El Carné de la Patria: una lanza colorada

El que reniega con apetencia debe tener sus debilidades como fortalezas de conciencia de su razón de la sinrazón que, pervierta una esperanza que, entre vientos de tristeza, la vida se sublime y, hasta los rencores respiran profundo por la ranura por donde entra la traición que no tiene precio, el precio es al por mayor y, de mal en peor se cobijan los días, unos de atrasos, otros de vileza, y es que cada lanza que corte cabezas, se tiña de sangre heroica infestada de impureza, que hasta el más desleal se confiesa a su debido tiempo, tiempo al tiempo, gritará otro, a lo mejor bien cerca. Ellos se entienden y, quien tire la primera piedra de alerta, dejará de ser cazador novato que, la vergüenza es lo primero que se pierde en esos menesteres de provocación cubierta de fascismo puro.

Apunta para otro lado si es que tienes motivos para odiar que el que sufre que sufra más, al que nació descalzo nadie lo calza, que nadie se fije en él que hiede de lejos, contamina de cerca, un coro de mil demonios lo acompaña, uno en contra de ellos por sus terquedades de dependientes. Sancho, apenas así se comienza, lanzas en ristre que, la batalla no ha finalizado, quedan muchos entuertos, a la carga, arrasen, son ojerizas rojo-rojitos, hay que ponerlos en filas de rodillas, que pidan clemencia por los que más tienen, y más pueden que, todo les cae del cielo y, entre ruines, no hace falta ser trovador de manos extendidas, para atragantar el alma de prebendas, mire que no son mal habidas, quizás por el emisor dador.

Somos animales del mismo pozo, unos se ahogan y otros mueren en la orilla, no importa que la inquietud despierte pues, el sonámbulo como vendepatria se presta a todo, su mal es el querer ser, ve en su enemigo el anillo de su suerte y, en él no ve la rueda de la amargura que lo cubre, sueña con sueños acomodaticios que lo cubran de personalidad, se ve como un jerarca de la burguesía lejos de llegar a ser oligarca, su ombligo es oblicúo y, carraspea cada vez que habla, pero muerde duro, siempre que se lo pidan se baja los pantalones con deseos inalcanzables que lo deprimen, pero no por eso no deja de hacerse notar, además tiene gracia que le palpita sus remordimientos y, jamás lo que vaya en beneficio del pobre que sufre puede ser aceptado que, se muera de tormentos o de rabias bebedizas que, farsantes los hay en los dos bandos, pero en el de la izquierda se ve feo y en la derecha elegante, que les pidan ruegos al cielo que aunque sea aguas de lluvias le caerá que, la luz que los alumbren ni a eso tienen derecho que, vivan en la oscuridad que culpable no habrá, pero ellos que lo averigüen.

La vida no se hizo para los pobres, ¿quién ha osado en decir lo contrario de tal escarnio?, mueran de hambre, y trabajen que el trabajar es su mayor castigo, gánense el pan de cada día, quién ha dicho que el Estado le debe dar de comer sin sudar por él, aunque estén muertos de hambre por la complacencia de otros que, viven de su capacidad de inocencia como jaurías desbordadas que, muerden sus tiernos huesos al quitarles el pan de su boca que, regalar dentro del capitalismo es una ofensa neoliberal para no pisar el cielo.

Odiad con fuerza: ese Carné que atropella la voluntad de los que pueden y, si es de la Patria, incinerarlo antes que lleguen los gringos con sus dólares de esclavitud y arrasen con todo que, eso sería el mayor placer de tener Patria Grande. Acabad con esa premisa que no da bienestar, sembrad mejor caprichos, que tu esperanza está por llegar, tu mejor servilismo, plantarte a tu enemigo que te hará amigo de su grandeza que como moraleja, te arrojará que, el mundo es de ellos y, el Carné de la Patria como mal de pobre viciado te encadena a un presente que te quita el futuro que nunca llegará a ser tu Caballo de Troya, ni debe ser tu lanza de la discordia como lanza colorada y, si quieres servir de algo, mejor véndele tu alma al diablo y, a lo mejor mueres en paz sin fortunas que esconder, ni herederos traidores. ¡Qué carné, ni qué carné! Acaso, no es un arma de doble filo, que no le da ganancias a la oposición, aunque centenares de ellos lo carguen escondido sin dejar de pulsar aceptar cuando el bono llega y hay que dispararlo a la cuenta del banco que, en ese momento le llega el alma al cuerpo a quien lo espera y lo necesita y, aunque lo fantástico es ilusorio pues, también de ilusión se vive y, quienes lo desechan por travesuras de posición ultraderechista es mejor agarrar su prebenda en vez de estar tirando piedras para cobrar algo que no es seguro, y si es para drogarse menos.

Que siga la hambruna que no solamente de pan vive la humanidad, y qué humanidad.



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Esteban Rojas


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