Sr. Presidente, que lo sepa: uno vive chapoteando entre los que hacen negocio con el proceso y los jalabolas que destripan a la revolución

Uno aquí, espectador y expectante ante cierta masa de “revolucionarios” en esa peligrosísima metamorfosis que los lleva a funcionarios. La mayoría de esos funcionarios que se vuelven terrible y descaradamente reaccionarios. ¿Por qué? Porque sencillamente nunca han tenido espíritu revolucionarios, y eso en verdad que no consigue en la botica.

Usted se los encuentra a los esta clase, en los primeros asientos de cualquier acto. Son los infaltables. Son los primeros en apersonarse para recibir con melosidades a los grandes jefes del gobierno o de la revolución en sus giras. Tienen descomunales vozarrones para gritar las consignas en voga. Cizañeros, cucañeros, trapaceros… Son los militantes, son los únicos, y ya no les interesa participar en los debates, acudir a un encuentro de formación de cuadros, partirse los lomos con las tareas de las comunidades, hacer trabajo voluntario en medio de tantas necesidades sociales: lo de ellos es medrar, buscar una posición e imponerse por zancadillas, trampas, calunmillas… en cuanta elección política se presente. Lo de ellos es parecer revolucionarios, no serlos. ¿Quién en ese mar de buscadores de cargos, que se empujan y atraviesan en todo, puede realmente tener una visión crítica del proceso? Todo lo que allí se dice: “Sí, como usted mande”, “Como no, comandante”, “mande que soy soldado”, “lo que usted diga”… Les da pánico que algún jefecillo los saque de la lista de los “elegidos”, que se los deje de lado, que se los vea mal, porque no tienen otro destino que adular y andar en cuatro manos. Es imprescindible que en una revolución se cree algún sistema de control desde abajo del partido que la dirija, y la nuestra no está creando este poderoso instrumento de defensa para que los dirigentes, para que los burócratas puedan ser sometidos a la crítica de la base. Entre nosotros, lo altos dirigentes del partido son considerados inmaculados, intocables y algunos, hay que decirlo por todo el cañón, están echando vaina que una mata de frijol; están propiciando mucha corrupción y confusión en el proceso, y sobremanera blindados contra cualquier ataque, so pena de quien lo haga sea llamado “antichavista”, “golpista”, “infiltrado”…

Si alguien critica estas desviaciones, como le ha tocado a uno hacerlo, te expones a quedar sin patria qué defender. Te quedas igualito como el Bolívar de 1830, cuando Páez y sus secuaces venezolanos lo condenaron al ostracismo y a la maldición. Porque vives entre esa espada y la pared de que cuando atacas a algún grandísimo ladrón y sinvergüenza, pueda llegar algún connotado líder de Caracas y le levante la mano al bandido, y los mierdas se crezcan y se multipliquen. Hay que acordarse siempre que a Gulliver con todo lo gigante que era lo jodieron y lo amarraron los enanitos. Una situación extremadamente cruel y canalla, porque te quedas entre la espada de los que tienen el mango de la sartén del negocio con la revolución y la pared de los criminales de la derecha que ya te tienen en salsa y listo para la parrilla. Yo a eso no le paro bolas y sigo adelante contra el que trate de tapar vagabunderías, exponiéndome totalmente. No soy chavista para andar jalando bolas. No soy bolivariano para andar guindándome de farsantes ni para hacer negocios. Uno de los grandes desafíos de los procesos revolucionarios, es la tendencia que existe de comenzar a robar, de comenzar a engañar a la gente y de cogerse el poder para fines netamente personales, porque trabajamos en un aparato que debe evitar que se reproduzca realmente un sistema de castas o de privilegios. Y hay que combatir a muerte esta tendencia con organización de base y con un proceso que debe estar abierto a recibir la crítica sabiendo que existen los peligros de formación. Me contaba recientemente Marta Harnecker que un alcalde de Porto Alegre reflexionaba sobre la importancia de la presión del movimiento popular sobre él o sea que no importa que presionen, que hagan ola porque algunos gobernantes no quieren que les hagan olas, quieren todo pacífico, gobernar como quieran; este gobernante entendía de que la gente organizada, habiendo heredado un aparato burocrático deformado, necesitaba una buena crítica, una gran organización de movimientos populares que ayudase a los propios gobernantes que quieren tener políticas más soberanas y sin corruptos.

En Cuba, por ejemplo, me contaba la misma Marta, nunca los dirigentes han ostentado el privilegio que tienen; es que todo dirigente –me dice- tiene privilegios, aunque no lo quiera, aunque la Constitución diga que no. “Tú tienes –me añadía- al ministro que viene y te trae un regalo a ti como ministro, o una institución que te trae otro regalo; hay intercambio de regalos, aunque hay una norma en el partido que los regalos no deben recibirse. Tienen que ir a un fondo. Eso casi nadie lo cumple, entonces tú, aunque sólo sea por los regalos ya tú tienes la posibilidad de conseguir un televisor japonés y no uno chino, que se te echa a perder más rápido, etc.; entonces hay diferencias. En Cuba, aunque había habido diferencias pues, la dirección siempre tuvo una imagen de austeridad, cuando vino el período especial en que cae, es derrotado el socialismo en Europa del Este y en la URSS, y viene la gran crisis económica, resulta pues, que los primeros en restringir, pero no de palabra, porque aquí también se habló de restringir los salarios, hacerlo en la práctica, fueron los dirigentes y muchos dirigentes entre ellos yo. Yo fui compañera dirigente de un sector: nosotros andábamos en bicicleta, cortamos el aire acondicionado de la casa y en Cuba vivir sin aire acondicionado era complicado; entonces la dirección dio un ejemplo, yo creo que eso ha sido muy importante realmente y una cosa clave: Fidel sabía educar a su pueblo. Más vale que digamos jamás de rodillas, es preferible sufrir grandes privaciones pero nosotros nunca nos pondremos de rodillas ante el imperio, yo creo que eso también es muy importante. Ese pueblo acompañado por la dirección, por lo menos en la época en que yo viví allá es algo fundamental.”

Que se aprenda todo esto y rápido porque no queda ya mucho tiempo. Salud, camaradas.


jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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