Manuel Piar estuvo presente en Carabobo

El día 19 de noviembre de 1816 arribó Manuel Piar con sus tropas, compuestas de unos 1.300 efectivos, a la orilla izquierda del Río Orinoco, en el sitio de Río Claro, aguas arriba de la ciudad de Angostura. Venía de Barcelona donde semanas atrás había logrado derrotar a las fuerzas realistas comandadas por el brigadier Francisco Tomás Morales en la Batalla de El Juncal. El día siguiente cruzó con parte de sus tropas las aguas del gran río y luego, el 21, lo hizo el resto de los efectivos militares. Completada la operación y con todos sus hombres situados en la margen derecha del Orinoco inicia entonces el general curazoleño su campaña militar por la independencia de la provincia de Guayana, en manos en ese momento de autoridades españolas.

Se avecinaban para él momentos gloriosos, pero también borrascosos. Su vida fluctúo desde entonces entre el éxtasis y la agonía. En esos once meses siguientes, los últimos de su vida, ésta tomó la forma de una elipse. Primero llegó el momento cumbre, la gloria alcanzada gracias a la victoria obtenida por las tropas bajo su mando el día 11 de abril del año siguiente en el sitio de San Félix. Sin embargo, los festejos duraron poco, las mieles se agotaron de improviso, las lisonjas enmudecieron a poco de haberse iniciado. Sobrevino entonces la tragedia, los tiempos borrascosos, los días de congoja. Su caída fue estrepitosa. Había sido la máxima figura militar en Guayana entre noviembre de 1816 y mayo de 1817, pero de improviso, de un día para otro todo se derrumbó. El movimiento de su elipse inició un violento e irreversible descenso cuyo final sería la tragedia absoluta, el acabose final.

En los meses transcurridos de junio a octubre de 1817 el héroe de San Félix fue un hombre solitario, desdeñado, apuntado por muchos dedos acusadores. Cayó en desgracia y en tal situación los que decían ser sus amigos se alejaron. El ejército a su mando, que tanto le costó preparar, le fue arrebatado en el mismo mes de mayo y él fue enviado a ejercer el cargo de Superintendente de Misiones en la población de Upata. En junio sus diferencias con el padre José Félix Blanco, oficial del Ejército Libertador y administrador de las misiones, se pusieron de manifiesto. De estos días son unas expresiones suyas denunciando un supuesto complot de los militares caraqueños en su contra. En julio fue dado de baja del ejército. En agosto le fue conferido un pasaporte para que saliera de la provincia de Guayana. En septiembre Bolívar ordenó su captura y fue detenido. Y en octubre es sometido a juicio y condenado a la pena capital. Seis meses bastaron, contados desde aquella clamorosa victoria abrileña, para que Piar se encontrara de pié frente a un pelotón, condenado al último suplicio, luego que un tribunal integrado por gente inamistosa, lo sentenciara a ser fusilado, acusado de los delitos de insubordinación a la autoridad suprema, conspiración contra el orden, sedición y deserción. La sentencia se cumplió el día 16 de octubre del mismo año 1817.

Pero la obra militar de Manuel Piar se sobrepone a su muerte, es una obra imperecedera. En esos escasos once meses de estadía en la provincia de Guayana, por parte de Manuel María Francisco Piar, hijo de María Isabel Gómez y Fernando Piar Lottyn, según reza su partida de bautismo encontrada en el Archivo Nacional de Holanda, el curso de la guerra venezolana empezó a cambiar. La victoria obtenida por las armas independentistas en la batalla de San Félix influyó directamente en la evolución de la guerra, y contribuyó a inclinar el balance de la misma a favor de los independentistas. Piar logró lo que casi ninguno de los oficiales libertadores daba por factible, pues, la conquista de Guayana era para muchos de ellos una empresa imposible. Se aducían razones de todo tipo para abortar tal proyecto: "Que no se contaba con una poderosa escuadra", decían por aquí; "que Angostura era una fortaleza inexpugnable", afirmaban por allá; "que la toma de Guayana no valía la pena", sentenciaban del otro lado. Pero se impuso la convicción de Piar, el único oficial del bando libertador convencido de la factibilidad de la empresa de tomar Guayana. En carta dirigida a Bolívar, a comienzos del año 1817, dejó bien claro sus razones a favor de tal empresa. Dijo entonces: "Las ventajas que nos ofrece esta provincia libre son incalculables. Los inmensos caudales de los españoles en ella nos proporcionan (medios) para adquirir de los extranjeros elementos militares. Su situación nos da un asilo seguro, y la moral pura de sus habitantes, no corrompidos todavía, nos permite la organización de un ejército fuerte y valeroso, capaz de liberar la República".

Y los acontecimientos posteriores demostraron que Piar tenía razón. Hasta ese año 1817 la República carecía de fundamento firme. Lo que se había intentado construir a este respecto no duró mucho tiempo, fueron en ambos casos, el intento de 1811 y el de 1813, repúblicas efímeras, aéreas, de papel. Se explica tal fracaso en razón de la ausencia de respaldo popular respecto al nuevo orden que se quiso construir. Sin embargo, a pesar de tales fracasos y de las sucesiva derrotas sufridas por los republicanos, estas banderas fueron enarboladas por numerosas guerrillas desperdigadas en distintos lugares de Venezuela, y también por un pequeño grupo de valientes y tenaces oficiales que se mantuvieron peleando y en constante movimiento, dentro y fuera del territorio venezolano, buscando recursos y evitando también caer en las garras enemigas. Y ahora, con el territorio guayanés en sus manos, el panorama cambiaba favorablemente. La nueva situación permitía avizorar un desenlace feliz más adelante. Las posibilidades de ganar la guerra se advertían allá en lontananza, gracias a las bondades que brindaba a los nuevos gobernantes, la inmensa, rica y estratégica provincia de Guayana.

Hasta la Batalla de San Félix esta provincia al sur del Orinoco no había sido mayormente afectada por la guerra librada en ese momento en buena parte del territorio venezolano. Su riqueza económica así como sus habitantes no habían sufrido los efectos devastadores del conflicto. El escenario de las batallas se concentraba hasta ese momento en la zona occidental del país, en los llanos, el centro y el oriente. Había un obstáculo natural para traer la guerra a Guayana. Ese obstáculo era el Orinoco, una inmensa muralla de agua que actuaba como defensa de este territorio. Muralla infranqueable, que como tal inhibía a las tropas independentistas a incursionar hacia estos lados del país, más cuando los españoles contaban con un sistema de defensa artillada cuya efectividad había sido puesta a prueba varias veces, años anteriores.

De manera que al ocurrir el desalojo de los españoles de Angostura y de los Castillos, los nuevos gobernantes del territorio tendrán a su disposición una inmensa riqueza económica, acumulada sobre todo en los pueblos de las misiones capuchinas. En estos más de treinta pueblos, los misioneros habían logrado organizar diversas y pujantes actividades económicas: agrícolas, ganaderas, mineras y artesanales, contando para ello con mano de obra indígena numerosa. En un siglo de intenso y sostenido esfuerzo consiguieron levantar varios hatos donde pastaban por miles, caballos, mulas, yeguas, asnos y reses. Organizaron cultivos de diferentes productos agrícolas tanto para la subsistencia de los pobladores de las misiones, villas y ciudades a su cargo, como para la venta fuera de la provincia. Edificaron fábricas de telas, hornos para elaborar papelón, para fabricar ladrillos, para fundir oro, para elaborar casabe. Lo cierto fue que los pueblos de las misiones capuchinas lograron, durante el tiempo de vida colonial, la autosuficiencia en muchos aspectos. Ellos no podían esperar que de España los abastecieran, pues a estas tierras era muy poco frecuente la arribada de embarcaciones provenientes de la península Ibérica, cargadas de artículos para satisfacer los requerimientos de estos lejanos pobladores. Cuando esto ocurría lo que traían esto barcos eran artículos de ferretería, quincallería, vinos, quesos, aceite de oliva y telas.

De manera que cuando las armas republicanas entraron a las misiones y las pusieron bajo su control, una inmensa riqueza económica pasó a su disposición. Nunca antes había contado el Ejército Libertador con tantos recursos económicos. Por tal motivo y para tomar las decisiones pertinentes, de inmediato se trasladó Bolívar a Guayana, trayendo consigo una buena parte de la oficialidad del Ejército Libertador. Desde entonces la República se asentó en este lado del país e hizo de la ciudad de Angostura su capital. Pero esta vez la nueva República floreció sobre cimientos sólidos, esto en razón de las estupendas condiciones económicas, políticas y militares que aquí, al sur del Orinoco, consiguieron los recién llegados.

A partir de entonces ocurrirán en la provincia de Guayana una serie de acontecimientos muy importantes desde el punto de vista militar y político, de gran valor para la consolidación de la tercera república venezolana. El último de esos acontecimientos fue la partida definitiva de Simón Bolívar de la ciudad de Angostura, el día 24 de diciembre de 1819. De manera que fueron dos años de sucesos y decisiones relevantes que marcaron para siempre la historia de nuestro país. En esos dos años la ciudad de Angostura se convirtió en la capital de la república libre y epicentro de la disputa por la independencia de Venezuela. Por razón de su importancia, en este lugar se decidió en esos meses la suerte de la guerra de independencia, y por mismas razones se aposentaron aquí los miembros del ejército Libertador, oficiales y tropas, los hombres que batallarán luego en Carabobo, en Boyacá y en Ayacucho. Bolívar hizo de la capital provincial su base de operaciones, razón por la cual fijaron su residencia en ella una porción significativa de los hombres más importantes del país en ese momento. Algunos de estos hombres fueron: Juan Germán Roscio, José Félix Blanco, Francisco Bermúdez, Santiago Mariño, Juan Bautista Arismendi, Manuel Cedeño, Carlos Soublette, Luis Brión, José Antonio Anzoátegui, Pedro León Torres, Bartolomé Salom, y muchos más. De los hechos más relevantes ocurridos en esos meses en la capital provincial destacan, además del triunfo obtenido por Manuel Piar y sus tropas en abril de 1817, los siguientes: el fusilamiento de Piar (16-10-1817); la fundación del periódico de la libertad, El Correo del Orinoco (27-06-1818); la instalación del Congreso de Angostura y el discurso pronunciado por El Libertador con motivo de la apertura de dicho Congreso (15-02-1819); la aprobación por parte del Congreso de la Ley Fundamental de Colombia (17-12-1819); el decreto de incorporación de la octava estrella en la bandera nacional (20-11-1817); la elaboración de la Constitución de la República (15-08-1819); inicio de la campaña militar de Bolívar con miras a la liberación de la Nueva Granada, culminada felizmente con la victoria obtenida en la Batalla de Boyacá, en agosto de 1819; retirada definitiva de Simón Bolívar de tierras guayanesas, el día 24 de diciembre de 1819. Respecto a este último punto añadimos que cuando ocurrió tal retirada se iba un prestigioso y temido hombre, presidente de una inmensa República, Colombia, y jefe indiscutible de un poderoso ejército cuyas tropas se distribuían a lo extenso de un gigantesco territorio que iba de Bogotá hasta Angostura. Muy distinta era la situación de este mismo hombre cuando arribó a estos lugares. En aquella oportunidad, cuando Bolívar cruzó el Orinoco por primera vez, lo hizo casi solo, nadie lo esperaba de este lado del río, venía sin tropas y no era reconocido aún como Jefe Supremo del Ejército Libertador, por parte de sus compañeros oficiales. De manera que en esos pocos meses de estadía guayanesa cambiaron muy favorablemente las cosas para él.

De los acontecimientos aquí indicados se cumplirán, a partir de los días venideros, doscientos años. Dado que fueron muchos acontecimientos y muchos los meses de gestación, debemos hablar mejor del ciclo bicentenario guayanés, cuyo comienzo ha de celebrarse el próximo 21 de noviembre, pues ese día, hace dos siglos, dio comienzo Manuel Piar a su campaña militar por la independencia de este territorio; y su terminación habrá de ocurrir el venidero 24 de diciembre de 2019, pues un día como ese del año 1819, estuvo por última vez Bolívar en la ciudad de Angostura. Se alejó tal día para siempre y con él se fueron los oficiales y efectivos del Ejército Libertador. También se fue la condición capitalina de Angostura. Cedió ésta tal privilegio en favor de Bogotá, la capital de la reciente Colombia, la creatura política del Libertador fraguada a la orillas del río Orinoco. Se iba Bolívar a otros escenarios de la guerra, ahora cuando el conflicto adquiría la forma de guerra por la liberación nacional, pues el enemigo a enfrentar en esta nueva fase será el poderoso ejército español enviado a Venezuela por el rey Fernando VII. Tal ejército invasor venía con el encargo de lograr pacificar los territorios que el nuevo monarca reclamaba como colonias suyas. La misión fue encomendada al experimentado guerrero Pablo Morillo. Sin embargo, en esta fase de la guerra, la superioridad del ejército Libertador se hizo evidente y el conflicto se decidió definitivamente a favor de los nuestros. En Carabobo, el día 24 de junio de 1821 fue la última y definitiva batalla. Allí, en esa oportunidad, se hizo sentir el impacto de lo acontecido algunos años atrás en la gloriosa batalla escenificada en las cercanías del Río Caroní el día 11 de abril de 1817. Lo cierto es que Piar estuvo presente esa vez en Carabobo.



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Sigfrido Lanz Delgado


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