Sólo el pueblo salva al pueblo

En las circunstancias actuales se debe desistir de cualquier intento de las "vanguardias" de manipular la voluntad popular. No sólo porque se instituyó la escogencia desde las bases de los funcionarios que configuran la Dirección Nacional del Psuv y de aquellos electos directamente para integrar los poderes públicos en los distintos niveles de gobierno.

Pero más significativo, porque los cuadros que articulan la masa del movimiento tienen conciencia de su poder. Acciones de esa naturaleza serían percibidas como demagógicas.

Tal como ocurrió con la hegemonía de la socialdemocracia durante el régimen anterior. Se debe entender que esos movimientos populares mayoritarios hoy tutoran el Gobierno como lo hacía antes la minoría burguesa. Por lo tanto, ese poder popular no se deriva simplemente de la existencia de esa normativa.

Él se origina en la sabiduría, derivada de la experiencia adquirida mediante su participación en los acontecimientos de 1989, 1992 y, 1998, junto con los más recientes de los años 2002 y 2003. Hoy en día, ese liderazgo conoce su capacidad para mantener y deponer gobiernos.

Positivamente, una acción de esa naturaleza, junto con la ineficacia de la gestión pública, elevaría notoriamente la tendencia hacia la abstención, ya presente, colocando en riesgo el avance del socialismo como contracultura frente al dominio del capitalismo.

Obviamente que esto no impide la postulación, en este caso, de los diputados integrantes de la actual Asamblea Nacional. Parlamento en el cual todavía se mantiene la cultura liberal de la representatividad.

Ellos tienen el derecho a la elección indefinida, tal como se establece en la enmienda constitucional de febrero de 2008, siempre que el pueblo apruebe su gestión. Pero ello no frena la emergencia de otros postulantes surgidos de los cuadros del partido.

En este caso la reelección o desplazamiento de los actuales asambleístas, con la correspondiente sustitución por nuevos diputados, les señalaría claramente a los primeros la opinión del pueblo sobre su gestión.

Pero ese nuevo liderazgo, que accedería al Parlamento, debe abandonar la idea de la representatividad, sustituyéndola por la de la vocería. No pueden verse a sí mismos como intérpretes de su electorado, que es un "aparecer exterior" posible de cosificarse. Eso es conciencia de sí.

En efecto, el parlamentario actual materializa su posición mediante la idea de la representatividad. Por el contrario, este novel diputado debe percibirse como un "fenómeno".

Por eso dice Sartre que "el ser en sí, es sin razón, sin causa, ni necesidad". Por eso es absurdo, gratuito e imprevisible. Es puramente existencia. Simplemente una cosa.

Lo que no es la conciencia, que "es absolutamente espontaneidad, temporalidad y libertad". "De hecho -indica Sartre-, el ser del hombre consiste en la libertad", esa es la esencia del ser humano.

Así es como concluye este filósofo cuando aseverando que "la existencia precede a la esencia". Y en nuestros movimientos antiimperialistas (laborales, feministas, vecinales, indígenas, etc.) hubo primero una identificación de su existencia (conciencia en sí), para después ir generando su esencia (la conciencia para sí). De modo que hoy están convencidos que ese atributo exclusivo de la humanidad no se lo salva ninguna "élite" (vanguardia) ilustrada.

Saben que solamente "el pueblo salva al pueblo". Lo que para ellos significa que es más importante mantener la libertad que sucumbir ante una nueva oligarquía.


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Alberto Müller Rojas


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