La agonía del héroe

"El Comandante ilumina nuestra historia desde Cuartel de la Montaña 4F su yacencia de cadáver. Comandante no es un hombre que haya de mirarse en el escaparate de la ciudad material. Comandante es el obrero de la ciudad ideal. De la ciudad que hacen los símbolos. De la ciudad que aún se empeñan en contornear los héroes que ayer sacrificaron su vida por darnos independencia y dignidad. Hay modos de acrecentar el espíritu, de elevarlo, de ensancharlo, de ennoblecerlo, de divinizarlo, sin acudir a los medios de esa cultura sin tomar la ciencia más que como un medio para ello, y con las debidas precauciones, para que no nos corrompa el espíritu. Son existencias permanentes. Es el hombre que vivió al morir".

Así como el amor a la muerte y el sentimiento de que es ella el principio de nuestra verdadera vida no debe llevarnos a renunciar violentamente a la vida, al suicidio, puesto que la vida es una preparación para la muerte, y cuando mejor la preparación, mejor lo preparado, así tampoco el amor a la sabiduría debe llevarnos a renunciar a la ciencia, pues esto equivaldría a tanto como un suicido mental, sino a tomar la ciencia como una preparación, y no más que como una preparación a la sabiduría.

Es curioso lo que pasa con las ideas. Tenemos en el espíritu muchas veces una tropa de ellas que se arrastran vegetativamente en las oscuridad, mustias, incompletas, sin conocerse unas a otras y huyéndose mutuamente. Porque en la oscuridad, las ideas, lo mismo que los individuos, se tienen miedo. Y están acurrucadas, evitando todo contacto, disociadas. Pero he aquí que, de pronto, entre una idea nueva y luminosa, arrojando lumbre, e ilumina aquel rincón, y al verlo las otras, y al verse unas a otras las caras, se reconocen, se abrazan y forman hermandad y recobran plena vida. Con una porción de ideas mustias y penumbrosas que teníamos desperdigadas en un rincón de nuestro espíritu.

Ni, pues, el anhelo vital de inmortalidad humana halla confirmación racional, ni tampoco la razón nos da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a ésta. Más ha aquí que el fondo del abismo se encuentra la desesperación sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente, y se abrazan como hermanos. Tenemos que abandonar, desengañados, la posición de los que quieren hacer verdad y lógica del consuelo, pretendiendo probar su racionalidad, o por lo menos su no irracionalidad, y tenemos que abandonar la posición de los que querían hacer de la verdad racional consuelo y motivo de vida. La paz entre estas dos potencias se hace imposible, y hay que vivir de su guerra. Y con esto de ser base de acción y cimiento de moral el sentimiento de la incertidumbre y la lucha entre la razón y la fe y el anhelo de vida.

En eterno y nunca desmayado trabajar, lentamente vamos construyendo el andamiaje espiritual y económico del pueblo y si aquí sacrifica ésta su esfuerzo, más allá la otra cosecha al fruto; si en una decayó el ánimo, en la otra más fuerte y más alta se alzó la voluntad de sobreponerse.

A veces los políticos de una misma generación se separan y sirven opuestos intereses, corriendo peligro el ideal de progreso. Tal ocurre cuando el régimen de vida no se compagina con la situación del pueblo. Se recurre entonces, paras anular la oposición, al fraude, al engaño, a la demagogia, como sistema político.

Todo individuo que en un pueblo conspira a romper la unidad y la continuidad espirituales de ese pueblo tiende a destruirlo y a destruirse como parte de ese pueblo. ¿Qué tal otro pueblo es mejor? Perfectamente, aunque no entendamos bien qué es eso de mejor o peor. ¿Qué vence, eso que llaman vencer, mientras nosotros somos vencidos? Conciencia y finalidad son la misma cosa en el fondo.

—Lo malo es que ni escarmentamos ni aprendemos, y así como empujamos al Zulia y estados Andinos al separatismo. Porque los verdaderos laborantes del separatismo hay que buscarlos entre esas duras cabezas cabileñas, de esa mentalidad, cuando no rudimentaria, recia, que se obstinan en plantear los problemas políticos con un violento dogmatismo teológico y en establecer principios indiscutibles. Y así como el teológico sostiene que niega la existencia de Dios quien no le concibe como él o quien en Dios cree, no por las pruebas que el teológico establece, sino a pesar de ellas, así estos teólogos del patriotismo tachan de antipatriotas a quien no siente o no comprende la Patria como sienten o las comprenden ellos.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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