Partidos políticos

—Mire camará, en 1926 el fascista Mussolini disolvió los partidos de la oposición, entre ellos el de Gramsci, y eliminó la libertad de prensa. Un grupo de policías irrumpió en la casa de éste y lo detuvieron en contra de toda legalidad saltándose su inmunidad parlamentaria, se lo acusó de conspiración, apología del delito e incitación al odio de clase.

¿Se le parece a algo?

—A algo.

—En estos últimos veinte años los partidos políticos de ambos bandos se convirtieron en unas máquinas de fabricar pasiones colectivas.

Usted bien sabe que las pasiones nublan el entendimiento y nos impiden pensar con claridad.

Los partidos han hecho que una frase y su contraria puedan ser a la vez verdaderas, al derecho y al revés es lo mismo.

Estos politicastros han hecho de la política una telenovela, por eso la gente se ha dejado arrastrar por la misma ciega pasión que cuando ven un partido de fútbol o la telenovela.

La gente no vota, sino que ficha.

Dígame usted, cuántos se detienen a oír lo que en verdad dicen los políticos de gobierno o de oposición, la gente no debate sobre política sino que discute a grita pelao y se acalora con el vecino, con la mamá, con el hermano.

—Esto es la sinrazón.

—Los venezolanos en vez de pensar en el bien común, vivimos la política como una lucha encarnizada que busca derrotar y destrozar al adversario.

Cada político ahora es un enemigo.

Los políticos nos han inculcado que quien opina diferente a nosotros es un ser hostil.

Recuerde al difunto y demás cohorte, lo mismo han hecho los de la oposición.

¿Qué hacen los partidos?

Alimentan nuestras más bajas pasiones: el miedo, el odio, la ira.

—En eso se la pasan todos los días.

No tienen otra ocupación.

—Los partidos políticos se la pasan ejerciendo presión sobre la colectividad, sobre el pensamiento de cada persona.

Y aplican aquello de «el que se mueva no sale en la foto».

—La sumisión al partido, se llama eso.

—Así mismo es, más claro imposible.

Sumisión y obediencia a la voluntad del líder.

—Por eso es que la oposición se volvió majarete con aquello de la Mesa de la Unidad, cabeza que se asomaba cabeza que volaban.

—Y no digamos nada del difunto.

Lo que pretenden es que la gente se quede callaita, si quiere recibir algo de hueso.

—El chantaje, nada más.

—A los simpatizantes del partido se les da el kits de argumentos donde está detallado lo qué tienen que decir y cómo deben defenderlo.

El que se salga del guión es execrado.

El que se mueva más allá de la línea marcada es acusado de traidor.

—Y le dijo, la primera y única finalidad de todo partido político es su propio beneficio.

Ni la verdad ni la justicia ni la utilidad pública son la prioridad de estos políticos.

—Por eso es que usan la mentira y la injusticia para el beneficio de ellos.

A estos rufianes no les gusta que les digan la verdad porque los incomoda.

Los partidos políticos se ha convertido una maquinaria de corrupción y por eso cada vez se parecen más a las bandas del crimen organizado.

Por eso es que el fantasma del fascismo anda despierto.

Los políticos tienen los mismos discursos que se dijeron en la primera mitad del siglo XX. El nacionalismo, la crítica populista de la democracia y de las instituciones están en boca de estos menestrales de la infamia.

—Las mismas mentiras y los mismos eslóganes se difunden por las redes sociales como arroz picao.

Estamos entrampados en esas bajas pasiones que han cultivado los políticos contra la población.

Así nos tienen.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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