Rupturas y secuencias

El Socialismo inevitable o el reencuentro con la utopía

Cuando Hugo Chávez propuso a los venezolanos la creación heroica de lo que denominó “un nuevo tipo de socialismo, un socialismo humano que pone a los seres humanos y no al Estado en primer lugar”, no pocos de sus seguidores (incluyendo a quienes ocupan cargos de gobierno) se sintieron alarmados por el rumbo que adoptaría en lo adelante el proceso revolucionario bolivariano. En el subconsciente de muchos (no solo opositores) se activó la propaganda antiizquierdista inculcada desde hace más de un siglo, según la cual el socialismo simboliza una ideología castradora de los más elementales derechos humanos y un totalitarismo atroz que convierte a las personas en autómatas o esclavos, aparte de ser un fracaso histórico a propósito de la implosión sufrida por la extinta Unión Soviética y sus aliados del Este europeo.

Esta propuesta, por supuesto, generó también la necesidad de ubicar al socialismo en el contexto de las nuevas realidades que vive el planeta en el siglo 21 y, en especial, en Venezuela y nuestra América, sin que ello denote calcar dogmas ni experiencias alejadas de su esencia emancipadora. En algunos casos, esto supuso una revisión de los aportes teóricos hechos por los precursores del socialismo a escala mundial, lo que -en sentido contrario- niegan otros al alegar que se trata de un socialismo nuevo y, por consiguiente, ajeno a las experiencias socialistas habidas en otras latitudes. Esto no constituye obstáculo alguno, sin embargo, para que muchos venezolanos se hayan identificado con los ideales socialistas, aunque no dispongan de un conocimiento claro al respecto que les facilite explicarlo e implementarlo. Quizás uno de los errores recurrentes que ha contribuido a enmarcar al socialismo sobre supuestos del pasado es el hecho innegable de obviar y no profundizar el estudio sistemático y la deslegitimación raigal del capitalismo y de las estructuras que lo sostienen desde hace más de quinientos años; de ahí deriva la convicción en algunos de establecer un sistema mixto, combinando elementos capitalistas y socialistas, constituyendo un híbrido ahistórico y contradictorio. Posiblemente también influya en ello el creer que el socialismo es una visión idealista estática, negándose su carácter histórico evolutivo y dinámico, con lo cual tendrían razón sus más encarnizados detractores capitalistas.

Por ello mismo, el socialismo requiere verse bajo una nueva óptica, extrayendo en lo posible los elementos positivos de las experiencias surgidas en su nombre, de modo que sea reimpulsado en los nuevos tiempos como un modelo de sociedad deseable y posible, en pro de la emancipación integral de la humanidad y en completa armonía con el entorno natural que le rodea y sustenta. Pero esto entraña hacer acopio de una audacia creativa al plantearse la total sustitución de la actual sociedad capitalista por una más cercana a las esperanzas humanas; al mismo tiempo que afirmar y preguntarnos, en coincidencia con David Schweickart, que “el socialismo puede ¨funcionar¨. La cuestión importante es, ¿hasta qué puede funcionar bien? Específicamente, ¿puede el socialismo funcionar mejor que el capitalismo?” (Democracia Económica: Propuesta para un socialismo eficaz). Para resolver los dilemas inherentes al socialismo, habría que atreverse a ensayarlo, evaluándolo, corrigiéndolo y consolidándolo a medida que se haga práctica diaria en cualquiera de las esferas de la vida en sociedad y no esperar a que estén colmadas las condiciones históricas que lo permitan, acercándonos sin pudor ni recelo a la Utopía, cosa que representaría más bien un reencuentro con la Utopía. Y esto es, precisamente, lo que nutriría este socialismo para el siglo 21 cuando la humanidad se ve en una coyuntura trascendental al entrar en crisis casi terminal la tesis “victoriosa” del pensamiento único y neoliberal y, con ella, de la racionalidad capitalista imperante, lo que se ha traducido en una mayor degradación del medio ambiente y de la dignidad de las personas al estar centrado su único y principal interés en la obtención garantizada de grandes ganancias económicas.

Hay que creer sin fanatismo alguno que el socialismo es algo inevitable. El mismo impulso hegemónico del capitalismo en su búsqueda de mercados y sus niveles de eficiencia y competitividad lo harán posible, dado que llegará un momento en que ya no podrá extenderse por más tiempo, aunque no sea un hecho simultáneo en todo el planeta, tal como fue su génesis. Esto se ve en el esfuerzo de algunos de sus propulsores por amortiguar la carga de rechazo de parte de los pueblos del mundo, sobre todo, de aquellos que se incluyen en el llamado Tercer Mundo. En este caso, la sociedad postcapitalista tendría que ser, necesariamente, socialista, tal como la Edad Media dio paso a la Edad Moderna. Pero, para ello, será pieza primordial ampliar los horizontes de la democracia, haciéndola participativa y protagónica, como se ha planteado ya en Venezuela y otras naciones sudamericanas. Sin ella, sería un absurdo hablar de socialismo.-



HOMAR GARCÉS
¡¡¡REBELDE Y REVOLUCIONARIO!!!

¡¡Hasta la Victoria siempre!!
¡¡Luchar hasta vencer!!

mandingacaribe@yahoo.es


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