El ¿Partido? Socialista Unido

No será fácil para los venezolanos a quienes se nos ha confiado la tarea de proponer una formula para articular políticamente las fuerzas de cambio que respaldan las políticas del actual régimen de gobierno. El mismo término de partido es contradictorio con la idea de democracia participativa, contemplada en la parte programática -sin dudas de inspiración socialista- de la constitución vigente. Esta institución, creada dentro del marco de la noción de democracia representativa instaurada por la burguesía, fue concebida como un instrumento de intermediación entre pueblo y gobierno. Serviría para canalizar las demandas de la gente dirigidas a las instituciones políticas encargadas de tomar las decisiones relativas a la adjudicación de valores sociales a los distintos sectores que actúan dentro del Estado. Se trató de una formula disfuncional, generadora de oligarquías, que prostituyó el sufragio mediante la técnica del “marketing político”. Una practica antagónica a la propia noción de democracia, convertida en mecanismo para el establecimiento de plutocracias. Lo que no resulta discordante con la vieja noción de partido, seria el papel de la nueva institución en la búsqueda y conservación del control del poder en el marco de un Estado, que tampoco es un fin en si mismo, sino un medio para el logro del ascenso humano. Unas funciones que demandan de la organización social para encausarla dentro de la dialéctica política que enfrenta las tesis de la inercia, favorecedora del mantenimiento de la estructura social existente en un momento histórico, ante el deseo de ascenso humano, que impulsa el cambio.

Allí es donde radica la dificultad de la tarea encomendada. Para una unidad social básica –familia, vecindario, comunidad, o grupo funcional- sus intereses específicos son mas o menos definidos con cierto grado de precisión. No ocurre lo mismo en agregados sociales complejos, desde la tribu hasta las actuales organizaciones supranacionales. En ellas la acción estructurante se orienta por fines (valores) que son de naturaleza abstracta. No se materializan en ningún ente concreto. Nadie ha visto, ni puede describir, salvo como ficción, una sociedad nacionalista, liberal o socialista. Se han visto intentos de aproximación hacia estos arquetipos, que por ser reduccionistas, desconocen la riqueza de la realidad. Y al ignorarla, se sorprenden de la acción de variables no identificadas, que llevan al traste sus experimentos. La historia nos refiere únicamente el auge y caída de los centros de poder que han ensayado distintas formulas de organización social, pero no nos muestra una que haya persistido en el tiempo. De allí que el desafió que tenemos este pequeño grupo de venezolanos, radica en comprender la complejidad de nuestro pueblo y del ambiente internacional donde existimos, para transformar los movimientos sociales que aspiran cambios, en una fuerza política que propenda a estructurar una sociedad en la cual se tienda a minimizar la pobreza y la miseria material y psicológica de sus miembros. El fin de la sociedad socialista.


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2632 veces.



Alberto Muller Rojas


Visite el perfil de Alberto Müller Rojas para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Alberto Müller Rojas

Alberto Müller Rojas

Más artículos de este autor


Notas relacionadas


US N ab = '0' /ideologia/a31032.htmlCd0NV CAC = , co = US