Los hijos de Chávez, los hijos de Maduro, los hijos de Carmona Estanga y los hijos de Guaidó

Ahora que se adhiere al pueblo de Venezuela el mal llamado Día del Trabajador (el primero de mayo), no puedo evitar pensar en una paradoja muy a la venezolana: Sí bien el Presidente de la República, Sr. camarada y compatriota Nicolás Maduro Moros se auto proclamó Hijo de Chávez, ¿quién se atreve hoy, tras nueve años de mandato constitucional legítimo, auto proclamarse Hijo de Maduro?. Sabemos que un mal hijo de este país se auto proclamó "Presidente de Venezuela" por mandato divino-yanqui (un tal Juan Iscariote Guaidó), y trece años antes, otro hijo de p... apellidado Carmona Estanga también se auto proclamó, de manera celebérrima y con sonrisa irónica, "Presidente de Venezuela".

Cualquiera sea el encanto del cargo, acá abajo está un puñado de miles y miles de ignorados, desposeídos, desnutridos, sacrificados (llevados al sacrificio extremo de la pobreza crónica y el hombre extrema, entre quienes me cuento, agarrado de la mano de mi madre desnutrida de 75 años, bedel de escuela durante 27 años, con pensión por jubilación de pordiosera), que no sentimos un ápice de orgullo para celebrar ese Día del Trabajador, y no podemos ostentar el epíteto mordaz de Hijos de Chávez, Hijos de Carmona, Hijos de Maduro o Hijos de Guaidó, por cuanto los hijos de esos cuatro señores están forrados de dólares.

Solos somos pobres pendejos, hijos de la gran madre.

Del Comandante Chávez aprendimos a decir las cosas abiertamente, con franqueza, sinceridad y valentía. Quizás por eso incurrimos en excesos, pero el peor exceso es el silencio, por cuanto adviene en complicidad ante el vejamen y la injusticia.

Acostumbro escribir sobre mis penurias inmerecidas, y sobre la inmerecida miseria de este pueblo al que le he dedicado mis 55 años de edad, consagrado en cuerpo y alma al estudio, al trabajo agropecuario, a la literatura (por mero y tal vez vano ejercicio del espíritu) y a la docencia; metido durante más de tres décadas en la Universidad de Los Andes, la Universidad de Oriente y la Universidad de Oviedo, bien para estudiar y aprender, bien para enseñar y aprender enseñando; pero tras cinco años y ocho meses en condición de profesor jubilado, con PhD, sin que la OPSU, el Estado venezolano y el gobierno madurista me pague mis bien ganadas prestaciones sociales y pasivos laborales en los términos que por ley debe cancelarse ese beneficio histórico, es muy poca la capacidad de tolerancia que me queda en el alma, puesto que como otros quince mil hermanos-pais hijos de Bolívar, Miranda, Bello y Simón Rodríguez, jubilados en las universidades públicas de Venezuela, no hacemos más que ver para el cielo para ver de dónde carajos nos va caer la esperanza que nos mantenga vivos.

Muchos colegas profesores de muestras universidades públicas murieron durante la actual pandemia del Covid por carecer de seguro médico digno, cajas de ahorro solventes, salarios decentes y homologados a la mejor época del pasado, cuando el país no recibía ni la mitad de la millonada percibida estos últimos 22 años; y porque el hambre y la pobreza extrema nos hace amanecer tiesos en un catre.

Demás está decir que nos están enterrando como huérfanos.

En la más barata de las urnas van pudrirse nuestros cuerpos inermes, aunque desde el punto de vista moral y ético la urna es lo que menos tiene valor en la circunstancia de la muerte. Sin embargo, hago esta pregunta: ?Por que Chávez tiene un mausoleo de lujo en el Cuartel de la Montaña, mientras Rómulo Gallegos tiene sus huesos perdidos, profanados y robados en su cripta del Cementerio General del Sur?

Ambos fueron presidentes.

Que uno fue Hijo de Zamora y el otro fue —quizás— hijo de adecos, es probable, pero acaso ¿no fueron hijos de Venezuela ambos? ¿Aplica este mismo criterio de Estado para el trabajador de a pie, de los hospitales, escuelas, universidades, bomberos, policías, alcaldías, ministerios, empresas públicas del agua, la energía, más un largo etcétera?

Creo que en los debates ideológicos gobierneros y anti gobierneros no surge un debate crítico coherente con la sinceridad de nuestra realidad laboral y post laboral crítica, y la situación tan miserable que agobia el nivel de vida del ciudadano no miembro de la politiquería a ultranza, o al menos no activo del fanatismo enceguecedor, pasitivista, adormecedor.

Esto supone, en principio, ir más allá de la verborrea populista de guerra económica, bloqueo, invasión, face newks, golpes de estado, traidores a la patria, pitiyanquis, vende parias, contrarrevolucionarios, rodilla en tierra, leales siempre traidores nunca, el sol de Venezuela sale por el Esequibo, el Petro salvará a los venezolanos, criptoactivos, criptomonedas, bolívar soberano, bolívar digital, dólar criminal, dólar negro, dólar paralelo y otro saco más de caca de gallinas lanzado a nuestros oídos. ¡Por favor!

Cuánta más conciencia revolucionaria haya en nuestro existir cotidiano, más armas tenemos de tipo moral para pelear por la justicia y los derechos humanos. Ningún dogma o credo debe sustraernos de ese norte. Solo si un proyecto-Estado va en el sentido de la justicia social, vengan los vítores hacia los trabajadores y las trabajadoras, hacia la respetada senectud, hacia la invaluable infancia. Sólo así renacen los hijos de las naciones.

La revolución bolivariana olvidó hace mucho tiempo la justicia social.

La oposición actual venezolana tiene por justicia social el saboteo, la entrega de nuestras riquezas y el juego sucio de la política en beneficio de sus bolsillos, Casos Monomeros y Sitgo, por decir lo menos, incluido el oro en bancos internacionales.

Cada bono del sistema patria.org supone entre 50 y 70 millones de dólares. Son más de sesenta bonos anuales generando el efecto sicológico de la dependencia estadal, la mendicidad, el conformismo, la adulancia partidista, y el ocio. Eso no se traduce en desarrollo humano, desarrollo social ni en desarrollo económico. Tampoco representa una justa "distribución de la riqueza". A lo sumo alivia las urgencias, mas no logra satisfacer necesidades extremas.

No solventa las carencias.

Estimo más prudente fomentar el crédito publico para pequeñas y medianas industrias de un modo responsable y de estricto pago, sin burocratismo, para el recurso humano sub profesional, profesional y emprendedor correspondiente al rango de edad comprendido de los 18 a los 65 años para generar activos económicos que ayuden a socorrer a la infancia y al adulto mayor. Por ser Venezuela un país con una media poblacional joven, esto puede contribuir a generar mucha riqueza. Sólo se requiere el impulso estadal. En mi caso, con dos mil o tres mil dólares puedo producir y pagar el mencionado crédito, puesto que ya dispongo de las herramientas necesarias. No así de los fondos.

Solo entonces el Día del Trabajador tendrá alago más que esa gloria aparente, ficticia y definitivamente absurda. Hambre por ausencia de salarios dignos y revolución sin justicia social real no puede dar pie para celebrar nada.

Considero yo.



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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