La Igualdad

La igualdad significa que cada hombre, que cada mujer, tiene una misión que cumplir según su organización intelectual y moral, y que no debe encontrar trabas que les detengan en su marcha, ni privilegio que delante de él o ella pongan intereses que nada valieran sin ell@s; significa, en fin, que todo sea igual para todos y que la facilidad o dificultad de su merecer esté en razón de la igualdad o desigualdad de las capacidades de cada quien y no de los obstáculos, que antiguos abusos o errores perjudiciales establecieron… Así es que cuando decimos que somos libres, queremos decir con eso que podemos salir diciendo por las calles: ¡Viva la libertad!, u otros propósitos de esta especie; no queremos decir con esto que podemos dar en tierra con los seguidores del oposicionismo por muy fascistas que ellos sean. ¡Pueblo de Venezuela!, todos somos hermanos; sólo los opresores son extranjeros.

La aspiración de todo socialista es: la abolición de las clases, o sea emancipación completa del pueblo, transformación de la propiedad individual en propiedad social, posesión del poder político por el pueblo. Reunir a todo el pueblo, a fin de que, aunando sus esfuerzos, podamos mejorar progresivamente las condiciones sociales y oponernos a la creciente explotación de la burguesía. Debemos organizarnos en el PSUV, construyendo un gran partido político e independiente de todos los partidos y clases burgueses para conquistar el Poder total. La transformación de la propiedad individual y corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad social, la tierra, el transporte, las fábricas de producción agroalimentaria, las máquinas para labrar la tierra y recoger sus frutos; fábricas para producir bienes y muebles para el hogar, fábricas para producir productos textiles y del calzado etc. La organización del pueblo sobre la base del usufructo de los instrumentos del trabajo por toda la comunidad, garantizando a todos el producto total de su labor; y la enseñanza integral a las personas de ambos sexos en todos los grados de la ciencia, de la técnica, de la industria y de las artes.

Jamás hubo riqueza sin previo trabajo. La materia prima, mientras no se apropia, transporta o modifica para algún uso del pueblo, se halla destituida de valor real, y por consiguiente no es artículo de riqueza. El trabajo es el que le da utilidad y valor… Al trabajo es debido el valor real de las cosas… Creemos y sostenemos que el trabajo es lo que principalmente crea el valor; que mientras una cosa es simplemente útil no tiene valor ninguno. Una cosa no empieza a ser valor sino desde el momento en que el trabajo del hombre ha entrado en ella. A pesar de que nosotros, cuando examinamos un objeto elaborado, encontramos que hay allí el trabajo del hombre que lo ha construido, más una primera materia independiente de este mismo trabajo, es lo cierto que esta primera materia es también el resultado de un trabajo anterior; y por lo tanto, que cuando buscamos el valor de las cosas nos encontramos con que no es más que la suma de cantidades de trabajo de que es resultado. Importa poco que en el orden de los fenómenos venga ese valor modificado por la ley de la oferta y la demanda capitalista, y ese valor venga a tomar la forma de precio. El valor no pierde por eso ni su naturaleza ni su carácter.

La insurrección militar de febrero de 1992 no se limitaba únicamente al derrocamiento de los puntofijistas sino que actuó poderosamente sobre las ideas. El socialismo, hasta entonces teoría económica y pacífica, se presentó como partido político; por primera vez, después de 1999, la Revolución no se detuvo en cambios políticos y de formas de gobierno, sino que atacó de frente la constitución misma de la sociedad. La primera impresión en los medios oficiales puntofijistas fue de verdadero pánico: Los socialistas queremos la conservación de la democracia, pero sin la camarilla que la deshonra; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todas la salud, la educación, la Justicia, la Electoral y la libertad de expresión; queremos arrancar al pueblo de la descentralización que lo devora. No podemos desconocer el derecho a la existencia; hemos de garantizar el derecho al trabajo, asegurando trabajo; debemos garantizar el derecho al salario, asegurando un salario justo para satisfacer las necesidades del pueblo…, principalmente con los bienes de la propiedad nacional y subsidiariamente con el producto de la propiedad privada, respetable sólo en cuanto no perjudique a los intereses nacionales. El Estado fijó el mínimo de salario, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios.

Frente a los campesinos, de humana y superior dignidad, se destacan zánganos, algunos creen tener blasones nobiliarios, que nada producen, pero que todo lo consumen viajando a Miami a Europa, viajando sin cesar, en pos de un barniz cosmopolita, híbrido, apátrida e infecundo. ¿Qué hacen, en general, la mayor parte de los grandes propietarios pitiyanquis de Venezuela, en los momentos de crisis para todos los venezolanos, cuando quizá se aproxima la hora del combate? ¿Qué hacen? Corren ansiosos a visitar las capitales de los países capitalistas a pedir ayuda para que los ayuden a derrocar el gobierno del tirano Chávez y recuperar el poder, a denigrar de Venezuela y de sus instituciones, y que protejan sus intereses, mientras que no reconocen los graves problemas que estamos afrontando con el imperio.

En suma: el ideal Bolivariano debe ser la completa emancipación del pueblo; es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales. Vamos a integrar la representación del socialismo con el movimiento gradual, progresivo, constante, inspirado siempre en la justicia que permitirá al trabajo venir a ejercer el predominio que le corresponde para el cumplimiento de su misión.

La idea de una nueva Venezuela va indisolublemente unida a la idea de Revolución. No hay derecho para alegar escrúpulos constitucionales. Las revoluciones se hacen revolucionariamente o no se hacen de ningún modo. No podemos asumir posiciones blandengueras; que si dialogo con el oposicionismo, sus mercachifles y no sé cuantas estupideces; el único dialogo es con el pueblo pobre y excluido. La Asamblea Nacional sirve para consagrar la Revolución, más no para hacerla.

Existe hoy en Venezuela, sobre todo en los que se creen más adelantados, una tendencia que debemos considerar en parte nociva; la tendencia de los espíritus superiores o que se creen superiores (que no es lo mismo) a despreciar al pueblo… Parece como que hay esta tendencia a vivir en calidad de “dilettante” en el país, dejando que los arduos asuntos los resuelvan los ciudadanos de “segundo orden”.

Cuando los conquistadores se apoderaron de Venezuela, repartieron la tierra entre todos ellos. La fatiga y el riesgo y el sacrificio de sangre y vidas fueron para los aborígenes; (sus verdaderos dueños) el provecho, las tierras conquistadas, para la clase conquistadora. (…) aquellos hombres se adueñaron de la tierra y la poblaron con los mismos hombres que la habían conquistado, imponiéndoseles condición de adscripticios, sujetándolos a ellos y a sus descendientes a ser vasallos de aquellos a cuyo lado habían peleado. Los que lideraron la independencia de la nación bajo el mando del Libertador Simón Bolívar, después de la muerte de éste; por el sólo derecho de ayudar a conducirnos a la victoria, adquirieron no tan sólo la suprema autoridad, sino que, además el dominio privado de todas las tierras expropiadas a los conquistadores y patrimonio de la nación el pueblo. Los líderes independentistas se constituyeron en castas, dejando las mismas leyes de dominación, dividiéndose, hipócritas, en dos bandos igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No hicieron nada fecundo; no crearon una Nación, no remediaron la esterilidad de las tierras. Fomentaron la explotación antes que las escuelas, las pompas regias antes que las vías comerciales y los menesteres de la grande y pequeña industria.

Más si esta discusión abstracta del derecho de propiedad individual de los medios de producción demuestra que tal derecho no debe subsistir, no nos conducirá a nuestro objetivo, que es demostrar que no puede subsistir. En las discusiones de clase y clase, nada tan estéril como la persecución de lo que debe ser. Conviene, por el contrario, que nos vayamos acostumbrando a la idea de que el sistema actual de producción y de cambio no es permanente, sino transitorio; que así como no es el primer término de la evolución económica, no es tampoco el último; que si nació ayer con la revolución burguesa, morirá mañana con la Revolución Bolivariana y Socialista. Cuando el hombre no tenga que disputar al hombre ni la subsistencia ni los medios de producción, el imperio de la competencia cesa y se abre la era de la solidaridad. Solidarios los intereses, es ya posible la igualdad. Eso es socialismo.

No llega, seguramente, la indiferencia del pueblo por los cambios políticos que acaecen en el campo de la Revolución hasta el punto de no preferir, y aun en ciertos casos de favorecer, aquellas soluciones políticas más adecuadas para su organización y propaganda, ni dejará de aprovechar para sus fines el conflicto constante de las fracciones burguesas.

Nos hemos retrasado en la evolución económica; entramos tarde y mal armados en la guerra de la competencia y sólo llevamos como remedio contra los desastres que nos amenazan la deficiencia y los vicios de nuestra educación técnica y social, la incapacidad notoria de nuestra burguesía y la supina ignorancia de nuestros gobernantes de ayer, más o menos habilidosos en la intriga política y muy expeditos de lengua, pero vacios como administradores y en crear leyes que favorecieran a todos los venezolanos por igual. Desgraciadamente hay clases y medios de comunicación que explotan las tristezas y miserias del pueblo y le colocan en mal situación, que quieren dejarlo en la ignorancia más completa, que abrirle los ojos a la luz de tan extraviadas enseñanzas.


Y el fondo, la base, la raíz y la fuente de estas cualidades es el sentimiento vivo de la solidaridad humana, es el sentimiento de la justicia, es el respeto y amor al pueblo, a todo el pueblo, es la convicción profunda de que son insignificantes las diferencias de individuo a individuo, es sentir en lo más íntimo del corazón el verdadero amor a la humanidad y comprender con lo más íntimo de la mente que sólo en una verdadera sociedad socialista, en una comunidad armónicamente organizada, puede desenvolverse en su mayor plenitud el pueblo.


Venga, sí, toda la libertad del mundo, pero venga también la mejora de las clases…, porque, lo que se dice, ¿qué adelanta el pueblo con ser muy libre si no come? Los gobernantes nuevos han de mirar mucho por el trabajo y por la industria. Los gobernantes de gobernaciones y alcaldías, deben tomar cierta conciencia de ello; tienen que estar más preocupados en los prolegómenos de la nueva situación social de sus comunidades.

¡No volverán!


manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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