La lucha de clases, los escuálidos y la Revolución

El término escuálido utilizado por Chávez para identificar a sus adversarios políticos en el sentido de pequeño grupo, de reducida concentración de personas o de pocos desestabilizadores nunca ha sido mi interpretación preferida de esa palabra, ya consagrada en el léxico popular por sirios y troyanos. Tal acepción se desdibuja en la realidad cuando comprobamos que, desde los inicios de este gobierno, siempre los ministerios, las oficinas de los diferentes poderes del Estado y de los servicios públicos estuvieron y están repletos de gente que no quiere a Chávez. Esto último lo he podido comprobar personalmente y no es un secreto para nadie.

Yo prefiero utlizar el vocablo escuálido para significar la falta de creatividad, la reincidente torpeza y la diminuta capacidad de reflexión de los opositores, cuando quieren atacar al gobierno revolucionario. El escuálido para mí es el resultado de la alienación mediática engendradora de, y cito a Antonio Aponte en “Un Grano de Maíz”: …”estructuras de pensamiento cuasi infantiles”, mentes idiotizadas y cretinas. Repiten como loros sin pensar cualquier cosa sin detenerse a meditar, por un momento, en lo absurdo de las disparatadas invenciones antichavistas. Últimamente la han agarrado contra el Banco de Venezuela y nos han inundado de mensajes donde dicen verdaderas estupideces como denunciar que se congelarán las cuentas y se robarán los ahorros de la gente para dársela a los chavistas. Con mentiras como éstas pretenden que los clientes huyan despavoridos del Banco de Venezuela y corran con sus ahorros a la banca privada. Con éstas campañas los escuálidos intentan desestabilizar al “régimen”. Así, con tonterías, estructuran políticas basadas en las mentiras más insólitas y van construyendo frágiles castillos de naipes que no aguantan ni un soplido para derrumbarse. Uno de ellos me decía convencido, que todas las elecciones ganadas por Chávez han sido fraudulentas porque las máquinas están arregladas para favorecer al gobierno. Esta ausencia de razonamiento, generada en un pensamiento dogmático, no les permite aceptar la indiscutible popularidad del Presidente Chávez para lo cual no se necesita más que tener dos dedos de frente. Donde los escuálidos se han quedado mudos, porque no les queda más remedio, es en la ejecución exitosa de la política del gobierno con las pensiones del seguro social. Eso es socialismo, en un caso concreto, y lo que había antes de Chávez era capitalismo salvaje. Cuando algún adversario político me emplaza para que les nombre por lo menos diez logros importantes de este gobierno, empiezo por citarles, en primer lugar, esta reivindicación socialista y créanme, hay que verles la cara a los escuálidos aprobando, lo que indudablemente, es un gran hecho cumplido por el Presidente.

Con todo y ese perfil negativo que hemos descrito de los opositores, los escuálidos nos ganaron las votaciones en el referéndum por la reforma constitucional y también las elecciones en importantes espacios estratégicos del país, pero aún así no han podido ganar la batalla de las ideas y están perdiendo la guerra de cuarta generación, sin subestimar el grave daño que todavía le hacen a la inteligencia los medios de comunicación de la oligarquía.

Algún chance de llegar al poder tendrían los de la derecha, si dejaran a un lado su torcido pensamiento escuálido y empezaran a decir la verdad, entonces les iría mejor. Podrían comenzar por reconocer ante el país que no han hecho sino meter la pata en estos últimos once años. Con sólo decir la verdad bastaría para quedar sacramentalmente confesados. El problema de la oposición es que no pueden reivindicar la verdad porque se auto descalifican y se quitan la careta. Seguirán, por lo tanto, condenados a dirigir a la masa de escuálidos por el despeñadero de la guerra sucia.

El tema hay que verlo desde un punto de vista marxista para comprenderlo mejor. El concepto de imperialismo, gracias a Chávez, volvió a tomar fuerza porque había caído en desuso por un supuesto anacronismo. Pero el concepto de lucha de clases continúa siendo un tabú o una herejía en nuestro medio político. No hay forma ni manera de entender las acciones revolucionarias y contra revolucionarias sin enfocarlas en el contexto del conjunto de la lucha de clases en todo el país. El golpe de Estado contra Chávez, la huelga petrolera y el guarimbeo fueron la expresión concreta de la lucha de clases ejercida con violencia por la oligarquía contra el pueblo. La toma de PDVSA, las Misiones Sociales y el ALBA son expresiones válidas de la lucha de clases ejercida pacíficamente por las clases desposeídas contra la burguesía y el imperialismo.

Las revoluciones avanzan al ritmo de la lucha de clases. ¿Cuál es el papel protagónico de las masas desposeídas, de los trabajadores y del pueblo chavista en el proceso de la lucha de clases? ¿Cuál es el papel de los partidos revolucionarios? La respuesta a estas interrogantes no puede ser solamente ganarle las elecciones burguesas a los escuálidos y apoyar incondicionalmente al gobierno, sin crítica ni autocrítica, dejando de considerar la posibilidad de equivocaciones, errores, imprecisiones, omisiones o de fallas en la ejecución de las políticas. Hay que reivindicar el rol de la participación del pueblo en la lucha de clases. El pueblo tiene que ganarse peleando, sus conquistas contra el capitalismo que obstruye, obstaculiza y sabotea constantemente la construcción del socialismo. Sin lucha de clases no hay revolución y esto tiene que estar claro. El gobierno revolucionario necesita el apoyo de las masas para derrotar, en cada caso concreto, el poder de la oligarquía. Vivimos en un sistema estructuralmente capitalista que pone en primer plano el deber de los revolucionarios de estimular la lucha de clases. Tiene que encontrarse un equilibrio entre la acción protectora y paternalista del gobierno con la participación transformadora y protagónica de las masas. Los verdaderos líderes sociales se forman y se ganan el cariño de las comunidades al calor de estas luchas clasistas y no por la búsqueda de votos en las elecciones burguesas.

No hay que tenerle miedo a la acción revolucionaria de las masas en la calle con una vanguardia consciente al frente que evite la anarquía del conflicto. Mucho mejor andaría la obra del gobierno revolucionario si las masas, que apoyan el socialismo, salieran a pelear, con sus dirigentes a la cabeza, batiéndose por los derechos, de los más débiles, que son muchas veces conculcados por los burócratas, por la ineficiencia y por la corrupción. Si no lo hacemos corremos el riesgo que la oposición, en cualquier coyuntura, por simple demagogia, nos arrebate nuestras legítimas banderas de luchar por satisfacer las más elementales necesidades del pueblo: salario justo, alimentación, salud, educación y vivienda digna.

Los pensionados del Seguro Social, que gracias al gobierno revolucionario, ahora son miles de miles y no andan por ahí, como antes, mendigando las migajas que les dejaban las políticas neoliberales de los gobiernos de AD Y COPEI, deberán pedir la palabra para que sea tomada en cuenta su situación específica, porque no tienen cesta tickets, medicinas gratis ni bonos recreacionales. Hay que estudiar el impacto en este conglomerado social de los ajustes económicos, en el salario mínimo y en el alto costo de la sobrevivencia. Como se sabe éste es uno los sectores más débiles de la sociedad que ha sido atendido, por la revolución bolivariana, con medidas humanas, sólo posibles en el socialismo. Este esfuerzo, loable y positivo del gobierno revolucionario, se debilita al considerarse un salario mínimo aumentado en un 25% sin la compensación, que explicó el Presidente Chávez, para los demás trabajadores que representa la cancelación de los cesta tickets. Vaya este campanazo de alerta, a nuestro amigo Edgar Silva, gran luchador social, para que asuma, como siempre lo ha hecho, el liderazgo por la defensa de esta reivindicación socialista.

Profesor Sergio Briceño García


sergiobricenog@yahoo.com


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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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