El trabajo cotidiano de la selectividad estratégica

Los esfuerzos de reconstrucción representan la antítesis del complejo del capitalismo del desastre, con su búsqueda perpetua de la tabla rasa y las páginas en blanco sobre las cuales diseñar nuevos modelos de Estado. Como las cooperativas agrícolas e industriales de Nuestra América, son por naturaleza fruto de la improvisación, y emplean las herramientas oxidadas que están a mano, que no estén rotas, que no hayan desaparecido, en suma. A diferencia de la fantasía del Arrebatamiento cristiano, esa eliminación apocalíptica que permite la huida etérea de los verdaderos creyentes, los movimientos de renovación locales se basan en la premisa de que no podemos escapar de los terribles desastres que nos asolan y que a veces creamos con nuestras acciones. Postulan que ya habido bastante eliminación, de la historia, de la cultura y de la memoria. No se proponen hacer borrón y cuenta nueva, sino más bien hacer acopio de todos los errores, los restos, los escombros y las ruinas y reconstruirlo todo a partir de ellos. A medida que la cruzada corporativista prosigue su violento declive, aumentando el dial para reverberar por encima de la creciente resistencia que se opone a su paso, estos proyectos señalan el camino a seguir entre fundamentalismo de distinto cuño. Radicales únicamente en su intenso sentido práctico, arraigados en los pueblos en las que viven se consideran meros reparadores, tomando lo que encuentran y arreglándolo, reforzándolo, haciéndolo mejor y más equitativo.

El sector de las ayudas humanitarias y la reconstrucción de las zonas declaradas catastróficas, y la reconstrucción orientada a los beneficios ya se ha convertido en el nuevo paradigma global, sin importar si la destrucción original procedía de los tanques de una guerra preventiva, como sucedió con los ataques de EE.UU. contra Siria, o de la furia de un huracán. La escasez de recursos y el cambio climático han abierto la puerta a una avalancha de nuevos desastres naturales, un desfilar permanente de apetitosas oportunidades de negocio: la ayuda humanitaria es un merca do emergente demasiado tentador como para dejarlo en manos de las organizaciones no gubernamentales.

En cuanto a su escala, el complejo empresarial surgido del capitalismo del desastre está en pie de igualdad con los "mercados emergentes" y el auge de las tecnologías de la información. De hecho, las fuentes consultadas afirman que las cifras barajadas son mucho más altas que entonces, y que la "burbuja de la seguridad" inyectó vida en el mercado cuando el negocio de Internet empezó a flaquear. Junto con los grandes beneficios de la industria de los seguros (se cree que alcanzaron un record de 60.000 millones de dólares, sólo en Estados Unidos), así como los excelentes resultados de las compañías petrolíferas (que crecen con cada nueva crisis), la economía del desastre quizá haya salvado al mercado mundial de la tremenda recesión.

Un problema recurrente se presenta cuando tratamos de relatar la historia de la cruzada ideológica que ha desembocado en la privatización radical de la guerra y del desastre, la ideología cambia continuamente de forma, de nombres y de identidades. En la mayor parte del mundo, son conocidos como neoliberales, pero a menudo se utilizan los términos "libre mercado" o, sencillamente, "globalización". —Heritage Foundation, Cato Institute o American Enterprise Institute— empezó a autodenominarse "neoconservador", un enfoque que ha enrolado toda la potencia del ejército y de la maquinaria militare al servicio de los propósitos del conglomerado empresarial.

Todas estas reencarnaciones comparten un compromiso para con una trinidad política: la eliminación del rol público del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas y un gasto social prácticamente nulo. Pero ninguna de las múltiples nomenclaturas que esta ideología ha recibido parece suficientemente adecuada. Liberar al mercado de la tenaza estatal, pero el historial de los distintos experimentos económicos que se han llevado a cabo nos muestra una realización muy distinta de su visión de purista.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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