Los primeros errores de la flamante Presidenta de Bolivia

De verdad que en nuestra condición de periodista independiente, apegado al estado de derecho, a cualquier Constitución que sea válida, y a las decisiones de las mayorías, nos cuesta tener que hablar de un personaje que precisamente rompió con todos los esquemas que deben prevalecer en una democracia genuina, robusta y verdadera.

Por ello hoy, a escasas horas de haberse consumado el golpe de Estado en contra del presidente Evo Morales, nos proponemos referirnos en esta nueva entrega a la flamante Jeanine Añez, quien de un solo plumazo,  desde el parlamento de esa nación, y casi en solitario, se auto proclamó Presidenta de Bolivia, emulando al afamado representante de la oposición extremista de nuestro país “Juanito Alimaña”, quien de paso se hace llamar entre sus pocos seguidores presidente interino de Venezuela.

Añez, con una figura esbelta y un rostro por demás hermoso, y espero que ante estas expresiones no sienta celos mi amada y siempre bella María Corina Machado, en cuestiones de segundos rompió con la tradición democrática que venía prevaleciendo en Bolivia.

De acuerdo a nuestra óptica, Añez asumió con sus posturas equivocadas, y desde luego violando la Constitución, el rol de Presidenta, aun cuando la embestidura, de acuerdo a los parámetros legales de esa nación, no le correspondía.

Así pues podemos ver que Añez, ante el conflicto político desatado en Bolivia,  de entrada cometió el primer error de avalar el golpe de Estado, cuando, desde su curul como senadora “democrática”, a pesar de estar del lado de la oposición, pudo contrarrestar la medida golpista preparada desde Washington.

Otro error que asumió Añez, esta vez entrevistada por el periodista mediático de CNN, Fernando Rincón, fue el ataque que emprendió en contra de la figura del presidente depuesto Evo Morales, a pesar de saberse que el ex jefe del Ejecutivo Boliviano goza de una sólida opinión, no solo en su país, sino también a nivel internacional, que lo avala como un hombre probo, humilde y honesto, a toda prueba.

La flamante Presidenta en este sentido se atrevió a decir abiertamente: Evo Morales es un “estafador de la democracia” y robó  “el voto ciudadano”.

De seguidas agregó que los pasos que se habían dado eran para evitar que el vandalismo continuara destruyendo y quemando propiedades en el país, pero además para restituir la gobernabilidad que se había perdido.

Recordó que unas treinta unidades del transporte público fueron incendiadas, obviando, claramente, que todos esos desmanes fueron previamente diseñados y dirigidos por los golpistas, para dar con el traste del gobierno, al extremo, incluso, que la casa de una hermana del presidente Evo fue quemada, como otras que fueron saqueadas propiedad de funcionarios cercanos al Presidente.  

No cabe duda que Añez, ante sus declaraciones, respondía a un guion previamente elaborado, quizás hecho y dirigido por el imperio, para tratar de desacreditar al Presidente Evo, a pesar que aún se desconocen los verdaderos detalles del presunto informe que avala que las elecciones estuvieron viciadas de hechos irregularidades.

De acuerdo a las imágenes  que fueron dadas a conocer, posteriormente, y de manera pública, Añez desde el recinto parlamentario asumió otro error, a nuestro entender, extremadamente grave, por cuanto aceptó que uno de los militares golpistas le impusiera la banda presidencial, avalando de hecho que estamos claramente ante la presencia  de  un golpe de Estado en Bolivia, encabezado, y valga la redundancia, por militares.

Demostrando poca vergüenza y discrecionalidad, la flamante Presidenta una vez que fue  impuesta del cargo, invitó luego a los militares presentes, no más de seis, a que tomaran asiendo ante una inmensa mesa para festejar, con sonrisas disimuladas, la consolidación del golpe.

“Aquí estamos pues, díganme lo que debo hacer de ahora en adelante, pero eso sí, denme suficiente tiempo para reunirles el dinero”, pareciera que ese fue el tema que giró en la conversación entre la flamante Presidenta con los esbirros vestidos de verde.

Era claro que una vez que se cumpliera semejante acto, tan vil, canallesco y bochornoso, a la vista del mundo entero, y en detrimento de una verdadera democracia sólida y vigorosa, de inmediato surgió la voz del imperio, con la OEA de secuaz, y la ONU disimulando no saber nada, avalando el acto golpista.

Si bien la ultraderecha cree que se salió con la suya, olvida que el pueblo indígena de Bolivia, a quienes consideran brutos, retardados y analfabetos, siguen de pie reclamando los justos derechos que le asisten a su hermano Evo para que culmine, al menos, su período presidencial, que debería llegar a su fin, en enero próximo.

Estados Unidos una vez más  avala otro golpe de Estado en nuestro Continente, tal como ocurrió hace ya varias décadas atrás, primeramente, en Chile, en contra de la figura del presidente Salvador Allende para darle paso a la dictadura que encabezó de manera implacable Augusto Pinochet.

Luego, más recientemente, la del presidente Manuel Zelaya, en Honduras, y ahora contra la figura del presidente Evo Morales, en Bolivia…todo por considerar que ningún gobierno popular o socialista y mucho menos humanista,  tiene derecho de dirigir los destinos de  esas naciones, a pesar que fueron electos por sus respectivos pueblos de manera democrática y por mayorías.



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Italo Urdaneta

Periodista, historiador y profesor universitario

 italourdaneta@gmail.com

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