La Estrategia de Seguridad Nacional 2025: entre la hegemonía y el declive geoeconómico de los EEUU

 El pasado 4 de diciembre de 2025, el Presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, presentó ante el Congreso la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS 2025) (https://shre.ink/5gBj). Este documento, presentado por las distintas administraciones federales de ese país norteamericano, sintetiza el pensamiento estratégico, las amenazas geopolíticas y el pulso tomado al sistema mundial, asumiéndose como su hegemón articulador. Más que simple retórica, se trata de un documento que cala profundo en el rumbo que adopte la política exterior norteamericana, en la cuantía y orientación del presupuesto militar, y en el sentido de las alianzas con otros países o bloques regionales. Se trata, en última instancia, de cosmovisiones y decisiones que inciden o alteran la estabilidad estratégica del mundo como un todo sistémico.

Respecto a otros documentos difundidos por administraciones estadounidenses anteriores, la NSS 2025 muestra una ruptura significativa al posicionar como prioridades al American First y al hemisferio americano. América Latina es reposicionada por la administración Trump, demeritando la atención y el interés geoestratégico en el Oriente Medio, Europa y Asia. Se reconoce en el documento que en el contexto geopolítico actual es imposible una hegemonía mundial absoluta de los Estados Unidos, o lo que es lo mismo, un mundo unipolar con una potencia incuestionable en su poder. Por un lado, reconoce los alcances de China y Rusia, así como de sus alianzas geoestratégicas y geoeconómicas en Asia, Europa y África; y, por otro lado, pretende alejarlas del denominado hemisferio occidental. Se trata de una reafirmación y reactualización de la esencia y directrices de la Doctrina Monroe más el llamado Corolario Trump. De ahí que la pregunta central del documento oficial sea: ¿qué desea Estados Unidos en el mundo y del mundo y cuáles son los medios para alcanzarlo?

El documento toma distancia de las abiertas estrategias de desindustrialización abanderadas por las élites ultra-liberales/globalistas/financieristas que dominaron el espectro político estadounidense desde 1981. La reindustrialización se reivindica como estrategia de seguridad nacional en la medida que propicie la generación de empleos y contribuya a reestablecer la clase media estadounidense. De ahí que con la NSS 2025 se pretenda contener la expansión de la política industrial china y asegurar para las corporaciones norteamericanas las zonas de influencia y los recursos naturales estratégicos del hemisferio americano. Así, la NSS 2025 concatena la política económica, el proteccionismo económico, y el robustecimiento del mercado interno con el reposicionamiento geoestratégico en América Latina, sin miramientos para usar la presión diplomática y militar y el realineamiento en aquellos países que compliquen las alianzas. Se trata de evitar la influencia y la propiedad de activos por parte de otras potencias, así como cerrar el paso a que las cadenas de suministro de materias primas, insumos y productos críticos sean conducidas por países hostiles. Además, se pretende contener y erradicar del hemisferio americano a economías competidoras como la china, la rusa, la iraní y a sus inversionistas extranjeros. La prioridad es el control del petróleo, el gas natural, el carbón y minerales como el oro, en aras de asegurar la independencia energética estadounidense, mientras se propicia –paralelamente– el control internacional de dichos recursos, en medio de la creciente demanda china de alimentos y energía. De igual manera, se apela a controlar las rutas críticas para el traslado de mercancías, como lo fue el Canal de Panamá; así como a garantizar el acceso a recursos y materias primas estratégicas, sin descuidar la posibilidad de reducir los déficits comerciales.

Otra prioridad que se plantea es la contención –a través de lo que se denomina "buen gobierno" en los países de origen– de la migración en el hemisferio americano. Para ello, será fundamental la reconfiguración de las cadenas globales de suministro en aras de hacer de América Latina un vasto territorio para la relocalización de las corporaciones estadounidenses, con las respectivas amenazas y oportunidades que ello puede suponer para la región. La NSS 2025 plantea el fin de la era de las migraciones masivas como objetivo estratégico. A su vez, se vincula el tratamiento de la migración con fenómenos como el crimen organizado; tema que coloca la mirada de la administración Trump en las redes globales de fentanilo –concebida, días después, como "un arma de destrucción masiva" –que tienen como epicentro a China y que guardan relación con organizaciones criminales mexicanas a las cuales se aspira a combatir por tierra.

El tema del combate a las organizaciones criminales no es menor por cuanto lubrican el sistema bancario/financiero internacional, y cuyos beneficiarios en los Estados Unidos pertenecen a la élite plutocrática globalista/ultra-liberal/financierista, contraria a los intereses del propio Trump.

Interesante resulta la lapidaria concepción que la Estrategia tiene sobre Europa, y la consecuente distancia respecto a ese continente. Acusa a los europeos de una bancarrota civilizatoria, tanto por sus estrategias migratorias como por la generalización de las ideologías woke y ambientalista, y la intolerancia que la primera genera y que atenta contra la familia tradicional. Se esboza la idea de que Europa ya no es un aliado estratégico, sino una región en riesgo de un "borramiento civilizacional", y que ello se traduce en su decadencia económica, regulatoria e identitaria. El gobierno de Trump pone en tela de juicio la alianza de los Estados Unidos con Europa; la cual se mantuvo latente desde el fin de la Segunda Gran Guerra. A su vez, renuncia a continuar aportando recursos a la defensa del continente europeo vía la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de tal modo que apela a la "distribución y transferencia de cargas" para que Europa aporte mayor presupuesto militar y sea mayor su participación en la seguridad internacional. A su vez, Estados Unidos demanda el fin de una OTAN en constante expansión, y exige a la Unión Europea contribuir para destrabar el conflicto ruso/ucraniano.

La contención económica de China no supone, para la actual administración estadounidense, el enfrentamiento armado, sino la ampliación de la rivalidad tecnológica y comercial. En ello serán cruciales dos propósitos: a) la transformación de las cadenas globales de producción y suministro en aras de reducir la dependencia respecto al gigante asiático y de ampliar la participación de América Latina en ellas; y b) alejar a China del control de infraestructura estratégica, puertos, telecomunicaciones, rutas marítimas, ciberseguridad y recursos minerales radicados en la región. Los aranceles y otras restricciones comerciales se conciben como fundamentales para esta contención y para el retorno o relocalización de las industrias a suelo estadounidense. En el fondo, lo que se pretende es re-equilibrar las relaciones económicas internacionales entre Estados Unidos y China, reconociendo la ventaja tecnológica de esta última. Ello más que propiciar una lucha rapaz entre potencias.

Lo que se observa en la NSS 2025 es una postura de irredentismo y de lógica expansionista y de dominación hemisférica, que supone la intervención económica, sin descartar el hacer creíble el poder militar. Inspirada en la doctrina del Destino Manifiesto –más que en un panamericanismo–, América Latina es concebida como un territorio de disputa estratégica en el contexto de las rivalidades tecnológicas contemporáneas. La estrategia deja atrás las ideologías globalista y del multilateralismo, adoptadas desde los años noventa; al tiempo que se transita a la adopción del soberanismo y del interés nacional como fundamentos de la reconfiguración de las alianzas internacionales. La ecuación podría resumirse así: soberanía + autonomía y seguridad económicas + control fronterizo + disuasión militar = - intervencionismo en territorios allende las fronteras. Que no se abone por el intervencionismo, no supone que los Estados Unidos abandonen la supremacía militar, la expansión de su armamentismo y la demostración de su poder. Con todo ello, lo supranacional se supedita a la soberanía nacional; en tanto que el Estado-nación reivindica su primacía por encima del multilateralismo. Al tiempo que la recuperación de la prosperidad económica se vincula a los criterios de seguridad nacional; de ahí que la política exterior se relaciona –al menos en el papel– con la creación y protección de empleos. En suma, la NSS 2025 no se muestra apegada a la tradicional concepción del supremacismo estadounidense, sino que se rige por una influencia transaccional y de coadyuvancia, y no tanto de hegemón incuestionable.

En la Era Clinton, la Estrategia de Seguridad Nacional apelaba al llamado libre comercio, a la globalización económica y a la difusión de principios e instituciones liberales como la democracia. Durante los mandatos de George W. Bush, en el contexto del derribamiento de las Torres Gemelas, se habló abiertamente de la lucha contra el terrorismo como prioridad estratégica, así como del principio de la acción preventiva y del unilateral despliegue militar interventor. Con Barack Obama, si bien no se rompe con la postura contra el terrorismo, se apela a la cooperación internacional, se incorpora el problema del déficit fiscal norteamericano, se inicia la rivalidad estratégica respecto a China y se voltea la mirada hacia la región del indo-pacífico. El primer gobierno de Donald J. Trump no abandonó esto último, sino que a través de su postura nacionalista y de confrontación continuó con esa lógica y al amparo del "American first" incorporó el control de las fronteras, la prioridad de la migración y las medidas comerciales proteccionistas; mientras que Joe Biden afianzó la rivalidad entre potencias hegemónicas. En tanto que la segunda administración de Trump privilegia una especie de realismo flexible que tolera modelos y sistemas políticos diferenciados, y sin el afán de imponer los valores propios de los Estados Unidos; al tiempo que la NSS 2025 abandona explícitamente la confrontación estratégica con China y Rusia, y muestra un profundo recelo y desconfianza hacia los organismos internacionales gestados en 1945. Esta desconfianza se extiende a la globalización económica y a las alianzas que requieren la atención permanente de los Estados Unidos.

Tras el desinterés de la política exterior estadounidense respecto a América Latina, la NSS 2025 voltea la mirada a la región con los riesgos, amenazas y oportunidades que ello supone. Trump desnuda sus pretensiones y retira las máscaras respecto a los intereses geoestratégicos norteamericano. La actual reivindicación de la Doctrina Monroe recoge el carácter defensivo estipulado por ésta en 1823, aunque no descarta del todo el carácter intervencionista del Corolario Roosevelt de 1904. El Corolario Trump, por su parte, pretende que para las naciones latinoamericanas, Estados Unidos sea el socio principal, por convencimiento o por presión diplomática. De ahí que se pretenda apoyar a líderes y partidos políticos con ideologías afines, hasta erradicar la influencia de la élite globalista y de las ideologías woke y ambientalista. Ello en buena medida explica el apoyo a Javier Milei en Argentina, a Jair Bolsonaro en Brasil, a Nayib Bukele en El Salvador, a José Antonio Kast en Chile, a Nasry Asfura en Honduras, entre otros. La pretensión de esto es la construcción de una especie de Internacional neo-conservadora.

Lo ocurrido en Venezuela durante el mes de enero de 2026 y lo pretendido con Groenlandia abre ya importantes cauces para la concreción de la NSS 2025. Los discurso de Trump y de la delegación estadounidense ante las audiencias del Foro Económico de Davos también dejan en claro sus prioridades estratégicas sin rechistar en el tacto diplomático e, incluso, humillando a la propia Unión Europea. Más que una pretensión retórica, la Estrategia está en marcha desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, y para su gobierno es clara la combinación de la seguridad nacional, la geopolítica, la geoeconomía y la atención a los asuntos domésticos desde la doctrina Make America Great Again (MAGA).



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Isaac Enríquez Pérez

Ph D. en Economía Internacional y Desarrollo. Académico en la Universidad Nacional Autónoma de México.

 isaacep@comunidad.unam.mx      @isaacepunam

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