ni siquiera en una partícula minúscula. El despilfarro de todo nos lleva a la tumba, nos comportamos igual a casi todas las naciones, contaminamos sin medida y sin conciencia. No somos el ejemplo que necesita el mundo.

El Socialismo, cambio radical del rumbo, es vital, no se trata de una opción más, no se trata de ir poco a poco, es urgente para salvar a la humanidad.

No podemos perdernos en metas subalternas, tenemos que fundar caminos, asombrar al mundo por nuestra ética, nuestra relación armoniosa, entre nosotros y con la naturaleza. Ese es el reto: salvar a la humanidad, “lo demás no importa nada”.

¡El Socialismo es la vida!

¡Chávez es Socialismo!



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Antonio Aponte

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 @ungranodemaiz

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