La nueva etapa ¿de institucionalidad o de luchas?

La instalación de la Asamblea Nacional, estuvo llena de señales contradictorias y comentarios significativos. Hubo circunstancias indignantes, como el maltrato hacia el diputado del PCV. Hubo discursos que requieren análisis como la negativa al perdón y al olvido, del nuevo presidente del parlamento, cuya designación misma fue un mensaje. Así mismo, opiniones muy discutibles, como la de Luís Britto García quien caracterizó la situación como de "normalización institucional". Pocas horas más tarde, se conoció que el Alto representante de la Unión Europea anunciaba que esa entidad dejaba de reconocer a Juan Guaidó como presidente, aunque lo tomaría en cuenta para continuar explorando "salidas políticas" a la situación venezolana.

Se trata, por supuesto, tanto la instalación de la AN como la decisión de la UE, de la formalización de una victoria política sobre toda una estrategia errada de la oposición colgada de la brocha de Trump. Ya el balance de esa estrategia del mantra, lo hizo el propio Maduro. Sólo el desastre podía ser el resultado de esa autoproclamación delirante, ese intento de ingreso al territorio desde Colombia a cuenta de "ayuda humanitaria", esa pantomima de golpe para liberar al verdadero jefe Leopoldo López; la mamadera de gallo de Macuto, etc. Y sobre todo, depender casi exclusivamente del apoyo internacional, dirigido por un gobierno como el de Trump. De hecho, varios políticos opositores, hasta última hora, cruzaban los dedos para que los resultados de las elecciones norteamericanas no fuesen tan duros contra el Partido Republicano y su padrino Trump en los escaños por definir en el Congreso norteamericano. Y es que, para esa oposición, era más cómodo tratar con sinvergüenzas como Elliot Abrams, que con algún funcionario vinculado, aunque fuese indirectamente, con un Bernie Sanders, por ejemplo. Por lo demás, esta vinculación esperanzada con Trump por parte de esa oposición, no fue únicamente un error. Fue toda una definición política-ideológica. Por si quedaran dudas, el liderazgo opositor reafirmó su carácter derechista y no-nacional, su vínculo ya ineludible con esa "nueva derecha", esa "oscura Ilustración" (Dark Enlightement), que prende las alarmas en Europa y en los propios Estados Unidos, como síntoma de una decadencia sin remedio.

Dijimos que se notaron contradicciones. No se trata únicamente de incongruencias lógicas, sino de tensiones dinámicas, dialécticas si se quiere, que, tal vez, indiquen la dirección de la evolución de los acontecimientos. En primer lugar, esa incongruencia entre la reiteración de un llamado al diálogo y a la paz, y el maltrato al PCV (aparte del incidente de las sillas, no le dieron derecho de palabra) y esa advertencia de que vendrían retaliaciones implícitas en esa negativa al olvido en el discurso de Rodríguez. También es incongruente que hayan designado a Rodríguez como presidente, en un gesto alternativo a designar al beligerante Diosdado Cabello, como para mostrar que se pueden avanzar conversaciones.

Esas conversaciones y posibles acuerdos, no son fáciles. Por un lado, el gobierno (el bonapartismo reinante, la cúpula burocrática militar representante de una nueva burguesía dirigente), ha aclarado suficientemente su camino económico: la privatización, la dolarización, ofrecer fuerza de trabajo baratísima, internacionalización del petróleo y la minería, flexibilización de todos los controles, etc. Este es un "giro a la derecha", acompañado de la represión y suspensión de la Constitución. Esto podría ser visto como positivo para el capital internacional y terminar por tener su expresión política en acuerdos para "regularizar" las instituciones. Por otra parte, la oposición (si es que se puede seguir hablando de ella en singular) tendría que cambiar de liderazgo. La retaliación viene. No me parecen descabelladas nuevas detenciones, incluso la del propio Guaidó. A menos de que se sostenga en la palestra por una concesión mediada por los europeos.

Las conversaciones no serán tales, si no se hace con el dueño del circo. Hasta ahora, no ha habido una afirmación clara de la intención de dialogar y negociar con Maduro por parte del equipo del nuevo presidente Biden. Este se ve muy comprometido en la reparación de los desmanes de Trump, en el manejo de la pandemia, el asunto económico, incluso en reformular las relaciones con Rusia y China. Sólo después de todo esto, y de muchas concesiones del gobierno venezolano, ese equipo demócrata reconsiderará su política hacia Venezuela.

Luís Britto García habló de una regularización institucional. Nos parece exagerada, poco realista y hasta malintencionada esa constatación del admirado escritor. La recuperación de la Constitución Nacional ha sido nuestra apuesta desde hace tiempo. Por eso, llamamos a votar en las recientes elecciones parlamentarias. Pero, estemos claros: no hay reinstitucionalización mientras sigan aplicándose las fulanas "Leyes constitucionales", comenzando por la llamada "Ley Anti-Bloqueo". Tampoco mientras la corrupción y la ineptitud sigan reinando, sin control del parlamento. Menos, si continúa el YSJ siendo un simple brazo del PUV. En este sentido, el que la comisión de Contraloría de la AN no haya quedado en manos diferentes a las del PSUV es una malísima señal, o más bien, una irritante expresión de sectarismo asfixiante, de dominio total de los grupos corruptos.

Por supuesto, la situación institucional siempre es expresión de una correlación de fuerzas políticas y sociales. Hasta ahora, la victoria política del bonapartismo es sólo la otra cara del aplastamiento de las fuerzas sociales y la suspensión (dicho suavemente) de las instituciones democráticas. Quiero decir, la regularización institucional sólo puede ser efecto del ascenso de las fuerzas sociales y democráticas, de las luchas de los trabajadores, de otras fracciones de clase diferentes de la nueva burguesía rentista que ha crecido con el gobierno burocrático-militar.

Hasta cierto punto, el gobierno despótico es rehén de su discurso. Quieren hacer gestos para buscar una estabilidad que les permita incorporarse definitivamente al mercado mundial de capitales y mercancías. Que les permita ejercer como nueva burguesía, sin la molestia de las sanciones y persecuciones legales como la de Alex Saab. Quieren simular que aquí hay algo así como un Estado de Derecho. Aunque todos sabemos que no hay tal cosa, y los principales responsables de esa situación, sean los enmascarados.

Por eso, lo que queda es insistir en el horizonte de la recuperación de la Constitución, sus garantías democráticas, su institucionalidad eficiente. Y eso, sólo puede lograrse, con la recuepración del movimiento social y popular.



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Jesús Puerta


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