Rafael Ramírez y el tren de Lenin

En el trayecto que va desde Berna a Petrogrado (San Petersburgo), en el famoso tren sellado, Lenin se dedicó a reagrupar al partido e interpretar la realidad de su país para liderar una revolución con las consignas y la organización más justas. Este episodio es una motivación para volver al ataque, no es insulsa propaganda, se trata del buen uso de los principios y convicciones para la lucha. La llegada de Lenin a Petrogrado, en 1917 debió ser una verdadera epifanía, al alcanzar una especie de comunión con los obreros y soldados la cual desde entonces sería muy fuerte mientras el líder vivió. Lo importante es que el regreso a Rusia Lenin lo hizo armado de convicciones y principios revolucionarios los cuales hicieron el contraste para saber leer el momento anímico y político de un pueblo convulsionado que clamaba justicia, paz y libertad, fue una oportunidad para llamar y organizar cambios políticos trascendentales (la toma del poder político); los principios permiten identificar con claridad al enemigo moral, militar y político, definir los objetivos de las luchas populares... Por ejemplo, estos principios socialistas y revolucionarios no indicaban en nada que había que matar soldados alemanes en una guerra inter capitalistas, que el objetivo principal era derrotar la tiranía de los explotadores, grandes propietarios y terratenientes, al zarismo, al Estado y al espíritu burgués.

En Venezuela muchos representantes del gobierno argumentan que las condiciones del país han cambiado, por lo tanto hay que “actualizar”, inclusive, cambiar la estrategia de lucha. Ya no hablan de socialismo sino de “socialismo en lo social”, o “socialismo democrático” (una forma tonta de decir socialdemocracia) o simplemente “nuevo modelo económico” el más astuto eufemismo para decir “viejo modelo económico”.

Es inevitable que cambien las condiciones del país, la realidad deviene, por supuesto, y por lo tanto nuestra percepción de la realidad debería cambiar con ella. Venezuela después de la muerte de Chávez cambió de forma abrupta, pero hubo también una causa abrupta debido a las decisiones de los dirigentes, no fue solo el producto de las conspiraciones de siempre y de la acción positiva de las políticas de Chávez, fue una ruptura, el dejarse de las conspiraciones, no resistirse y permitirlas; de repente se detuvieron los avances, el ritmo de los cambios, y comenzamos a retroceder ¡Claro que cambiaron las condiciones!

Sin embargo en seis años las cosas no variaron como para que la valía de nuestros principios, revolucionarios, socialistas mermara o estos principios caducaran, como la leche pasteurizada; no hubo razones para que tuviéramos que cambar de golpe nuestras convicciones, y “corregir a Chávez”. Si hasta hoy no han variado nuestras condiciones sociales de vida, si más bien han empeorado, nuestros principios socialistas y revolucionarios están más vigentes que nunca, deberían todavía gobernar nuestra conducta política, ¿Por qué se corrigió a Chávez y se abandonaron los principios?

Hoy vivimos una amenaza de guerra, se invoca al patriotismo, se convoca a la defensa del país en medio de una crisis de gobierno, política y económica; se quiere preparar a todo un pueblo para que defienda y muera por la patria, a manos de un enemigo sin rostro, el cual el chavismo, ni siquiera los militares, acaban de identificar con claridad. Las convicciones y principios que originaron esta revolución aun no se han vencido del todo, todavía están vigentes, y nuestros valores nos indican que enfrentarnos en una guerra con hermanos, hermanos de clase social, es hacerles el juego a dos titiriteros que pelean por el control de nuestra fuerza de trabajo, nuestras vidas, tierras, riquezas, y que nosotros somos los títeres en este “teatro de guerra”; defendiendo una patria que el mismo gobierno la está entregando por la puerta de atrás, o negociando al enemigo, al enemigo de clase, al enemigo político, al imperio…, ¡El mismo gobierno!

Todo cambia, hasta las convicciones y principios, pero los nuestros, como socialistas, no deberían desaparecer de golpe y porrazo y matarnos “arreados”, azorados, por la urgencia de una guerra (económica o de la clase que sea), más psicológica que real, sin alcance revolucionario, dando bastonazos de ciegos a un enemigo fantasmal, escurridizo, a veces más cómplice del gobierno que adversario; con el cual éste comparte mucho, para la manera de cómo lo maldice públicamente: comparte la democracia pequeñoburguesa y clientelar, la economía, la manipulación, el populismo, la mentira y las mentiras, las promesas.

…Este es un mensaje para el líder en el exilio, que debería regresar al país para continuar la lucha. Amigo mío, debe hacerlo cargado de principios revolucionarios, como Lenin o Fidel. No hay que entramparse en el patriotismo pueril, manipulado por el gobierno de Maduro (Maduro busca negociar su propia existencia y poder políticos, de ser posible, hasta con el mismo diablo), hay que reorientar las armas, los cañones, hacia el capitalismo y sus efectos funestos, hacia el sistema, desvelar el rostro del enemigo verdadero, ahí también está Maduro y su gobernó.

Lo importante es conservar los principios socialistas, políticos y éticos, no nada más las “razones” de porqué luchamos, mientras la brecha social (económica y política) siga siendo tan amplia y profunda y siga pendiente su resolución. Si el líder vuelve a la lucha quisiéramos que fuera con humildad y honestidad, sin pacatería pequeñoburguesa, con más valentía que gritos, sin alharaca. Creemos que un pueblo embrutecido a fuerza de mentiras y gritos, “atormentado” de tantas promesas, sabría apreciar un buen ejemplo de hombría, de temple combativo, de honestidad, como la que mostró Chávez en su momento, aquel 4 de febrero de 1992. El que vuelve debe hacerlo con la verdad como su sombra.

Y si no es así, mejor se queda sentado en el baúl, pensando en cómo fue vencido por sus inconsecuencias. Otro vendrá y lo hará mejor, ¿no dicen que Bolívar nace cada cien años? El socialismo no se vence... El punto es que necesitamos un líder ahora, de principios y convicciones, no un pacato santurrón, pícaro y moralista a la vez, hablamos de un ser humano con algunas virtudes y muchos defectos, ¡Pero honesto!, de carácter, apasionado, que crea en la inteligencia y la use, que pueda controlar las distracciones y vicios, otro Bolívar, otro Lenin, otro Fidel, capaz de hacer lo que la muerte le negó a Chávez. No queremos un mesías, no queremos un gerente, más bien un buen ejemplo de ser humano adelantado a su tiempo.

Marcos Luna 18/03/2019

 



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