Maduro en Rusia, Guaidó en la ONU sin-rastro-ni-ojos y, Julio Borges, arrodillado frente "la Virgen María". ¡Aleluya!

Guaidó es feliz, abrumadoramente feliz como presidente encargado de un grupo de fanáticos venezolanos que, juega a los dados de la suerte con los dólares gringos que Julio Borges manda desde Colombia de la fabricación de drones paramilitares que rastrean el gobierno de Maduro con un nuevo "TIAR" incorporado y, el embrollo es en la ONU. Donde los cancilleres, el que no habla, ruega con lágrimas de vivezas al ver que Bachelet, la alta comisionada de los derechos humanos, tiene el don divino de suntanciación de fabricar milagros en el acto que, el papa Francisco está detrás de su nicho de fe y de devoción porque los santos de su iglesia están en una orgía secreta detrás de Trump como el presidente más fecundo, en desunir, y destruir con mentiras el alcance de su Dios por el bien de la humanidad.

Y Maduro al saber del apetito freudiano desmedido de Bachelet sin romanticismo de alabo de hacer milagros en la ONU con incentivos prósperos y, pensando que ella está al servicio de Guaidó y, de su gobierno se embarcó rumbo a Rusia a pedirle consejos estratégicos antimilagros a Putin que, como todo un ortodoxo cosaco de tiempo pasados: le va a enseñar a combatir reacciones adversas que, le puedan complicar su gobierno más de lo que está, que desde que el carismático caradura Elliot Abrams convenció a los presidentes de Latinoamérica que había que salir de él a como fuera, le da rabia y desconsuelo que, hasta el momento no hayan apretado más y, más hasta asfixiarlo económicamente que suelte el poder que le ha enredado su trato con Trump, por lo que Putin le espantará desde allá la injerencia externa de quienes no lo quieren como patio trasero que no es de los Estados Unidos y, ambos oyeron cuando Trump, desabrigado por el clima, en su discurso en la ONU sin quitarle, ni ponerle ni un punto ni una coma, sino lo que le escribieron -dijo: "Si quieren democracia tiene que mantener su soberanía y si quieren paz tiene que amar a su nación". Por lo que Maduro, le dijo, a Putin. Eso es exactamente lo que él quiere que, si queremos la soberanía que él impone para tener paz, tenemos que amar a su nación. Los que hacen los colombianos, los peruanos y, los demás arrastrados tras de él. Y, ambos se rieron a lo Trump.

Mientras en la ONU esperan con ansiedad milimétrica el discurso de Iván Duque, quien atornillará con paciencia, emoción, la dicción en su lenguaje de "berraco" colombiano en expresar que, el gobierno de Maduro se quiere meter en Colombia, por lo que se hace necesario más producción de drogas que salve a los Estados Unidos y al mundo y, así ellos pacificarán sus relaciones por la paz, por la que tanto han luchado Uribe, Juan Manuel y ahora él por la hermandad y cooperación de los pueblos que desde Venezuela incitan por la frontera norte, por lo que a Nicolás hay que aislarlo de tantas perturbaciones que dirige en secreto que, ahora por Rusia anda buscando armas y resabios acomodaticios de impertinencias que atrapen de más injusticias a la justiciera Colombia que con sentimientos de grandeza lucha por su paz y, dirá además: tenemos grandes personalidades del mundo político venezolano: enseñándonos a convivir dentro de su modelo de coexistencia con grandes grupos colombianos como es el grupo internacional ambiental y ecológico, Los Rastrojos.

Y, entonces sin perturbación ninguna: sucedió en la ONU, lo inesperado, el milagro prodigioso que nadie esperaba y, que con grandes aplausos resucitó a Bolsonaro como el salvador de Brasil -¡Oh Dios, bendito sea!- fue lo único que pudo pronunciar Bachelet y se miró de pie a cabeza como una santa, quizás como la misma Virgen María, y, se asombró, lo que no asombró a Bolsonaro cuando, estupefacto, sin rencor, sin maldad, tierno como un Trump y feliz, nos recordó sin querer a Eduardo Galeano, quien una vez -dijo: "Estamos ante un mundo al revés, que recompensa a sus arruinadores en lugar de castigarlos". Y exactamente eso fue lo que hizo Bolsonaro cuando leyó: mi país estuvo "al borde" de caer en el socialismo y que gracias a su mandato la nación "se está reconstruyendo". Y sin tos, ni cansancio, veloz y acucioso como ultraderechista se afincó y, dijo: "Me presento ante ustedes para presentarles un Brasil nuevo, un país que se ha salvado del riesgo del socialismo. Se está reconstruyendo bajo los ideales de su pueblo. Brasil está trabajando para recuperar la confianza del mundo". Coño Lula, sigue en tu celda y como castigo por lo bien que lo está haciendo el gobierno de Bolsonaro y lo malo de tu socialismo, deja de aspirar a tu libertad que como muy bien lo acaba de decir Bolsonaro en la ONU, su país, estuvo al borde del socialismo que los llevó a la corrupción y, a una recesión económica grave y a unos índices de violencia elevados". Más claro no puede hablar un jefe de Estado que, por lo general debe estar en la cima de las encuestas sin violencia, sin socialismo, sin corrupción. ¿Han de creer en muertos? Y qué dirá Macri. ¿Dirá algo? Parecido o, semejante o, callará.

Sólo le falta a Bachelet realizar el milagros de los panes, para que Guaidó y Trump, le maten el hambre a los venezolanos, pero más a los que sufren fuera por culpa de ellos mismos y sus medidas económicas y, ¡Aleluya!.

Así vive el mundo de falsa en falsa dentro de ese conjunto de la farsa de traidores y falsificadores en otro mundo que no le quieren dar paz.



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Esteban Rojas


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