La Guaratara

China lo inventó

China inventó los grandes muros para contener a los Mongoles. Desde doscientos años antes de Cristo hasta el siglo XVI de nuestra era, cuando la Dinastía Ming seguía confrontando a las tribus nómadas, por fin la Dinastía Qing anexionó a Mongolia, dando término a la razón de una hazaña arquitectónica que llevó a China a construir el muro más grande del mundo, con unos 21.200 kilómetros de largo. Mucho tiempo después en Alemania se levantó el muro que dividió a Berlín y unificó a la opinión pública contra esta pared de 155 kilómetros y cuatro metros de alto. El muro llamado, originalmente, "antifascista", al final de sus tres décadas, terminó siendo denominado "Muro de la Vergüenza", pero las lecciones de la historia, con una China liderando el comercio mundial, no por su apilamiento de ladrillos y Berlín a la cabeza de la economía europea, no por la longitud de su pared, nos muestran dos vergonzosos muros de infamia: el que levanta Trump en la frontera con México y el brutal apartheid de Israel para encarcelar, en su propia tierra, a palestinos y cristianos.

China también inventó la pólvora, paradójicamente, en busca de vida eterna. Los taoístas que practicaban la alquimia escribieron sobre la interesante mezcla de tres sustancias. En el siglo X de nuestra era, la Dinastía Song usó por primera vez la pólvora con fines militares, seguida por los Mongoles que la llevaron a Europa, continente que le dio el uso más sangriento de la historia, no sólo entre sus belicosas naciones, sino en la invasión, explotación y exterminio de pueblos lejanos como África y América, pero fue Estados Unidos que empleó la mezcla explosiva contra sus propios nativos y conciudadanos, imponiendo el señorío supremacista contra negros y amerindios, en una ambición genocida que se ha proyectado a México, Centro y Suramérica, Eurasia y Oriente Medio. Mientras Bolívar, Martí, Petión, Artigas, Sandino, el Che y Fidel usaron la pólvora para liberar su Patria Grande de los invasores, los presidentes de Estados Unidos e Israel recurren a la mezcla infernal para condenar a un fuego incesante, aquí mimo en su tierra, a Palestinos, Iraquíes y Sirios.

Científicos nazis avanzaron en la creación de un arma nuclear para llevar a niveles monstruosos los, cobardes, ataques a civiles. Gracias al Ejército Soviético sus planes se truncaron y Europa se salvó de un exterminio total, pero mientras la Unión Soviética se apresuró a desarrollar energía nuclear y alcanzar el espacio, Estados Unidos se enfocó en la bomba atómica y el Proyecto Manhattan terminó "probando" su infernal efecto contra inocentes habitantes de Japón. Así las cosas, los nazis pensaron en la destrucción total atómica, pero Estados Unidos la ejecutó. Hitler llevó a cabo el antisemitismo propuesto por el mismo liderazgo sionista encabezado de Rosenthal, que hoy ejecuta el Estado de Israel contra los Palestinos en una tierra que los mismos judíos alemanes reconocían como ajena. La historia se repite, trágica y peligrosamente, pero con más claras intensiones de exterminar unos para la sobrevivencia de pocos, como ocurre en el Bronx y la Palestina ocupada.

China fue la primera nación Estado que usó papel moneda y extendió su influencia comercial desde Asia hasta Europa con la ruta de la seda; un tejido cultural que imbricó diversas nacionalidades, pero Estados Unidos está dispuesto a imponer su dictadura comercial y sostener, por la fuerza, el dólar como moneda única. Para acabar con el libre mercado, Donald Trump recurre a sanciones unilaterales, confiscando activos y transacciones de naciones soberanas. Es la crónica de una muerte anunciada; el "imperio" y el dólar sólo pueden mantenerse en una economía dictatorial, racista y gobernada por la especulación bancaria. Si los barcos norteamericanos impiden el libre intercambio de Irán y Venezuela por aguas internacionales, el mundo entero reaccionará porque hay dos políticas de Trump que amenazan la especie humana: el manejo del Covid19 que han copiado Brasil, Ecuador y Colombia, y el robo descarado de activos venezolanos en el sistema financiero mundial. Esta vez el pragmatismo de Trump no sólo amenaza la paz y la vida, sino también las libertades de comercio que son clave para recuperar la economía post-pandemia.

 



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Joaquín Román Rondón Santiago

Profesor universitario

 unellezjoaquin@gmail.com      @LaGuaratara

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