Marruecos

Las mujeres en primera línea de las manifestaciones populares

En todo Marruecos se expresan reivindicaciones sociales múltiples que reflejan el hartazgo con el aislamiento, la marginación y la exclusión. Estas reivindicaciones se articulan en torno al empleo, la vivienda, la salud, la educación, el agua, la electricidad, la inseguridad… La lucha de clases y los conflictos de intereses ya no se dan exclusivamente en las fábricas, sino que se ponen de manifiesto en todos aquellos lugares en que la sociedad aspira al cambio y los poderosos desean imponer sus propios intereses.

Estas movilizaciones, consecuencia de las políticas neoliberales, adquieren un ritmo cotidiano y se materializan en forma de manifestaciones y revueltas populares, tanto en el medio rural como en zonas urbanas. Las estadísticas publicadas por el ministerio del Interior y la prensa dan fe de este aumento de los movimientos de protesta. Abarcan situaciones muy diversas, desde la respuesta espontánea de la gente que habita en barrios de chabolas cuando las fuerzas del orden derriban sus viviendas, hasta sus luchas por una vivienda digna y las manifestaciones contra el paro, las malas condiciones de trabajo, el aumento del coste de la vida, la inseguridad pública…

En 2005, el número de movilizaciones de protesta ascendió a unas 700, es decir, en promedio a dos por día, como reconoció el ministro del Interior de la época, Chakib Ben Moussa, ante el Parlamento en diciembre de 2005. Esta cifra se multiplicó por 25 en 2012, registrándose oficialmente 17.186 actos, concentraciones y manifestaciones de protesta en el espacio público, es decir, 50 manifestaciones al día 1/. Este número de manifestaciones es un indicio de la insatisfacción generalizada y del rechazo de la situación actual frente a las políticas adoptadas por el Estado de reducción del gasto público, de la degradación de la situación económica y social de la gente pobre y en particular de la situación de las mujeres, que se ha deteriorado más rápidamente que la de los hombres.

Esta degradación de la situación de las mujeres en comparación con los hombres es la consecuencia inevitable de la discriminación que sufren ellas en diferentes niveles, especialmente en materia de educación y empleo, obligando a la mayoría de las que trabajan a hacerlo en sectores frágiles, en unas condiciones de trabajo precarias e inestables. Esta situación impide la satisfacción de necesidades y derechos fundamentales, ya que las mujeres se ven incapacitadas para cubrir los costes de la alimentación, de los estudios y de los cuidados de ellas mismas y de sus hijos e hijas… E incluso si disponen de estos recursos, la mentalidad patriarcal predominante en la sociedad lleva a privilegiar a los hombres frente a las mujeres en el ejercicio de derechos fundamentales.

Frente a esta ofensiva encarnizada, las mujeres se hallan en la primera línea de la resistencia, de la lucha por el acceso a los servicios públicos y de las luchas populares que reclaman la justicia social y el disfrute de sus derechos fundamentales. Proponemos a continuación algunos dejemplos, entre otros, de luchas en que la presencia de mujeres ha sido determinante.

Fuente: Revista VientoSur


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