Obsolescencia programada sin chip. Subconsumismo y subofertismo

Aclaremos antes que no ha habido consumismo

de parte de los trabajadores; más bien, subofertismo.

La constante lucha por los mercados no se limita a mejores tasas de ganancia,

sino al mercado en sí mismo. Decir consumismo es como decir sobreconsumo,

toda una inveracidad al mejor estilo mediático burgués. No hay sobreconsumo,

y los despilfarros que hubieren y se han dado simplemente

suponen desconsumo de terceros, de los insolventes.

 

La obsolescencia[1] que nos ocupa, o sea, la vida útil con los días contados para la muerte de los valores de uso o bienes en general no es sólo un asunto de la electrónica, de los chips (caso señalados por TV: de Apple y iPod). Si a ver vamos, todos los productos celulares y afines se obseletizan en término muy cortos de tiempo ante sus constantes innovaciones técnicas, particularmente en semiconductores, baterías, etc.

Por ejemplo, y tajantemente, la muerte prematura de los seres humanos trabajadores al servicio de otros ha estado programada desde los tiempos de nuestra antigüedad clasista. Los salarios son ajustados con mediciones asombrosamente acertadas en materia de paga en salarios para que sobreviva y nada más durante una vida programada. Los pobres asalariados que a punta de sacrificios anuales logran hacer sus viviendas, al cabo de más de 50 años, aprox., para cuando está terminada, alguno de los adultos mayores se enferma, cae en terapias intensivas, hipoteca y zúas, se la ejecutan y termina yéndose al más allá tan desnudo de todo como cuando lo trajeron a este mundo.

Asimismo, el Estado burgués en su avanzada prosocialista podría programar la obsolescencia de los comerciantes, fabricantes, intermediarios y banqueros capitalistas hoy metidos a sobrespecualdores. Bastaría programárselas a los intermediarios de mayor volumen de ventas con el cese en funciones mercantiles y fabriles por inmorales y despiadados con sus clientes finales; carecen de moral y justificación para que el Estado siga reciclándoles sus permisos para ejercer como comerciantes.

La obsolescencia la programa cualquier técnico interesado en aumentar el número de visitas que suele hacerles a sus clientes o las que estos se las hagan a aquel. Algunos connotados profesionales son expertísimos en tales prácticas sólo castigaconsumidores finales y empresarios de menor rango económico.

No confundir esta prematurez de la muerte con las innovaciones tecnológicas que en un tris sacan del juego a millones de bienes hasta hace poco prestadores de excelentes servicios. Con las pistolas de un sólo disparo muchos mataron a muchísima gente, pero los revólveres lo han hecho más y en menor tiempo.

La obsolescencia de los ciudadanos se halla programada cuando se deteriora su productividad hogareña. Por ejemplo, los cortes de electricidad, y de agua particularmente en Valencia, parroquia El Socorro, municipio del mismo nombre, estado Carabobo, tierra histórica con prioridad, y terruño paradójico de nuestro estimado y bolivariano Gobernador, a quien exculpamos por adelantado de estos cortes que ya datan de más de 5 lustros y porque en su contra gravita y lo sobrepuja una mantuanidad valencia matronal y servicial caracterizada por ser lo más rancia de la Venezuela Colonial. Su servilidad para con los ricos es tal que adoran todo lo que huela a derecha política.

La sociedad no clasista, por el contrario, ha luchado por la programación de la vida de las personas y de sus bienes duraderos. Los adoradores o respetuosos de la "Pacha Mama" así lo confirman. Estas sociedades han programado la supervivencia y la perennidad por encima de las dificultades presentadas por la Naturaleza en condiciones normales. Llegaron a considerar la vida eterna, y de allí que los bienes de su hogar eran tan durables como la de sus dueños o usuarios. Por derecho "divino", los faraones podían comprar o construir sus tumbas piramidales, mientras que sólo algunos de sus trabajadores podían costear el embalsamado de sus ancestros. La Biblia nos habla de seres humanos con edades medibles en varios cientos de años, por ejemplo.

En resumen, toda esa propensión y concretación de la obsolencia anticipada de las mercancías-valor de uso- responde a al agotamiento constante de los mercados. La burguesía confronta una de las más inzanjables dificultades económicas: la de que cuando la demanda supera la oferta, ella sube los precios. Esto se le traduce en una permanente lucha por colocar remanentes invendibles *.

Bastaría apreciar el inconmensurable valor de los inventarios que se hallan en los exhibidores y depósitos del las empresas burguesas, una parte por obsolescencia y la otra por carecer de cpomprdortes solventes. El concepto de cesta básica deriva de esa insolvencia proletaria.

Los programas mediáticos también son objeto de programación, o subutilización programada. El caso de Telesur, un ensayo que lleva más de 10 años con éxitos políticos indiscutibles empieza presentar visos de esa obsolescencia, aunque parcial. Nos referimos a que dedica mucho tiempo a noticias comunes que indistamente publicitan medios de derecha e izquierda, o sea, no susceptibles de censura alguna, salvo por omisión involuntaria. Creemos que la idea inicial de este canal mundial es dar a conocer en el mundo aquellos sucesos que la mediática imperialista sabe silenciar.

De suyo, hablar de consumismo nos luce poco menos que un desaguisado analítico sobre las posibles causas de la crisis de los pobres y su infatuada clase media suburguesa. Dejamos salva la inmensa y ya numerosa población demográfica (millones de bocas) de ex marginados venezolanos que milagrosamente han salido de la pobreza, en medio de tanta burguesía y suburguesía egoístas y hambreadoras. En cuanto a las compras navideñas, estas no pasan de ser estacionales y de bisuterías y mercancías exóticas transculturizantes.

---

* Me agrada acotar con frecuencia que un venezolano escuálido, luego de un periplo por Europa, me comentó que Rusia le lució como un país desolado porque no se veían muchas luces ni exhibidores multicolores. Le expliqué que allá se planifica la armonía entre la demanda y la oferta-creo que esta practica sigue viva a pesar del derribo del Muro aquel-, y no la anarquía deficitaria a veces, y superavitaria otras, como ocurre en la Europa Occ. y americana.


[1] Léase inutilización.

 

 



Esta nota ha sido leída aproximadamente 2254 veces.



Manuel C. Martínez


Visite el perfil de Manuel C. Martínez para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:


Notas relacionadas

Revise artículos similares en la sección:
Internacionales


Revise artículos similares en la sección:
Venezuela en el Exterior


Revise artículos similares en la sección:
Actualidad


Revise artículos similares en la sección:
Anticorrupción y Contraloría Social