¿Proceso de paz, o pacificación?

El imperialismo, ducho en la intervención permanente de la vida social de los pueblos de gran parte del mundo, que ha sometido por medio de la aplicación antihumana del modo de producción capitalista, y por la consecuencia del carácter de apropiación privada del producto del trabajo, condena a la miseria a más de 4.000 millones de seres humanos en el planeta, mientras que confina a la pobreza al 70% del resto de la población mundial, sumida en el atraso y el subdesarrollo.

Para impedir que las grandes mayorías del mundo, sumido en el atraso, el subdesarrollo, la pobreza y la miseria, se alcen en contra del capitalismo, última fase de la prehistoria privada, y la única causa de esa calamidad infrahumana, el imperialismo siempre ha estado dispuesto a todo, incluso al genocidio, y hasta a la irracionalidad de acabar con la vida en el planeta, tal como lo señalara en su momento, Fidel, cada día más vivo. El capitalismo no puede sostenerse sin la falsificación de la ideología, y de las ciencias madres como la historia, la filosofía, la sociología, y la economía-política. Un obrero, no pensando como obrero, sino como un pequeño burgués, es la concreción de la ideología, que Marx llama falsa conciencia.

La causa principal de la Primera Guerra Mundial es el enfrentamiento de los capitales financieros pertenecientes a poderosos sectores de la burguesía trasnacional, disputándose los mercados del mundo; y es también el motivo suficiente para la Segunda Guerra, la continuación de esa disputa. La humanidad diezmada en centenares de millones de muertos, golpeada en sus cimientos socioeconómicos, y políticos, pudo presenciar como el imperialismo, y su modo de producción capitalista, salió fortalecido, sobre todo de la última guerra mundial; y sin dar un minuto de tregua, a su enemigo histórico, el socialismo, declaró y ejecutó una guerra fría para tumbar y acabar con la URSS; una derrota de la humanidad, en su progresividad histórica, en aquel triste año de 1989.

La promoción de la guerra como mecanismo de defensa, es de uso privativo del imperialismo para preservar la vigencia de su modo de producción capitalista. En ese marco se producen guerras de intereses intercapitalistas, como en la primera guerra mundial, o lucha de intereses, y de modelos capitalistas con la irrupción del nazifascismo, y sus pretensiones de adueñarse del mundo, frente a las viejas maneras capitalistas, promovidas por el imperialismo yankee. El socialismo, y su ejército rojo, es el que derrota al peligro nazi a costa del sacrificio, de casi 30 millones de jóvenes comunistas. Es la URSS la que promociona a todos los rincones del mundo, un poderoso movimiento para alcanzar una verdadera Paz.

El discurso de la Paz que sale de los voceros del imperialismo es falso, porque al imperialismo no le interesa la Paz, le interesa la guerra como negocio, como recurso para la defensa de su capital financiero, y como sometimiento del proletariado. En ese sentido en Colombia, lamentablemente, se está confundiendo la Paz con la pacificación. Santos, el asesino de Sucumbíos, no es un amigo de la Paz, como la mano oculta del imperialismo trata de demostrarlo en la parodia bufa del premio nobel; no, el presidente Santos, es un pacificador, de los tantos que han intentado en la Nueva Granada esa ejecución, a sangre y fuego, para exterminar y someter por cualquier vía, todo asomo de disidencia fundamental con el capitalismo, caso de la FARC-EP, mientras se mantiene el falso discurso de la Paz.

Rafael Núñez, el que vendió a Panamá a los gringos, Mariano Ospina Pérez, asesino intelectual de Jorge Eliecer Gaitán, Laureano Gómez Castro, Gustavo Rojas Pinilla, y en general casi todos los presidentes, en su momento, y con mayor o menor intensidad participaron en la política colombiana como pacificadores, es decir para silenciar por medio del terrorismo, y la muerte la disidencia al capitalismo, que esencia es el padre de la violencia en Colombia.

¿Cuál es el futuro de la FARC-EP, en medio de la falsa concepción de la Paz, promovida hipócritamente por el Estado narcoparamilitar colombiano? ¿Qué tipo de poder es el que pudiera alcanzar la FARC-EP, desmovilizada, desarmada en un partido político, y sometida a las leoninas ejecutorias del sistema electoral de la democracia fascista colombiana? ¿La pacificación capitalista en Colombia va respetar la vida de los camaradas, contraviniendo sus procedimientos clásicos de genocidio y de extermino a toda manifestación disidente, como lo hizo con los mártires de la Unión Patriótica?

¿El Estado narco paramilitar colombiano va a permitirle pacíficamente, a las FARC-EP, actuando en la lucha partidista, y de la democracia burguesa, construir el socialismo en Colombia?

La pacificación avanza, burlándose una vez más de la Paz, sin que hayan desaparecido ninguna de las calamidades del modo de producción capitalista, combatido por la FARC-EP, desde su nacimiento.



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Eduardo Mármol


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